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Griezmann, hacer grande a quien te vio pequeño

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Francia se encuentra a un solo partido de distancia de ganar la Eurocopa en su propia casa. Los dos últimos grandes torneos por países que organizaron resultaron muy exitosos para el conjunto galo: EURO 1984 y Mundial 1998. Platini y Zidane fueron las estrellas que hicieron a Francia campeona.

La historia se puede repetir; edición como locales y una estrella que emerge por encima del resto: Antoine Griezmann. Síntoma de victoria (?) El cuento de ‘El Principito’ en esta EURO no tuvo el mejor de los comienzos y fue Payet quien tuvo que comandar el barco francés mientras Griezmann se vio relegado a un papel secundario; al banquillo junto a su fiel escudero Pogba. Desde aquel día cambió la narración de los hechos, él comenzó a escribir la historia; Antoine ingresó al terreno de juego en la segunda parte para salvar a su equipo y desde entonces sus goles (6) han conducido a los galos hacia la final.

Ahora es una estrella mundial; jugador franquicia del Atlético de Madrid y del combinado francés e incluso, ¿por qué no? Aspirante al Balón de Oro. En apenas tres años ha pasado de la Real Sociedad al Atleti y de la selección sub-21 a la absoluta francesa. Desde su debut en la élite en 2009 ha progresado de una forma difícilmente imaginable y quién sabe dónde estará su techo. No obstante no todo fue tan sencillo y vivió una infancia muy dura, futbolísticamente hablando, claro.

Nació en una comuna en Mâcon y comenzó a jugar al fútbol en el equipo de su localidad. Rápidamente destacó y probó fortuna en varios clubes de primera división. Su sueño era jugar en el Olympique de Lyon, del cual era aficionado, pero lo rechazaron por ser demasiado bajito. Una decepción enorme para el pequeño Antoine, que no cesó en su empeño y aunque fuese rechazado por Auxerre y Saint-Étienne posteriormente, un ojeador de la Real Sociedad lo captó para la cantera Txuriurdin a los 13 años de edad. Seis años progresando hasta los 19, cuando debutó con la Real ante el Rayo Vallecano, y tan solo un año después firmó su primer contrato profesional con el conjunto vasco. El resto de la historia ya lo conocen.

Los empleados de aquellos clubes franceses que considerasen que Griezmann no era válido para su equipo se habrán lamentado para el resto de su vida; deportiva y económicamente. Además, paradojas del destino, ellos mismo y todo el país que no le tendió la mano durante su infancia desearán gritar un gol suyo en la final ante Portugal. Antoine Griezmann puede hacer(se) grande al país que, en su día, le dio la espalda por ser pequeño. Llenar de ilusión a quienes se la arrebataron. Es obvio que no decidieron bien y es que hay que saber mirar mejor y recordar que, como dice la moraleja del libro del cual obtuvo su apodo: “Solo se ve bien con el corazón, porque lo esencial es invisible a los ojos”.

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