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Giménez: tú eres Atleti

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Como si de un atlético de cuna se tratara comenzaré hablando de José María Giménez. ¿Por qué? Porque es el vivo ejemplo de que sin haber nacido con sangre rojiblanca, tiene el escudo grabado en el corazón.

En la temporada 13/14, el charrúa llegó al Atlético de Madrid sin hacer ruido. Un jovencísimo Giménez debutaba ante el Almería en octubre de 2013, siendo ese año el más difícil para él puesto que solo jugaría un partido más. El muro formado por Godín y Miranda no daba oportunidad al resto de demostrar. A nadie se le olvidará esa defensa, pues con ellos se han vivido auténticos partidos de tranquilidad absoluta sabiendo que por ahí no pasaba cualquiera.

La marcha de Miranda al Inter, junto a su trabajo día tras día, hizo que Giménez fuera cogiendo más peso en el equipo, tanto deportiva como extra deportivamente hablando. Su constancia, trabajo y fácil adaptación a cualquier posición, tanto de la defensa como en el centro del campo, le ha llevado a ser importante con Simeone. Y de ahí a ser internacional con Uruguay.

El camino de Giménez no ha sido fácil desde su llegada. Si algo tiene el Cholo es que no regala la titularidad a nadie; no le valen nombres, solo trabajo y más trabajo. Le gusta que haya competencia en su equipo y valora los esfuerzos diarios por estar en el once inicial partido tras partido. Y de eso Josema, sabe. Se hizo fuerte en la defensa junto a Godín, pero la llegada de Savic, y el buen momento del de Montenegro, le hizo ponerse las pilas y trabajar duro para volver a ser indispensable.

Lo cierto es que, aunque no sea titular, no se oyen quejas por su parte. Está claro que todos los futbolistas quieren jugar el máximo de minutos posibles, pero en llevar su “inconformismo” más allá del vestuario está la diferencia entre profesionales.

Poco se le puede reprochar al uruguayo cada vez que se enfunda la elástica rojiblanca. Quizá su juventud le hace a veces ‘perder’ la cabeza en el terreno de juego, motivado por sus ganas de pelear. Su jerarquía, sacrificio y esfuerzo le han llevado a encontrar su lugar en el mundo. Es de los que derrocha rabia y entrega en cada uno de los segundos que está sobre el campo. Cuando las cosas no le salen como quiere, lo muestra con enfado; cuando el equipo está bajo de ánimo, alienta y en las buenas, aplaude a su gente, a su afición. Mira lo colectivo por encima de lo individual, no le gustan los halagos.

Se ha ganado el respeto y cariño de todos los rojiblancos, y viceversa. Llegó siendo una promesa y ahora es una realidad. La afición pide a gritos que Giménez se quede por muchos años más en el Atleti porque él es Atleti.

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