Ciclismo

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Greipel, la venganza del gorila

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La bicicleta parece minúscula bajo su figura. Una enorme mole vestida con el rojo y blanco maillot de estilo vintage del Lotto -o con la vestimenta de campeón alemán, otra imagen habitual- mueve con descomunal potencia, completamente lógica visto el tamaño, la preciosa Ridley para situarse por delante de sus rivales en los metros finales del sprint.

Seguro de su triunfo, levanta unos brazos que, por tamaño, se podrían presumir de un deportista en decenas de disciplinas antes que de un ciclista, acostumbrados a unos pesos y figuras sobre las dos ruedas cada vez más exiguas. André Greipel, sin embargo, no tiene problemas en dilatar el tronco en toda su amplitud como señal de poderío. El gorila asusta, más cuando alcanza velocidad.

Una sonrisa a medio camino entre la alegría del pódium y la que se podría ver en cualquier alemán recién llegado a Mallorca ahuyenta un posible temor, al menos para el espectador, no tanto para los rivales. Ellos ven desde detrás esa tremenda figura de piel lechosa, a la que el sol veraniego parece negarse a curtir y unos muslos que solo encuentran -aun lejana- comparación en los de su compatriota y pistard Robert Försterman que encierran una actitud de gigante afable. Una situación que se ha repetido 128 veces, lo que le convierte en el quinto ciclista con más triunfos en los últimos 30 años.

 

El gorila de Rostock, como de manera nada sorprendente se le conoce, está viviendo un Tour de Francia casi perfecto en el plano personal. Pese a no contar en las principales quinielas, o al menos no a este nivel, Greipel se ha confirmado en la carrera francesa como el mejor sprinter del momento, con sus tres triunfos de etapa en Zelanda, Amiens y Valence, habiendo caído solo en Fougères ante Mark Cavendish.

Precisamente Cavendish es un personaje absolutamente protagonista en la carrera de Greipel. Tras debutar como profesional con 22 años en el modesto Team Wiesenhof, conquistando también su primer triunfo al sprint en Dinamarca, se enroló en el T-Mobile que daba sus últimos coletazos. Tres años más joven, coincidió entre 2007 y 2010 con Cavendish en esa estructura, luego renacida con el nombre de Highroad, con Columbia o HTC.

Cavendish se consolidó enseguida, cumpliendo las altas expectativas puestas en su figura, como el mejor sprinter del mundo. Greipel, dadas las circunstancias, quedaba siempre en la sombra pese a su decente rendimiento: en esta época, consiguió cuatro triunfos en la Vuelta 2009 y otras dos en el anterior y el sucesivo Giro, además de empezar a convertir el Tour Down Under australiano en su exclusivo coto de caza.

 

Pese a que al inicio Greipel llegó a ser lanzador de Cavendish -de hecho gracias a un ‘regalo’ del inglés Greipel se estrenó en el Giro 2008- su relación se fue deteriorando ante su creciente nivel y rivalidad, con críticas cruzadas, y el alemán dejó el equipo en 2011. Precisamente en su primer Tour, ese mismo año, Greipel, ya con el maillot del Lotto, se tomó su revancha particular batiendo a Cavendish en Carmaux.

Desde entonces, Greipel no ha faltado a su cita con el triunfo en el Tour de Francia, alcanzando las tres victorias en 2012 -las mismas que el propio Cavendish y Sagan- y ahora en 2015 se ha hecho con la victoria ‘moral’ de ser el mejor sprinter de la carrera. Justo por delante de Cavendish en sus dos primeros éxitos en la presente edición de la carrera y tras ganar el último sprint antes de país, el gorila ha consumado, a distancia de un lustro, su venganza.

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