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Garbiñe Muguruza, Wimbledon y la grandeza del deporte

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El All England Tennis Club de Londres ha sido testigo de excepción del triunfo de Garbiñe Muguruza. Allí, sobre la hierba del torneo más longevo del tenis mundial, la española ha conseguido conquistar su segundo Grand Slam. Una victoria que tiene distintos enfoques, aunque hay uno que prima por encima del resto.

Quizás, a bote pronto, comparar del deporte profesional con una montaña rusa suene un poco descabellado. Sin embargo, no lo es tanto. Alcanzar el máximo nivel competitivo se torna, en la mayoría de ocasiones, en una larga carrera de obstáculos llena de vaivenes difíciles de doblegar, y más cuando las emociones se imponen a la razón.

Estamos acostumbrados a ver como grandes deportistas, con futuros más que prometedores, no son capaces de lidiar con el triunfo, la presión que ello conlleva y las altas expectativas que a él se suman. Seguro que Garbiñe sabe de lo que hablo.

Desde que ganará Roland Garros el pasado año, los elogios, las miradas y las cotas más altas cayeron sobre los hombros de la joven promesa del tenis femenino español. Tal circunstancia no fue nada fácil de sobrellevar, he hizo mella en una Garbiñe Muguruza a la que no acababan de salirle las cosas como ella quería y lo que es peor, como todos esperaban. No obstante, el tesón, el empuje, la garra y la fe han conseguido revivir a la mejor versión de una Garbiñe que ha logrado hacer historia una vez más.

(Photo by C. Dubreil-FFT/Pool/Getty Images)

Haber ganado esta edición de Wimbledon ha supuesto para Garbiñe Muguruza mucho más que una de las mayores alegrías de su carrera. Ha podido comprobar que el deporte es la combinación armónica de trabajo, talento, corazón y cabeza, y es ahí donde reside el gran secreto de su grandeza. Si uno de estos elementos falla, puede que no corras la mejor de las suertes, pero si logras volver a equilibrarlos, llegarás donde te propongas.

No sabemos qué ocurrirá próximamente, pero sí sabemos que Garbiñe está de vuelta. Nos ha demostrado que caer desde lo más alto no es motivo para rendirse, sino que es el acicate perfecto para superarse.

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