Fútbol italiano

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Roberto Gagliardini y el arte de caer de pie

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Llegar al Inter siendo un jugador a años luz de la élite apenas unos meses atrás, y asentarse con total naturalidad en las alineaciones desde el primer día hasta hacerse indispensable, no debe ser fácil en absoluto. Hacerlo, además, sabiendo gestionar la presión de haber costado 20 millones de euros con menos de una decena de partidos como titular en Serie A como experiencia, y que nadie se acuerde de ello a las pocas semanas, menos todavía. Una demostración, esta última, de que cada vez más el valor táctico está igualándose con el puramente técnico a la hora de acometer un traspaso.

Tanto a nivel futbolístico, como a nivel mental y de personalidad, las capacidades de Roberto Gagliardini han quedado fuera de toda duda, pese a no haber cuajado con anterioridad en Serie B en equipos como el Cesena, el Spezia y el Vicenza y haber debutado en la máxima categoría en la última jornada del curso pasado. Fue Gian Piero Gasperini quien, en solo un semestre, logró transformar a un jugador sin horizontes de primer nivel, en una llamada por parte de la selección y en la futura personificación del asentamiento del cambio de dinámica del Inter a través del juego, aunque con matices diferentes entre su rol previo en el Atalanta y sus actuales funciones como nerazzurro. Si cabe, más trascendentales que las que tenía en Bérgamo.

En el Atalanta, Gasperini exaltó su dinamismo, su tremenda facilidad para la presión, para el robo adelantado y los segundos balones y su aptitud para ser profundo a la hora de descolgarse hacia el área rival. Todo ello, de una forma muy enfática. En el Inter, en cambio, su fútbol ha tenido que reposarse ligeramente para ganar un mayor cuajo posicional y una mejor lectura de los tiempos, demostrando una madurez incipiente y una inteligencia y responsabilidad tremendas que le han asentado en ese doble pivote que forma con Brozovic. Una de los medulares más insólitas -por no ser ninguno de los dos mediocentros puros de origen- y a la vez, más atractivas de la actual Serie A.

“El día antes de que se marchase le dije que no se sintiese un futbolista joven y recién llegado en el Inter, sino que jugase con personalidad, como hacía aquí. Y la personalidad y la confianza con la que ha jugado han dejado bien claro desde el principio de qué pasta está hecho. La está rompiendo” – Gian Piero Gasperini (Sky Italia)

Stefano Pioli ha hallado en Gagliardini justamente lo que le faltaba a su 4-2-3-1 para que todas las piezas terminasen de encajar. Y es que, tácticamente, el bergamasco es el mejor jugador del equipo para su idea. Sus características permiten al Inter mantener ritmos altos en ambas fases del juego y pasar, a su vez, mucho más tiempo en la mitad de campo rival de una forma en absoluto estática, por ser un especialista del pressing elevado, por la rapidez y el tino con la que suelta el balón con ambas piernas y, sobre todo, por imprimir siempre verticalidad a cada una de sus acciones. Una faceta grabada a fuego en el Atalanta y que pasa por ser, sin duda, su gran virtud como futbolista. Además, de ser el rasgo que mejor define a Pioli como técnico. De ahí la perfecta simbiosis entre ambos.

Gagliardini no es un organizador, ni siquiera un gestor de juego -un rol que asume más Brozovic en posiciones intermedias. Y aunque es cierto que su parte más cerebral está apareciendo mucho más desde su llegada a Milán, no es menos cierto que el escalonado doble pivote nerazzurro apenas se busca entre sí horizontalmente más allá de lo necesario, ya que su función principal, con Gagliardini como habitual primer pasador, es superar líneas de forma constante, ya sea haciendo ancho el rectángulo de juego o por vías interiores. Es esta última, la opción más ardua, una de las razones por las que Gagliardini está sobresaliendo tanto y la causa principal de que Banega haya dejado de contar y de que Joao Mario haya por fin encontrado acomodo como un atípico y versátil mediapunta-llegador, elevando su productividad sin que el equipo pierda entre líneas un apoyo de calidad, aunque de intenciones mucho más eléctricas, en un esquema totalmente enfocado a la generación de ocasiones, por encima de la precisión de sus trazos.

Dichas funciones, cuando el contexto del partido lo permite, Gagliardini las alterna con su faceta más puramente Atalanta: sumarse por tramos a la acción ofensiva en conducción valiéndose de su físico -algo que está empezando a explotar en jugadas a balón parado por pura presencia más que por acierto y pegada- e incluso, buscar la pared para avanzar y abrirse a banda derecha para dar amplitud, opciones de continuación y hacer que aparezcan vías hacia el gol para los atacantes. Su excelsa relación con los espacios y sus acertadas elecciones en movimiento le dan al equipo buena parte de su nueva impronta ofensiva, más por su rapidez de pensamiento que por sus ejecuciones impolutas.

Su falta de rapidez le perjudica a la hora de defender distancias amplias hacia atrás, pero Gagliardini lo compensa siendo un fantástico defensor hacia adelante. Su talento para abarcar muchos metros en despliegue ha asentado al ambicioso y por fin convincente estilo de este Inter. Un fútbol que incluso ganaría más vehemencia con una pareja de centrales más focalizada en la idea base y con mayor aplomo para desenvolverse cómodamente jugando más adelantada, especialmente en el caso de un Miranda al que le cuesta más alejarse de su área y que es menos moldeable, por edad y experiencia, que un Murillo al que Pioli ya está animando a que juegue una decena de metros más adelante y arrastre consigo al brasileño.

Leer más: El retorno de Epic Brozovic

Convertido en puntal y en imprescindible baluarte, además de en guardián del estilo que Pioli ha implantado con tanto éxito en el Inter –hacía un lustro que el equipo no encadenaba siete victorias seguidas en Serie A-, Roberto Gagliardini no está dispuesto a dejar de crecer de la forma meteórica en que ha empezado a hacerlo. Tal vez, el presidente del Atalanta, Antonio Percassi, tenga razón en sus pronósticos: “El Inter se ha llevado al mejor centrocampista italiano de los próximos diez años”. Y viendo hoy jugar a Gagliardini en uno de los gigantes del Calcio, no hay ni una sola razón para pensar lo contrario.

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