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Fútbol, amor y viceversa

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En el fútbol hay algo de amor. Hay mucho amor, mejor dicho. Un amor tremendamente incondicional por tu equipo en cualquier situación. Un amor irracional e indescriptible. Un amor que dura para toda la vida, pues quien se cambia de equipo o es que no lo amó lo suficiente o no supo hacerlo correctamente.

Sobre el césped también hay cabida para el amor, por qué no, pero al menos es necesario que exista una química y una complicidad entre futbolistas para que el resultado sea el adecuado. Entenderse con una mirada, saber qué desmarque te ofrecerá el compañero antes de que lo realice o conocer dónde se encuentra éste sin despegar la vista del esférico. Una relación como la que existe entre Jordi Alba y Messi.

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En Valencia pudimos asistir a la enésima demostración del entendimiento que existe entre el lateral de Hospitalet y el astro de Rosario. Salvaron un punto de Valencia. Cuántas veces hemos visto al velocista de la banda izquierda culé iniciar un desmarque para que Leo le envíe su “alley-oop”, ese pase que más que un pase es una invitación a una cena romántica en París frente a la Torre Eiffel, una declaración de amor imposible de rechazar. Y tratemos de enumerar en cuántas ocasiones hemos asistido a una subida de Jordi por banda izquierda, apurando línea de fondo y buscando a Messi en el área entre una estampida de piernas, prácticamente ignorando de forma grosera al resto de sus compañeros. Y lo que es peor, encontrando al ‘10’. Cuántas celebraciones juntos consecuencia de una asistencia.

Uno sabe que si inicia el desmarque recibirá una pelota en posición de privilegio para finalizar o asistir a un compañero, el otro es consciente de que si recibe la pelota en el centro de campo y la defensa rival le ofrece espacios a la espalda, podrá enviar el “alley-oop” para que termine en mate. Un refugio en el área enemiga. Un socio en la banda izquierda. Ese amigo al que puedes llamar cuando tienes un problema, ese compañero de clase a quien puedes pedir los apuntes en día de enfermedad, esa pareja que con tan solo una mirada transmitía más que una vida entera de palabras. En definitiva, amor.

 

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