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Giampaolo y Empoli: éxito contra pronóstico

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A principio de temporada, sólo los descensos de los recién llegados Frosinone y Carpi se pagaban menos en las casas de apuestas. Era vox pópuli. El Empoli estaba condenado a pelear hasta el último suspiro por amarrarse a la categoría. Una situación de desconfianza semejante se posó sobre la figura de Giampaolo desde su aterrizaje en el banquillo. Mantener la talla como sucesor inmediato del enorme legado de Sarri y lidiar con la sangría de piezas vitales (Sepe, Hysaj, Rugani, Valdifiori y Vecino) y de secundarios de valor (Tavano, Verdi) en un club tan humilde, parecía un reto demasiado grande para un técnico llegado de Lega Pro y alejado desde hacía tres campañas de la Serie A. Un lugar en el que nunca había logrado dejar huella y cuyo mayor credencial era la holgada salvación que consiguió con el Ascoli en 2006.

Sin embargo y pese a su fama previa de difensivista adepto al 4-4-2, un sambenito negado en repetidas ocasiones por él mismo, Giampaolo aceptó caer en un modelo construido por otro de una forma sumamente sólida, estética y efectiva. Y lo hizo de pie, sabiendo aprovechar las circunstancias preestablecidas para escribir su camino. Con el cuaderno de otro, es cierto, pero con la humildad de no empecinarse en imponer la letra de su manual como habría hecho casi cualquiera y aceptando de forma inteligente que lo único que podía hacer para ganarse al grupo era trazar una línea continuista respecto al trabajo realizado por su antecesor y totalmente interiorizado por sus futbolistas. Sin socavones, ni transiciones.

“El míster ha estado fantástico no desnaturalizando el trabajo de Sarri”. Palabra de uno de los jugadores más importantes y decisivos del Empoli, Saponara, que al igual que el resto de sus compañeros, no estaría rindiendo al mismo nivel si Giampaolo no hubiese aceptado que la estructura de Sarri tenía que pasar a ser necesariamente sus propios cimientos. Lo que no quita para que haya incluido ciertos matices de sistema, la mayor parte de ellos destinados a compensar las citadas bajas estivales, como por ejemplo el mayor peso que tiene ahora la banda izquierda en salida y fase ofensiva y la ligera menor tenencia de pelota para enfatizar más la verticalidad tras robo y el último pase cerca de la frontal. Una labor, ésta última, que los pies sedosos de Saponara y Zielinski –diez asistencias ya entre ambos- ejecutan a las mil maravillas por encima de la zaga adversaria.

 

Matices que han servido para que el Empoli, pese a que ha perdido peso en estrategia sin un lanzador de categoría como Valdifiori, no sólo mantenga el tipo respecto a la excelente campaña anterior con Sarri como gurú, sino que acumule nueve puntos y cinco victorias más con respecto a las mismas alturas del torneo 2014/15. Una cota inimaginable en agosto que es ya, a falta de dos jornadas para culminar la mitad inicial de la temporada, la mejor puntuación histórica del equipo en una primera vuelta en la élite. Y como guinda, las cuatro victorias de forma consecutiva que han sumado en Serie A, otro hito pionero en el club. Números a los que únicamente la Juventus puede hacer frente en las últimas fechas.

Hacer lo mismo para ser mejor. El continuismo como medio para alcanzar el progreso. Con ese elemento como ingrediente principal y con la sapiencia y el acierto técnico-táctico a la hora de haber elegido y hacer funcionar a los relevos de los pesos pesados del año pasado dentro de un mercato exiguo y muy limitado, repleto de cedidos (Skorupski, Paredes, Büchel), repescados (Ronaldo) o desvinculados (Costa) que están rindiendo a su máximo nivel, Giampaolo ha mantenido intactos los mejores automatismos del 4-3-1-2 de Sarri. Y también su esencia.

El nuevo técnico del Empoli ha conservado la veta de calidad técnica en la sala de máquinas, los lanzamientos verticales a la búsqueda de los excelentes desmarques de la doble punta que conforman el viejo rockero Maccarone y Pucciarelli y también hacia las internadas de Saponara en su doble rol de apoyo interior y llegador de talento desde segunda línea, la salida rasa desde atrás hacia los laterales como mecanismo sencillo pero eficaz para minimizar el riesgo de sus pérdidas a través de una pareja de zagueros de banda compensados y aseados, los disparos desde fuera del área, el achique tras pérdida, el orden defensivo y, por encima de todo, la frescura de un trabajo coral que rezuma un aroma muchísimo más entusiasta que sacrificado.

 

El Empoli acepta la imprecisión como parte del juego pero se afana en recuperar enseguida la pelota cuando la entrega es fallida. Su objetivo no es priorizar una circulación continua y segura sino que trabaja para convivir con el error, es un depredador de espacios en la mitad de cancha rival donde supera líneas con suma facilidad y va, va y vuelve a ir para generar muchas ocasiones por partido con una mentalidad de grupo férrea y asimilada y una animosidad francamente contagiosa. Es, además, el equipo que más dribblings realiza y más faltas provoca por encuentro, muestra de su presumido descaro. Disfrutan de lo que hacen, tal y como disfrutaban el año pasado, y eso se sigue notando en ritmo, en fútbol y en lo más importante: los resultados.

Que nada cambie volverá ser el mejor deseo que puede pedirle el Empoli al nuevo año. Un equipo que está disputando su undécimo campeonato de Serie A, que nunca ha logrado mantenerse en la máxima categoría más de tres temporadas consecutivas y que en condiciones normales tendría que tirarse al barro a bregar y defender con las uñas y los dientes de once jugadores por detrás del balón pero que, sin embargo, viene sentando desde hace tiempo las bases de un método atrevido, combativo pero elegante y reivindicativo de sí mismo.

Con buena parte de la clase media del Calcio (Torino, Genoa, Sampdoria…) actualmente alicaída, el Empoli ha aprovechado su letargo y el hecho de estar sumergido en un segundo año de aprendizaje de la misma lección y, por tanto, de mejora de prestaciones, le ha servido para elevarse en la clasificación y para consolidar la figura de su técnico. Un Marco Giampaolo con un carácter similar al de Sarri, más estudioso que motivador, y con el que los azzurri de la Toscana están pasando del tono propio del colegial aplicado y en modo esponja de hace unos meses a adquirir una actitud más madura y confiada gracias, indudablemente, al mantenimiento de su valiente y particular estilo y a la sensatez de Giampaolo como guía. Hoy, a cuatro meses vista del inicio de la temporada, no existe una sola web de apuestas en lo que no haya al menos diez equipos cuyo descenso a Serie B se pague más barato que el del Empoli. Qué bien tiene que saber tener el coraje de doblegar en cada partido a todos los pronósticos que apuntaban a tu fracaso mientras practicas exactamente el fútbol ambicioso que quieres practicar. Doble valor, doble éxito.

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