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En el nombre del padre, del Genoa y del gol

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Trece años después de que Diego Pablo disputase su último partido en Serie A, su célebre apellido volverá a pisar los campos del Calcio con la figura de su hijo. Un Giovanni Simeone que tiene un espejo en los ocho años que pasó su padre en un fútbol italiano que le iba que ni pintado. Y el ‘Cholito’ tampoco parece haber elegido su destino de forma casual, quién sabe si orientado por el míster del Atleti.

Puede sorprender a primera vista que el Genoa, con Leonardo Pavoletti en nómina, opte por otro nueve de área de corte similar. Sin embargo, el tanque italiano es un jugador que suele perderse varios partidos al año por molestias y viendo el estilo que el técnico croata Ivan Juric implantó en el Crotone para conseguir el ascenso la pasada campaña, la contratación -a cambio de poner tres millones de euros en las arcas de River Plate– se entiende mucho mejor.

Gio y Pavoletti son dos delanteros que pese a su perfil parecido, son aptos para complementarse en un momento dado, ya que Simeone puede actuar también un pequeño paso por detrás, aunque sin perder de vista el carril central, para formar una doble referencia en la que el argentino sea el elemento más presionante, con mayor carga de trabajo y más capacitado para hacerse la guerra por su cuenta si el equipo está largo y tiene espacios por delante, incluso para encararlos cayendo a los costados. Eso sí, como movimiento puntual, debido a su escasez de finura con la pelota en los pies, y no como posición fija, como demostró su menor nivel de juego y de cifras cuando tuvo que actuar como extremo al lado del ‘Tanque’ Silva, exfutbolista de la Fiorentina, en el último semestre.

Y es que Giovanni Simeone es ante todo un delantero de regusto clásico aunque sin llegar a ser un Palermo, un Cavenaghi o un Pavoletti, para entendernos. Fuerte para ganar la posición, bregador y finalizador de raza oportunista, el madrileño de nacimiento sabe aprovechar muy bien los balones sueltos en el área y domina el juego aéreo con puntería pese a que no sobrepasa el metro ochenta de altura por ese ímpetu que pone en ristre en cada partido, a veces con un nervio demasiado enfatizado que le hace atropellarse. Y siendo hijo de quien es, no podía no contar con el innegociable sacrificio entre las virtudes de su juego.

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Sin oportunidades en River Plate desde la contratación de un delantero infinitamente más ducho en el juego fuera del área y con una notable sensibilidad con la pelota como es Lucas Alario, propicio hasta casi la idoneidad para el juego del ‘Muñeco’ Gallardo, Giovanni Simeone se tomó su cesión a Banfield como una oportunidad en lugar de como un castigo. Y los doce tantos (uno cada tres partidos de media) que marcó en ‘El Taladro’ en el último año le han servido como el ansiado trampolín a Europa a sus 21 primaveras.

Pese a que fue el máximo artillero del pasado Sudamericano sub-20 con nueve goles -un papel que se quedó muy lejos de refrendar en el posterior Mundial de la categoría-, Giovanni Simeone no tiene visos de ser una futura estrella mundial, ni siquiera el próximo gran proyecto de nueve para la selección argentina Jonathan Calleri o el propio Alario van un paso por delante entre los delanteros de su generación- pero sí es un jugador que puede ser muy útil y destaparse con goles en un contexto apropiado creciendo partido a partido con su propio buen hacer como acicate si tiene la siempre necesaria confianza.

En ese sentido, el Genoa se adapta a sus aptitudes por ser un equipo que ya con Gasperini y también ahora con Juric, basa su potencial ofensivo en explotar de manera descarada su verticalidad por los costados y su juego de extremos para trazar diagonales hacia dentro o buscar de forma lateral el remate en el punto de penalti en ambos casos. Y de ese juego por bandas que requiere y del que ya se aprovechó en Banfield con Mauricio Cuero y en la sub-20 argentina con Ángel Correa, Giovanni Simeone puede hacer su agosto también en Génova con dos hombres abiertos que enfilan línea de fondo como son Lucas Ocampos y Diego Laxalt.

Aparentemente, a Giovanni Simeone no se le atisban demasiados problemas para una pronta adaptación al sistema del Genoa y al Calcio por esa brega intrínseca que posee y por sus dotes centradas en la finalización dentro del área. Como ya demostró Ante Budimir el curso pasado en Crotone, Juric necesita referencias claras, delanteros fuertes que sepan aguantar el balón y no se piensen dos veces el remate, con olfato y fortaleza cerca del arco, que sepan bajarla, retenerla y gestionarla con sencillez y eficacia y que, además de aprovechar los envíos laterales y las segundas jugadas, ofrezcan sobre todo una presión incansable y un esfuerzo permanente en los contactos.

Todo ello, a la espera de conocer realmente su potencial goleador y su margen de mejora en Europa, lo asegura ‘El Cholito’. Giovanni Simeone no es un virtuoso del gol, es un esforzado del área. Un perfil que en la Serie A de los Mandzukic, Borriello, Matri, Gilardino, Maxi López, Destro o Paloschi sigue siendo fundamental para ganar puntos y partidos. Y Gio, con su oficio, quiere y puede pasar a formar parte del clan sin pedir permiso.

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