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Gran Premio de China 2007: el milagro de San Ganchao

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7 de octubre de 2007. Shanghái. Lewis Hamilton parte desde la pole en el Gran Premio de China. Por detrás, Kimi Räikkönen, Felipe Massa y Fernando Alonso. El finlandés y el español saben que necesitan un milagro para que el británico no sentencie el campeonato y se convierta en el piloto más joven de la historia en ganar el Mundial, además del primer debutante que lo consigue.

Una semana antes, en Japón, la victoria de Hamilton en el caos del Circuito de Fuji dejaba el Mundial prácticamente en la mano del sorprendente rookie inglés. A falta de dos carreras, aventajaba en doce puntos a su compañero de equipo, Fernando Alonso, y en diecisiete a Kimi Räikkönen. En McLaren ya estaban preparando el champán para un posible alirón de Hamilton en China. Literalmente. Palabra del patrón, Ron Dennis.

La primera temporada de Fórmula 1 post-Michael Schumacher no pudo haber tenido mejor guion. El todavía vigente campeón, Alonso, había dejado Renault para irse a McLaren para devolverle a los de Woking la gloria perdida (Mika Häkkinen). Tras un 2006 sin victorias, la escudería anglosajona había construido un monoplaza ganador, a la altura del que iba pilotar el coche con el número 1. Con el número 2, Hamilton. Campeón de la GP2 y apadrinado por Dennis desde sus comienzos.

En teoría, los papeles estaban bien definidos: Fernando el líder, Lewis el aprendiz. Los títulos de pilotos y constructores eran el objetivo. Pero la relación Alonso-McLaren comenzó a torcerse a raíz del claro trato a favor de Hamilton por parte de la escudería. El rendimiento del novato estaba siendo impecable y las posibilidades de ser campeón eran reales. Equipo inglés, piloto inglés… para la prensa inglesa Alonso era un extraño elemento. Además, el caso de espionaje de McLaren a Ferrari terminó con enturbiar el primer año de El Nano en Woking.

Pero volvamos a China. Llueve sobre el asfalto del Circuito Internacional de Shanghái. Aun así, todos los pilotos salen con neumáticos intermedios. Semáforo en verde. Hamilton sale bien, Kimi también, y Alonso logra adelantar a Massa, pero al poco vuelve a perder su posición con el brasileño. La carrera prosigue su curso sin incidentes importantes. Llueve, pero nada en comparación con Japón.

Vuelta 15. Hamilton entra en boxes. Sus mecánicos tienen preparado un nuevo juego de neumáticos. El inglés se había comenzado a ganar fama de ser poco cuidadoso con las gomas y la delantera izquierda no tenía surcos. Sorprendentemente, no hay cambio de ruedas. Lewis terminaría por arrepentirse. Nadie cambia las gomas, ya que la pista sigue secándose, pero las previsiones de que vuelva a llover siguen ahí. Llegados casi al ecuador de la carrera, los equipos de clase media ponen neumáticos de seco y vuelan sobre el asfalto: Alex Wurz marca el mejor tiempo sobre la pista. Ferrari arriesga, hace lo mismo con Felipe Massa… y comienza a llover. Lo suficiente para desatar un caos breve, pero intenso.

Los coches bailan. Ralf Schumacher y Adrian Sutil están fuera. Mientras la realización muestra a los dos alemanes fuera de combate, Räikkönen se pega a Hamilton. El inglés aguanta como puede, pero se impone la experiencia: el novato se cuela en una curva y Ice-Man le adelanta. Telecinco se va a publicidad. La experiencia decía que hay altas posibilidades de que pasara algo durante los anuncios. Y pasó.

Quienes habíamos hecho el esfuerzo de madrugar observábamos a través de la mini-ventana cómo Hamilton, con la rueda trasera derecha destrozada, perdía ritmo y se le acercaba el Toyota de Jarno Trulli para desdoblarse. Al inglés no le quedaba otra que entrar en boxes. Hay tantas maneras de describir lo que sucedió después que simplemente vamos a transcribir la retransmisión (literal) de Antonio Lobato y Gonzalo Serrano de un momento que ya es historia del deporte.

  • Antonio Lobato: “[…] y qué hace Fernando ahora. Porque cuando salga Hamilton va a salir probablemente con neumáticos ya lisos de seco. Y Fernando no va a tener más remedio que seguir. ¡Se sale Hamilton!
  • Gonzalo Serrano: “Bueno espérate, espérate, que puede estar ahí. Vamos a ver, vamos a ver… cuidao, cuidao, que está en la puzolana
  • Lobato: “Se puede quedar ahí, se puede quedar ahí…
  • Serrano: “Se ha quedao ¡SE HA ENGANCHAO, SE HA ENGANCHAO! ¡SE HA ENGANCHAO! ¡EN LA PUZOLANA!

Sí, Hamilton había cometido un error de novato. Los comisarios no podían empujar el coche. El primer abandono de su carrera deportiva llegó de la forma más absurda e inesperada posible: a la entrada de boxes. La palabra ‘milagro’ fue la más repetida por el dúo Lobato-Serrano durante el resto de la retransmisión. Es que lo era. Alonso (y Räikkönen) iba tener una oportunidad en Brasil de poder levantarle a Hamilton el título mundial. Difícil, pero no imposible.

Gonzalo Serrano narró el abandono a tal velocidad que dio la sensación de lo que decía era San Ganchao, una especie de santo que había bajado del cielo de China para darle al campeonato emoción hasta el final. El San Ganchao se hizo viral (dentro de lo que cabía en 2007) en el paddock (Flavio Briatore bromeó con Serrano sobre ello) y sobre todo, en España.

Siguiendo el paralelismo religioso, la puzolana en la que Hamilton dejó clavado su MP4-22 se convirtió en un lugar de culto al que muchos fans de la F1 peregrinaban para llevarse algunas de sus piedras. Esto se pudo hacer hasta el año 2015, cuando la escapatoria más famosa del mundial fue asfaltada.

Räikkönen ganó la carrera, seguido de Alonso y de Massa. “Peleábamos contra Alonso”, dijo posteriormente un Ron Dennis al que le daba igual que ganara Kimi si su pupilo inglés terminaba segundo. McLaren admitió tener el champán preparado, pero tendrían que guardarlo para Interlagos. San Ganchao se encargaría de aguarles la fiesta otra vez, pero eso lo dejamos para otro artículo.

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