Real Madrid

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Fuera de juego

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Estoy leyendo (y disfrutando) Hijos del fútbol de Galder Reguera. Este libro es un extractor continuo de recuerdos futboleros de la infancia. Cada párrafo obliga a parar y viajar a la niñez, recorrer un camino paralelo al que describe el autor. El fútbol ocupa muchas páginas de la memoria, más de las que creía.

Uno de los viajes al pasado me llevó a una tarde de invierno. Me habían regalado un calendario de bolsillo con el himno del Real Madrid escrito (con qué poco éramos felices). Acabé los deberes rápido y me metí en la habitación a aprenderme la letra. Como con el Padre nuestro, pero esta vez por iniciativa propia.
Y hubo una estrofa que me marcó y me hizo estar orgulloso del equipo que había elegido:
Enemigo en la contienda, 
cuando pierde da la mano
sin envidias ni rencores,
como bueno y fiel hermano. 
Perder y dar la mano sin buscar excusas, reconocer que el otro ha sido mejor. Y pensar en el próximo partido. Me tatué esta forma de ver el fútbol, lo decía el himno. Por eso me repelen los madridistas que construyen el discurso de las derrotas alrededor de los árbitros. Lo pasé mal con Mourinho.

(Getty)

Hace poco Cristiano se quejó de dos goles que el Madrid encajó en órsay, contra Girona y Tottenham. No justificaba las derrotas pero entregaba antorchas a los pirómanos. Pedimos a los árbitros y asistentes que vean fueras de juego en tiempo real que por televisión generan dudas a imagen parada. 
El fútbol es pasional, pero con una dosis de razón podremos tener un poco de empatía con los árbitros. Y deberían sembrarla los propios profesionales. Si a un árbitro que no ve un fuera de juego de 12 centímetros hay que meterlo en la nevera, ¿en qué arcón debe hibernar el delantero que falla tres ocasiones claras, o el portero que organiza un concierto en el área pequeña, o el entrenador que se equivoca con los cambios? Si pierdes, da la mano y haz autocrítica. Más aún si eres del Madrid, lo dice el himno.

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