Fútbol Europeo

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Francia 1938: La batalla de Burdeos

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Enmarcada en la antesala de la II Guerra Mundial, en 1938 Francia acogería una Copa del Mundo de Fútbol que pasó a la historia por las controversias generadas por la situación política de la Europa del momento. Con las muchas ausencias debido a la rebeldía de los combinados americanos, los cambios geopolíticos europeos y contiendas como la Guerra Civil en nuestro país, una sólida Italia se proclamaría vencedora por segunda vez consecutiva, convirtiéndose en la primera selección en lograr ser bicampeona del mundo.

Muchas son las historias y anécdotas que nos dejaría este controvertido Mundial, pero especialmente una no muy virtuosa sería la más llamativa. El 12 de junio de 1938, hace 78 años, tuvo lugar el encuentro de cuartos de final que enfrentaría a Brasil y Checoslovaquia, un partido en el que el césped se cambió por la lona del cuadrilátero más salvaje y el balón dejó de ser el protagonista. Los acontecimientos que esa fecha se vivieron a orillas del río Garona quedarían registrados en los anales del deporte rey como ‘La batalla de Burdeos’.

22.000 personas personas se dieron cita en el Parc Lescure bordelés para presenciar el partido. Dos selecciones distintas se enfrentaban, en un lado la magia y habilidad carioca, de otro la fortaleza y no menos talento de los checos. La orden de Adhemar Pimenta, seleccionador brasileño, era clara: “que Nejedly no toque la pelota”. Solo corría el minuto 14′ cuando Zezé cumplió la directriz, propinando una durísima entrada que fracturaría el tobillo del mejor jugador rival. El centrocampista carioca no lo vio suficiente y decidió protestar, por lo que el colegiado Von Hertzka le expulsó. Las sustituciones aún no se permitían así que, pese a su lesión, Nejedly decidió seguir en el campo.

El juego se deterioró rápidamente tras una serie de duras entradas y las continuas faltas pero este altercado supuso el punto de inflexión definitivo. A pesar de jugar con un hombre menos, Brasil mantuvo a sus oponentes bajo control y a la media hora de juego se adelantaron en el marcador gracias a un gol de Leônidas. Justo antes del descanso, Říha y Machado se pelearon tras un encontronazo entre ambos, la situación se vio resuelta por el colegiado húngaro con ambos jugadores expulsados por lo que, al descanso ya eran nueve contra diez los que batallaban sobre el césped. 

 

En la segunda mitad las faltas se sucedían y en el minuto 60′ se concedió penalti a favor de los europeos, curiosamente fue por mano dentro del área. Nedjely, con una pierna rota desde hace ya una hora, anota el lanzamiento y establece las tablas en el marcador, resultado que sería definitivo. Al final del partido se comprobó que Plánička, el portero checo, había jugado durante muchos minutos con un brazo roto, lesión que supondría su retiro de la selección; uno de los mejores guardamentas de la década de los 30, y que fue nombrado mejor arquero de ese Mundial, había jugado su último partido internacional.  Él y Nedjely acudieron inmediatamente al hospital, acompañando a Leônidas y Perácio por parte de los sudamericanos.

Tras el empate a uno definitivo se disputó un encuentro de desempate dos días después. Las dos expulsiones y nueve lesionados por parte de Brasil, y la roja y hospitalizaciones por parte de Checoslovaquía obligaron a ver un nuevo partido lleno de suplentes. Los cariocas se impondrían 2-1 en un encuentro tranquilo que esta vez no contó con lesiones ni expulsiones. Tan sufrida victoria merecía celebración por lo que el gobierno brasileño decretó fiesta nacional. Después de la tempestad llegó la calma, y tras esta llegó también la anécdota de los billetes de avión que se disputaron Italia y Brasil para ir a la final de París, pero es es ya otra historia.

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