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Ganó el pueblo: vuelve el azul al Cardiff City Stadium

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Empresarios que compran clubes de fútbol. Propietarios, que normalmente saben poco de fútbol, adquieren equipos para invertir, para sanear sus cuentas, para instaurar de la noche a la mañana ilusión renovada a la afición. Fútbol moderno, o nuevos tiempos.

Equipos que económicamente pasan por malos momentos ven cómo gente se interesa en adquirir el control del club, con el gran objetivo de salvar situaciones adversas. Evidentemente, la propuesta apetece a muchos de los presentes. De un plumazo, fuera deudas, aportando además capital para fichar. El sueño utópico hace décadas es ahora una realidad.

El fútbol inglés cuenta con numerosos casos de este tipo de nuevos dueños modernos. Empresarios poderosos a nivel económico que adquieren el control de los diferentes equipos, pero que en algún que otro caso supone situaciones desagradables. El Cardiff City vive uno de estos peculiares panoramas.

El club galés, que milita en la Championship del fútbol inglés, sufrió un cambio institucional cuando en mayo de 2010 el malasio Vincent Tan adquiría las riendas económicas del club del Cardiff City Stadium. Un propietario que ha dejado titulares de todo tipo, y para desgracia de la afición Blue Bird, pocos relacionados con fútbol.

Varias medidas ha llevado desde su llegada, pero sin duda alguna tuvo una que creó la mayor polémica. Vincent Tan, de voluntad propia, decidió cambiar los colores del club. El Cardiff City históricamente ha vestido azul en su primera equipación, por ello a los galeses se les conoce como los Blue Birds (pájaros azules). Pero Tan decidió que la historia del club no era suficiente, debió pensar que tenía peso cero. Es por ello que en el año 2012 decidía cambiar el azul por el rojo. No un azul claro por un azul oscuro. No. Un azul por un rojo, que desató la furia de una afición agradecida por sus capitales, por sanear las cuentas del club, pero que no aceptaba un cambio histórico como ese.

La razón de aquella polémica variación recaía en temas económicos. Al parecer, según Vincent Tan, el rojo ayudaría a reforzar el atractivo del club en mercados internacionales, para incrementar el mercado de merchandising. Es decir, el dinero cambiaba de un plumazo la historia, mayor o menor, del Cardiff City. Era el precio a pagar por tener un propietario cuya ambición era económica, empresarial, y no deportiva. Los pájaros azules sería ahora dragones rojos.

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Sin embargo, aquella pesadilla parece haber acabado, ya que el equipo vuelve a vestir de color azul. Los birds vuelven a ser blues, y el apodo (que se mantuvo, pese a no tener sentido) vuelve a coger fuerza. La posición de la afición fue rotunda. Las asistencias medias al estadio habían bajado notablemente, y finalmente llegó un acuerdo. La fractura era evidente, era sólida. Los aficionados galeses no estaban de acuerdo, pese a haber pasado ya varios años de la medida. Es por ello que el propio club accedió a negociar con representantes de los fans, llegando a un acuerdo por el que se volverá a ver al Cardiff City de antaño, de azul.

Cuando el negocio, el dinero, gana terreno en el mundo del fútbol tiende a alejarse de los valores innatos, tiende a dejarse en mal lugar la opinión del aficionado, cuando son piezas básicas, claves. Se toma el camino contrario, pero en esta ocasión la lógica se ha impuesto, cayendo del lado de la afición, ante una más que cuestionada medida del mediático propietario del Cardiff City.

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