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¡Futbolistas, no habéis entendido nada!

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A usted, querido lector, a quien consideramos cabal y sensato. Visto que los futbolistas, corderitos endiablados de la creación, no han entendido absolutamente nada, depositamos nuestra confianza en su compresión. Sí, ya sabe. Me refiero a lo que ha pasado en los últimos días. La agresión de Cristiano y su actitud provocativa, las tendencias combativas de Valencia y Sevilla, los malos modos de jugadores de Atlético y Barça, la expulsión de Gabi, la bota de Arda, el cachondeo de Neymar, los unos y los otros de uñas. Todo un poco lamentable, tiene usted razón.

¿Que de qué ha servido tanta soflama antiviolencia después de la muerte de un aficionado? Gran pregunta, amabilísimo lector. Desde luego, para poco. Ya sé que todavía recuerda el abrazo unánime contra la violencia en el fútbol. Todos, aficionados, jugadores y altos cargos de aquí y de allá condenando todo lo sucedido. “Se van a tomar medidas”, decía uno. “Los radicales saldrán de los estadios”, decía aquel. Y, al final, ¿quiénes se han propuesto añadir fuego a la hoguera? Justo, lo ha adivinado, honorable compañero: los futbolistas.

¿No se lo esperaba? Yo tampoco, lector. Lo cierto es que cabía la esperanza de que los futbolistas fueran el reflejo del cambio hacia un fútbol sin violencia. Pero resulta que a la mínima muestran su cara más agresiva y descontrolada. Y lo peor de todo, que cuando no hemos terminado de hablar de uno, sale el otro haciendo lo mismo o peor. Si él pega, yo pego más. Se lo demuestro si quiere: cuando sabíamos la sanción a Cristiano por su agresión en Córdoba (sí, esa que todos, futbolistas incluidos, condenaron en mayor o menor medida), tenemos un partido donde una bota voladora casi impacta contra un linier, un jugador muy dado al vacile se lleva una buena dosis de patadas y otro jugador que solo por ser el mejor del mundo es frito a golpes que son jaleados por la grada, y un público enfervorizado por la agresividad a la que sus ídolos le invitan. Todo un desmadre, oiga.

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¿El perdón? Bueno, ya sabe, sirve para lo que sirve. Para que le reduzcan la sanción, para lavar la imagen o para que el resto pueda perdonar tu acción. ¿A usted no le vale nada la disculpa virtual? Estoy de acuerdo, fíjese. En 140 caracteres o en un puñado de segundos no se borra lo anterior. Pan para hoy y hambre para mañana. Ya se ha sembrado el clima necesario para aquellos que necesitan muy poco para caer en la violencia. Cada acción similar es una semilla más, que nos conduce a donde estábamos antes. A los cánticos, a los insultos, a las peleas, a las muertes. ¿Que exagero? Puede ser, no le digo que no. Pero alguien debería decirles a los máximos protagonistas del fútbol, que todo empieza por ellos. Que de nada vale poner la cara para la foto contra la violencia si luego deseas partírsela a un compañero de deporte, de profesión y de espectáculo. Así no van las cosas.

Sí, es cierto que un cambio tan drástico es difícil. Pero insisto: son los futbolistas los que tienen que poner la primera piedra. Sin su colaboración, sin esas disputas limpias y honradas que de vez en cuando nos dejan, nunca se podrá erradicar nada. Por muchas medidas que haya, si no son capaces de controlarse a pesar de las provocaciones, es imposible hacer algo. Así que llegado a este punto, querido lector, le invito a que también reflexione acerca de todo esto. Y sobre todo que condene este tipo de circunstancias que empañan un deporte tan bonito y apasionante como es el fútbol. Porque de vosotros, futbolistas que debéis dar ejemplo, poco se puede esperar ya. Lo dicho, que no habéis entendido nada.

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