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Gerard, el villano

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La verdad es que por una parte resulta cansino. Tener que volver a hablar del mismo personaje. Ya anteriormente se ha puesto en relieve en este medio lo que ocurre con Gerard Piqué. Yo mismo le dediqué una pieza cuando, de entre muchos tweets coherentes, buscaron el único que podría molestar a cierto sector. Mi compañero Iván Libreros redactó un texto sobre el sentir de un jugador que un día se hartó del linchamiento y puso fecha de caducidad a su relación con la Roja. Fue aquella vez que algunos iluminados insistieron en que se había recortado las mangas de la camiseta para no lucir un ribete con los tonos nacionales. ¿Recordáis? Vaya por delante que no estamos solos. También en otros espacios, compañeros dignos han expuesto su sentir, alejándose de amarillismos y, sobre todo, de forofismos.

Pero en el otro lado de la balanza están los que hacen más ruido, los que no descansan, los que necesitan vender humo para disparar la audiencia de programas enfocados a obtusos que parecen ir justitos de materia gris y son felices en la discordia. Estos individuos no tienen escrúpulos. Y lo mismo venden que Piqué se ríe de los españoles cobrando por jugar en el combinado nacional, como lo relacionan con los heridos de este pasado día uno de octubre en la jornada del simulacro de sufragio realizado en Catalunya. Luego quien deja caer esta perla borra el tweet a toda prisa, supongo avergonzando cuando comprende lo que ha sido capaz de manifestar. Ahora, estas maneras le funcionan. Sus 100.000 seguidores y su blog en el periódico deportivo de mayor tirada nacional dan fe de ello. Hoy no quiero ser correcto, no me apetece: cuando se rebaja a estos niveles da mucha lástima (por no decir algo más serio y cercano a la realidad), señor Juanma Rodríguez. Y podría ser usted mejor que eso, estoy seguro.

Nos puede gustar más o menos, estar a favor o en contra de una Catalunya independiente, debatir sobre cuestiones legales y morales. Pero hay líneas que no se deben sobrepasar. Critican al F.C. Barcelona por mezclar política y deporte (que sí), pero luego aplauden si la U.D. Las Palmas decide bordarse la bandera española, posicionándose claramente al respecto del problema que tenemos todos (repito, todos) en relación a este asunto. Juzgan (y condenan) a Piqué por compartir lo que siente (maldita libertad de expresión) y se creen legitimados para vetarlo en la Selección Nacional. Lo mejor de todo es que el blaugrana jamás ha afirmado que desee que su pueblo se separe del resto de la nación. Únicamente ha pedido todo este tiempo que se les deje votar. ¡Qué cosa tan grave!

Veamos. Lo del domingo pasado fue un paripé. Pero un paripé con daños colaterales que no pueden pasarse por alto. Tanto físicos como estructurales. De unidad. Yo puedo pensar por mí mismo. Entender que la situación se ha desmadrado y que la política ha fracasado (no señalo, no hay un solo bando culpable). Y creer que la actuación de las fuerzas del estado era innecesaria. Si un referéndum es ilegal, no tiene valor jurídico. Ergo, no va a cambiar nada. Pero cargar contra los que quieren opinar… No sé yo qué se gana. Convencer a alguien de que se quede en un sitio con métodos autoritarios no me parece una gran idea. ¡Y mira por dónde, a Piqué tampoco se lo pareció! Pero no solo a él. Otros muchos deportistas catalanes (y varios del resto de la geografía nacional) sostenían lo mismo. Se ve que somos muchos los bichos raros convencidos de que la violencia jamás será el camino. Y Piqué se derrumbó cuando le preguntaron. ¿A quién se le ocurre tener sentimientos, sean los que sean?

Así, este lunes la expectación a la llegada de los jugadores convocados por Julen Lopetegui era superior a la habitual. Ya podéis imaginar quién era el centro de atención. Pancartas ofensivas hacia el central y 23 minutos (que fue lo que tardó nuestro protagonista en enfilar el camino a los vestuarios junto a sus compañeros) de continuos abucheos. Increpado por los seguidores del conjunto para el que va a jugar. Y aquí entra otro factor a tener en cuenta: su comportamiento con España siempre ha sido ejemplar. Su rendimiento, magnífico. Jamás se ha borrado de una convocatoria, como sí ha hecho otro que luce muñequera con los colores de la bandera que representa (perdón). Y cada noche que ha tenido que saltar al verde se ha partido la cara por la elástica que se enfunda. Esa con una estrellita en el pecho de la que tanto presumimos y que él mismo nos ayudó a conseguir. De hecho, resulta que el jugador ha estado presente en los últimos los grandes éxitos de nuestra escuadra. ¡Qué casualidad!

He leído que debe dejar de jugar con la Roja. A gente del mundillo y a aficionados de a pie. Se ve que ser deportista profesional y tener propias ideas (política en este caso) no está bien visto. A veces olvidamos que además de futbolistas, estos tipos son personas. Como tú que lees o como yo que escribo. Con sus emociones, sus problemas y su vida. Decía el otro día el jugador de baloncesto del Estudiantes, Sitapha Savané, en relación a las manifestaciones públicas por parte de profesionales de la NBA y NFL contrarias al presidente Trump, que “la implicación de los deportistas debería ser algo normal”. Y es que están en una posición magnífica para poner sobre la mesa cuestiones que trascienden en una sociedad que compartimos todos. Serían un magnífico altavoz.

Claro que no en este caso, ¿eh? Y mira que dejó caer algo importante en relación a nuestros dirigentes y su veracidad. Algo que la mayoría también hemos pensado. Pero no. Es Gerard, el malo. En independentista y casi terrorista. ¡Bravo! Yo pregunto en voz alta: ¿esto de Piqué no tendrá que ver con cuestiones de clubs? ¿No se agranda porque ha molestado a su eterno rival (el equipo con más seguidores dentro de nuestras fronteras) hasta el extremo? Con sus declaraciones, con sus enormes actuaciones en el rectángulo de juego… Actuaciones que en este caso concreto podrían cesar antes de la fecha tope que el propio interesado se puso. El Mundial de 2018 iba a ser su última parada, su estación de destino. Vamos a perder a un pilar básico, a uno de los mejores centrales del mundo, por no pensar como él. Gran lección de civismo. Casualmente (no), una vez más, el futbolista ha mostrado mucha más madurez que sus detractores. “Si soy un problema, me haré a un lado”. Palabra de villano.

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