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Giro de Italia, no apto para aburridos

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El Giro de Italia siempre ha tenido un halo especial. Será el escenario, esos maravillosos paisajes, de playa y hielo, de cultura y sol, de montaña e historia. O sus impresionantes puertos, ascensos a colosos por empinadas y estrechas carreteras donde se han creado mitos y derribado leyendas cuesta arriba. O el calor de su gente, las cunetas llenas y el amor por el ciclismo. Incluso por su casposa organización, en busca de novedades estrambóticas inexplicablemente efectivas, su pasión por el espectáculo y el histriónico carácter transalpino.

Este sábado comienza en la fascinante costa de la Liguria una nueva lucha por la preciada maglia rosa. Un recorrido que hasta el mismo final del mes de mayo tiene todos los ingredientes para ver buen ciclismo. Si bien los finales en alto continúan siendo la norma y los kilometrajes no son excesivos, el Giro ha tratado de desviarse de las últimas modas que marcan las grandes vueltas.

Cobra especial importancia, al final de la segunda semana, la contrarreloj de 59 kilómetros por el trevigiano, región del prosecco, que sin ser completamente llana, se adapta perfectamente a los grandes rodadores en detrimento de los escaladores… que tendrán sus opciones antes y sobre todo después de esta.

No debería haber, de todos modos, grandes diferencias en las dos primeras semanas: hay un par de tendidos finales en alto en los Apeninos (Abetone y Campitello Matese) y bonitas etapas de media montaña en Cinque Terre, Fiuggi, en las cercanías de Roma, y San Giorgio del Sannio en la región campana.

El último tercio de Giro será brutal, aprovechando la mayoría de la extensión de los Alpes italianos, de oeste a este. Y lo más destacado son los puertos de paso antes de los ascensos finales a meta: se sube el Passo Daone antes de Madonna di Campiglio; después del día de descanso el legendario Mortirolo antes de Aprica, encadenado que ha escrito grandes jornadas de ciclismo; y el tríptico final: descenso a Verbania tras superar Monte Ologno, ascenso a Cervinia tras Saint-Barthelemy y Saint-Pantaleon en la poco visitada región de Aosta y para finalizar Sestrière tras el brutal Colle delle Finestre.

 

El menú, sobre el papel, es difícilmente mejorable. Faltan los protagonistas, que en la tónica de los últimos años, tienen menos nombre que en otras carreras. Sí estará Alberto Contador, indiscutiblemente el gran favorito, hasta el punto de que cualquier resultado ajeno al triunfo sería una enorme sorpresa. Buscando su tercera victoria en tres participaciones (en 2008 desde la playa, en 2011 anulada por su sanción por dopaje), Contador, con un buen equipo a sus espaldas (Basso, Kreuziger, Rogers, Boaro) sueña con el doblete Giro-Tour que no consigue nadie desde Pantani en 1998.

Rivales hay, pero sin el bagaje del español: Richie Porte busca su primera gran actuación como líder en una gran vuelta tras su fantástico inicio de 2015, con triunfos en París-Niza, Volta a Catalunya y Trentino; Rigoberto Urán tratará de redimirse del año pasado, cuando perdió el Giro ante Quintana en el caos del Stelvio; y Fabio Aru, que lleva una temporada prácticamente inédita por un virus estomacal, ha preparado específicamente la carrera para intentar, al menos repetir el podio del hace un año. Tasmano y colombiano miran a la crono, el sardo a la montaña y su gran equipo.

Por lo demás, los clásicos animadores: Los italianos Pozzovivo -que sueña con el podio-, Bongiorno, Pirazzi, Cunego, Pellizotti, Ulissi, o Formolo, que es moverán en las cumbres; caza-etapas de fuera como Gerrans, Gilbert, ¿Boonen en su debut? Geniez, Chavanel, Intxausti, Slagter o Paterski; un puñado de sprinters (Matthews, Greipel, Nizzolo, Mezgec, Lobato Viviani, Modolo, Hofland, Belletti); y por supuesto el sorprendente tártaro Ilnur Zakarin, que ganó de manera pasmosa en Romandía hace unos días.

Y con estos ingredientes, el Giro de Italia podrá decepcionar a posteriori, pero lo que no debería faltar, es entretenimiento. Porque, como bien dice uno de los lemas del Giro, esta es “la carrera más dura del mundo, en el país más bonito del mundo”.

 

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