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Fórmula 1, la vida sigue igual

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Rafael MOLERO | La vida sigue igual en la Fórmula Uno de 2015. El aburrido monopolio de Mercedes va a perpetuarse, por lo menos, una temporada más, y en esta ocasión Nico Rosberg ni siquiera parece encontrar el ímpetu y fuerza con el que nos sorprendió a muchos el pasado año. Aún es pronto, pero todos deseamos que se vuelva a ver esa chispa con la que consiguió sacar de sus casillas en más de una ocasión a su compañero de equipo.

Sin embargo, el optimismo reside en el box de los del cavallino rampante. La llegada de Sebastian Vettel y el fenomenal tercer puesto logrado en este Gran Premio ha colocado una sonrisa en todos los miembros de la Scuderia, que parece renacer con renovadas ilusiones. Y digo parece, porque la realidad es bien distinta. Las distancias con los monoplazas del equipo Mercedes siguen siendo terroríficamente similares a las del año pasado, y la sensación de que el Ferrari corre se ve acrecentada por la ausencia de buena parte de los rivales que pelearán por las migajas que dejen las flechas de plata. Pero los de Maranello son italianos, mediterráneos, pasionales, latinos, y todos los adjetivos típicos y tópicos que se nos ocurran y que, gracias a la experiencia reciente, sirven para escudarnos al decir que siguen confiando más en las sensaciones y las emociones de lograr un tercer puesto, que en los números y condicionantes que pondrían un sabor agridulce a este resultado.

Ferrari continúa creyéndose sus propias mentiras, y parece haber logrado que también se las trague un Sebastian Vettel feliz e ilusionado con la escuadra, tal y como solía estar cierto asturiano que debe estar pensando en alargar su baja para ahorrarse los ridículos de su nuevo equipo. Un equipo que sigue de pretemporada y que, desgraciadamente para todos, ha de contentarse con hacer vueltas y lograr acabar carreras.

Dejemos de hablar de caras conocidas y centrémonos en lo positivo que, de nuevo, reside en los debutantes. Y es que tal y como el año pasado demostraron Daniil Kvyat y Kevin Magnussen, a la Fórmula 1 siguen llegando jóvenes con un talento igual o mayor que la cantidad monetaria que hayan tenido que desembolsar para llegar aquí. Hablamos, por supuesto, del piloto brasileño de Sauber, Felipe Nasr, y de la joven esperanza patria, Carlos Sainz, quien parece haber heredado de su padre no solo el apellido y algo de mala fortuna, sino también gran parte de su talento. Algo más agridulce ha sido el debut de su compañero, el holandés Max Verstappen, a quien tendremos que esperar para disfrutar de esa inmensa clase de la que tanto se habla y que le ha valido para ingresar en la parrilla con tan sólo 17 añitos.

Y si decimos que, a grandes rasgos la vida sigue igual, quienes parecen haber empeorado su situación son precisamente los Red Bull, con un Kvyat que no pudo ni tan siquiera tomar la salida, y un Ricciardo algo decepcionante. Ahora vuelan los cuchillos entre los responsables del equipo de la bebida energética y su motorista, Renault, de la que se oyen todo tipo de rumores: desde su retorno como equipo, pasando por el divorcio definitivo con los de Milton Keynes, o la adquisición de su equipo trampolín.

Llegamos al final y no hemos hablado del ganador del Gran Premio, Lewis Hamilton, al que prácticamente no hemos visto en toda la carrera. Y es que el inglés ha hecho una carrera tan brillante y perfecta como poco vistosa, cuidando su monoplaza, vapuleando a sus rivales, y sabiendo medir y gestionar las distancias con su compañero de equipo.

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