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GP Italia: La emoción está en los despachos

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Así es la nueva Fórmula 1, lo emocionante comienza cuando cae la bandera a cuadros. Lewis Hamilton ha sido el primer piloto en cruzar la línea de meta esta tarde en el Autodromo de Monza, aunque todavía no se puede afirmar con rotundidad si es el vencedor. Su Mercedes, y el de Nico Rosberg, han disputado la carrera, o al menos una parte de ella, con las presiones de sus neumáticos por debajo del mínimo permitido, lo que podría acarrearles una penalización que vaya desde los 25 segundos, en cuyo caso Hamilton ganaría la carrera por 42 milésimas, hasta la descalificación de la carrera.

Ya duchado y vestido de paisano, Sebastian Vettel espera a saber si él ha sido hoy el piloto más rápido de la carrera, o incluso si ellos también han incumplido los exquisitos requisitos de la FIA, en este caso por exceso, lo que dejaría el triunfo en manos de Felipe Massa siete años después. Lo cierto es que toda esta incertidumbre acerca del ganador final de la prueba podría hacernos una idea totalmente equivocada de lo que ha sido este Gran Premio de Italia. Monza ha sido una exposición más del cadáver andante que es la Fórmula 1 actual. Coches tremendamente desiguales que casi parecen de categorías diferentes haciéndose adelantamientos sin ninguna dificultad.

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Los malditos de este fin de semana han sido los mismos que los de toda la temporada, Nico Rosberg y Kimi Raikkonen. El primero, a falta de saber que sucede con su compañero, se ha despedido del título por una avería en su motor, que a su vez ya era antiguo por otra avería en el propulsor que estrenaba Mercedes aquí. Las pocas opciones que le quedaban en el mundial al vástago de Keke se fueron por el sumidero cuando el coche se vio envuelto en fuego dos vueltas antes de terminar. Por su parte Raikkonen firmó su mejor clasificación en años, colocándose segundo, pero una de las peores salidas que hemos visto en los últimos tiempos, más propia de otras épocas, le dejó último y sin opciones. Todas estas desgracias las aprovechó Williams para meter a Felipe Massa en el podio, que podría ser doble podio si finalmente Bottas, que entró a rebufo del brasileño, escala una posición por la sanción de Hamilton.

Pero no crean que los despachos solo actuaron el domingo, también el sábado fue entretenido en la guarida de la FIA, ya que hasta siete pilotos recibieron penalizaciones tras la clasificación. Seis por cambiar partes de su motor y uno por obstaculizar a un rival. Un batiburrillo absurdo de sanciones que terminó con los Manor copando séptima línea de la parrilla y los cuatro coches de Red Bull saliendo en las últimas posiciones, detrás de los McLaren-Honda. Finalmente los dos coches “grandes” pudieron puntuar, aunque fuesen gracias a las migajas que dejaron los Lotus, pero los Toro Rosso se han quedado una carrera más fuera de las posiciones privilegiadas, salvo novedades de última hora.

McLaren-Honda pasó su tormento esperado en un circuito que era totalmente contrario a las virtudes, pocas, de su monoplaza. Button fue decimocuarto y Fernando Alonso se tuvo que retirar a dos vueltas del final por problemas mecánicos. Más doloroso fue lo de Lotus, que vio ambos monoplazas fue de carrera en la primera vuelta. Pastor Maldonado particularmente ya acumula ocho retiradas en las doce carreras de este 2015 y parece que ni siquiera se plantea tomarse las carreras con un poco más de paciencia. El sábado fue el único motor Mercedes en no clasificarse para la Q3 y su presencia en la Fórmula 1 está bastante claro que no durará más que su talonario.

Por detrás, Manor abandonó rápidamente esa posición ficticia que le otorgaron el sábado las penalizaciones, para volver a los dos últimos puestos. En esta ocasión Stevens, aprovechando este circuito en el que el motor es clave, se impuso a Roberto Merhi. La próxima cita con la Fórmula 1 será el Gran Premio de Singapur, la carrera más larga del campeonato que, habitualmente, suele deparar grandes emociones, aunque uno ya no sabe qué esperar de esta disipada y cadavérica categoría.

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