Derby della Madonnina sin cafeína

Pese a que el duelo entre los dos rivales representativos de Milán sigue conociéndose como el “Derby della Madonnina” lo cierto es que cada vez es mayor el contraste entre la altura donde se sitúa la estatua que vislumbra la ciudad desde la cima del Duomo y el bajo rendimiento Milan e Inter.

La urbe que junto con Madrid suma más Copas de Europa atraviesa uno de sus momentos oscuros en materia futbolística pese a que hace no demasiado disfrutaba de una década prodigiosa. Es el ciclo natural de un lugar con despuntes de grandeza continental como los sesenta, los comienzos de los noventa o la los primeros años del siglo XXI y épocas de ostracismo. Eso sí, siempre con algún campeonato nacional por década. 

Sin embargo esa trascendencia no dota de más atractivo al choque de este fin de semana, que solo puede venderse a través de la rivalidad y, si acaso, del debut de Mancini en su segunda etapa como interista tras la salida de Mazzarri. Pocos argumentos más y todos ellos, desde luego, alejados del mero espectáculo sobre el verde.

Con dos plantillas casi irreconocibles, unos resultados pobres y el consuelo menor de meterse en Europa ante la imposibilidad de ganar el Scudetto; cualquiera verá como premio suficiente a la temporada quedar por encima del vecino. Una triste realidad cuando hay mucha historia y bastantes estrellas en libros polvorientos.

Como tantas veces ha sucedido, es previsible que haya algo de pasajero en ese alejamiento de la gloria que ahora mismo acometen rossoneri y nerazzurri. Eso es al menos lo que espera un campeonato que languidece mientras se encumbra sin oposición la Juventus, siempre pescadora en estas aguas revueltas.

La duda es saber cuándo sucederá toda vez que el potencial económico de ambos parece haberse estancando con los vaivenes de sus respectivas direcciones. Ya no hay fichajes de relumbrón y los mercenarios de medio pelo abundan hasta el punto de que los jugadores que han vestido la camiseta de ambos clubes en lo que va de siglo superan en su total a los que lo hicieron en los casi cien años anteriores.

Ganar supone respirar, aliviar los rasguños y salir a la calle con la cabeza alta. Aún así, mal haría el triunfador en confiarse mirando al futuro con optimismo. Suceda lo que suceda, a ambos les queda mucho trabajo por hacer para reconstruir ese Derby della Madonnina roto. Milán merece algo más que un tuerto gobernando entre ciegos.

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