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Francis Coquelin, la pieza que le faltaba a Wenger

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El centrocampista galo se ha convertido en la pieza que aporta el equilibrio que durante tanto tiempo a anhelado Arsène. Tras las numerosas bajas por lesión, el técnico alsaciano decidió recuperar a Francis de su Erasmus en el Charlton Athletic, equipo en el que estaba a préstamo por los gunners. Es el jugador idóneo para llamar al orden y erradicar la candidez defensiva en una zona del campo en la que el Arsenal va sobrado de clase y elegancia pero en la que adolecía de garra e intensidad defensiva. Con mucho carácter, con la avidez de quien no es nadie y quiere darse a conocer, perfecto en la lectura del juego y con la solidaridad como canon cardinal para coser los rotos de sus compañeros. Pero lo que más sigue llamando la atención en el Arsenal es el talento puro de Özil, la electricidad en los movimientos de Alexis… Sin embargo, Coquelin comienza a jugar un rol capital y ahora mismo su presencia en el once es indiscutible. El joven francés se está convirtiendo en el eje central del Arsenal y a pesar de que no cuenta con un gran poderío físico, su capacidad para ganar duelos individuales es muy loable.

Un futbolista que llegó a pensar que su carrera llegaba a su fin cuando estaba cedido en el Charlton Athletic, pero ahora es parte indispensable del equipo. Su debut en la Premier League llegó en el embarazoso 8-2 de Old Trafford, y evidentemente sacar conclusiones positivas de ese partido es complicado. Pese a ello, su segunda etapa en el Emirates está siendo maravillosa y desde su retorno los gunners han sumado 40 puntos de los últimos 48, siendo el francés titular en los últimos 16 partidos de Premier. En ocasiones puede parecer un intruso en las alineaciones, pero su importancia en el combinado de Londres se puede medir por los minutos que le está brindando Arsène y por lo bien que ha encajado en un equipo otrora desangelado de jugadores cancheros en el centro del campo. El perfil idóneo para recuperar la dosis necesaria de mala leche que siempre tuvieron las mejores plantillas de Wenger y conjugar la estética con la prosa. Evidentemente es más fácil acordarse del fútbol con smoking que practicaba Bergkamp, pero el wengerismo de antaño triunfó y llegó a ostentar cierta aura de invencibilidad gracias en parte a jugadores como Ray Parlour o Patrick Vieria, que se dejaban trozos de piel en el campo. Y eso es precisamente lo que está recuperando el Arsenal con Francis Coquelin, que está terminando el curso con broche de oro.

En la victoria en el aspérrimo feudo del Manchester City (0-2), estuvo a un nivel muy alto y logró secar a un hombre tan influyente en el juego como es David Silva. Sus coberturas defensivas fueron un espectáculo y la capacidad que tiene para jugar fácil y entregar rápidamente el balón a los “buenos” aún le convierte en mejor jugador. La puesta en escena del Arsenal ha mejorado mucho desde que el galo es un asiduo en los onces y aunque es agresivo y reparte “camorra”, no se carga con la típica tarjeta amarilla que siempre veía Flamini antes de la media hora de partido. Sin ningún rasgo individual eminente pero notable en personalidad y regularidad. El equipo ya no sufre tanto a la contra y los centrales están muchos más respaldados. Fruto de todo ello, Francis ya ha firmado un nuevo contrato que le vincula al conjunto de Ilsington hasta 2019.

Wenger, abandero de la austeridad y transparencia con el aficionado del Arsenal, sigue fiel a su filosofía de fabricar a sus propios jugadores sin competir económicamente con los transatlánticos de la Premier, y Arsène que es licenciado en economía nunca ha pagado más de lo que él considera que vale el jugador en el mercado. Decidió no fichar a Luiz Gustavo y no subir la oferta de dieciocho millones que el Wolfsburgo puso sobre la mesa por el mediocentro brasileño y los ideales, para el alsaciano, son innegociables. La jugada no le ha salido del todo mal y aunque el año pasado el Arsenal tuvo que volver a echar mano de un luctuoso Flamini, el técnico francés está recogiendo los frutos y Coquelin se asienta en un equipo que puede cerrar el año siendo segundo en la Premier, ganar de nuevo la FA Cup y renovar la licencia para soñar el próximo curso sin que el proyecto se quede en grado de tentativa.

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