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Gigi Riva, el Cagliari y medio siglo de leyenda

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Carlos HERNANDO – Hace medio siglo nació un capítulo imborrable de la Serie A y del fútbol, uno de esos atemporales, sin caducidad, perenne. El año 1964 significaba  una alegría para el Cagliari, escuadra que se elevaría al cénit del calcio italiano. Incluso lo superó.

Emergía un nuevo equipo en el país transalpino. Sin embargo, una leyenda ya empezó a forjarse en la Serie B. Hablamos de Luigi Riva o Gigi Riva, como prefiráis. Con solo 20 primaveras a sus espaldas, la joven promesa y eterno jugador fue partícipe del viaje a la élite con ocho goles. Se iniciaba así un precioso cuento (que aun no finalizó por la grandeza que conlleva), un respeto, amor y pasión recíprocos entre Riva y los tifosi rossoblù.

Hay una norma en el fútbol que se basa en la tendencia al descenso de esos equipos que lograron su sueño el año anterior. Y sí, a veces sucede. En otras ocasiones, consiguen mantenerse aunque con ciertas dificultades. Y por último, nos encontramos con la hazaña del Cagliari. El equipo de Cerdeña no tuvo miedo de la Serie A y realizó unas notables temporadas, disfrutando y haciendo disfrutar a los suyos. Luigi Riva se consolidaba leyenda partido a partido, temporada a temporada, más aun cuando logra tres trofeos de capocannoniere, repartidos por los años 1967, 1969 y 1970.

Después de esas temporadas de asentamiento, de reconocimiento del terreno, comenzaba la temporada 1968-69. Scopigno llevó a sus jugadores líderes en toda la primera acompañado del espíritu ganador, fermentado con la creencia y la ambición por nuevas metas. Esas metas utópicas años atrás tornaron en factibles. Estaban a su alcance. Más aun cuando finalizaron segundos. El único reto consistía en llegar con oxígeno a finales de temporada y no asfixiarse como ya le sucedió contra el Napoli, aprovechándose la Fiorentina de Bruno Pesaola para hacerse con el segundo Scudetto del club.

Nadie podía negar que estos años eran preciosos para la historia del club, pero solo un título haría grande a todos: institución, tifosi, presidente y ciudad.
Un año más tarde, el Cagliari empezaría con un cambio en la delantera, ese arma letal comandada por Gigi Riva; Roberto Boninsegna se marchaba al Inter, mientras que del Milan llegaba Angelo Domenghini.


Gigi Riva, leyenda viva del Cagliari Calcio | Getty Images

El equipo isleño comenzó de forma impoluta con cuatro victorias en los primeros cinco partidos, una sola derrota en la primera vuelta en Palermo y finalizando líderes con tres puntos de ventaja sobre el Inter, Juve y Fiore. Este año no iba a ser como los demás. Casta, coraje y orgullo abundaban por los cuatro costados para intentar aumentar la ventaja con la Vecchia Signora. El equipo turinés fue el único que resistió el vertiginoso ritmo sardo para no perder su pista, recortando la distancia a tan solo un punto después del inicio del ´girone di ritorno´.

Para más inri, en la 24ª giornata, Juve y Cagliari se enfrentarían en el Comunale, partido de valientes, noventa minutos para grabar tu nombre en la historia. ¿Quién apareció? Ya lo sabrán: Gigi Riva. El delantero consiguió endulzar el partido cuando llegaba al descanso para marcharse con un 1-1.

En el segundo capítulo de la historia aparecería un “villano”. El colegiado Lo Bello declaró un penalti incrédulo. La acción giró bruscamente y aun restaban numerosas curvas. Y peligrosas. Albertosi, guardameta del Cagliari, dio vida a los suyos blocando los once metros. Habían salvado el primer giro, pero Lo Bello cambió toda la trayectoria al repetir la pena máxima. Anastasi no erró de nuevo, la Juve se puso por delante y dejó un buen repecho para los rossoblu.
Albertosi era fiel reflejo de la impotencia y la rabia al no poder contener las lágrimas mientras la madera lo consolaba. Iba a pasar otra vez; el Scudetto se esfumaba en la recta final.

Era necesario un milagro, viniese de donde viniese. Contaban con un Dios en el rectángulo: Riva. Él dio coherencia a toda esta locura. El 'once' sardo transformó el penalti, empataron ( o más bien ganaron) y su equipo mantuvo el liderato y la distancia con Juve, Fiore e Inter, que empataron con Bari y Vicenza respectivamente.

Tres jornadas después, con dos victorias y un empate, se veían las caras con el Bari a falta de dos jornadas para poner fin a este cuento. Gori, fiel escudero de Riva, abrió el marcador en el minuto 39 y fue el propio Riva el que dio el broche definitivo con su gol en el minuto 88. Comenzaba el delirio. Eran campeones. Ascendieron un lustro antes y una vez transcurrido este, se convertían en el mejor equipo de Italia. Además, Riva sería el capocannoniere por tercera vez con 21 tantos en tan solo 30 jornadas.

Luigi Riva, también conocido como Rombo di Tuono (Sonido del Trueno), forma parte de la historia del Calcio, del fútbol europeo y del fútbol mundial. Cagliari tuvo su sueño dorado y lo hizo material para que sea recordado por todos. Luchó con orgullo contra todos los equipos de la Serie A y logró su objetivo. El equipo retiró el dorsal 11 de Gigi Riva. No hay ni habrá nadie que pueda llegar a su altura. Son únicos.

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