Fórmula 1

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Ferrari y Monza: algo más que una obligación

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Si Ferrari es una religión, Monza es su templo. Un escenario que respira velocidad, gasolina y pasión por sus cuatro puntos cardinales. Un circuito en el que el ferrarismo se congrega para llevar en volandas a los suyos, haciendo de su piloto referencia un auténtico héroe y de su más cercano rival algo más que un enemigo deportivo. Esta pasión, cuyo origen se extiende a muchas décadas atrás, se ha mantenido con el tiempo, incluso en épocas de sequía para Ferrari, como la de los últimos años. No ganar el campeonato desde 2007 es una losa demasiado grande para el equipo italiano y ahora, por fin, parecen tenerlo todo para volver a lograrlo.

Sebastian Vettel afronta el Gran Premio de casa como líder del Mundial, con un estrecho margen de siete puntos de ventaja sobre el Mercedes de Lewis Hamilton. La carrera de Monza, con miles de gargantas empujando al bólido del alemán, se convierte, por tanto, en una cita clave para el devenir de un campeonato que, probablemente, no se decida hasta el próximo 26 de noviembre, en Abu Dhabi. Cierto es que la ventaja de Vettel llegó a ser de 25 puntos sobre Hamilton. Cierto es que la dinámica indica que Mercedes ha ganado cuatro de las seis últimas pruebas, y que la remontada del león británica está a punto de ser culminada. Pero Monza y los ‘tiffosi’ se agarran a cualquier clavo ardiendo.

Son muchos años sin ganar el Mundial, algo inconcebible para la marca más famosa de la historia del automovilismo. Pero igual de dramático puede ser que, desde la primera retirada de Michael Schumacher, auténtico ídolo de masas del ferrarismo, el equipo italiano sólo haya conseguido una victoria, en diez años, en su casa. Fue la lograda por Fernando Alonso en 2010, en una reñida batalla con el McLaren de Button, que desató el delirio en el asfalto de Monza, donde las invasiones a la pista tras la bandera a cuadros son más que una simple tradición. Ese triunfo del español, que hacía creer a los ‘tiffosi’ en un nuevo título mundial, no fue suficiente para alzarse con la corona, perdida en aquella famosa noche en Abu Dhabi, con Vitaly Petrov como conocido juez del campeonato.

Ahora las cosas han cambiado en Maranello. La afición italiana parece haber olvidado la larga sombra de Alonso, aquel que, pese a darles tardes de gloria nunca les llevó al campeonato, fruto de coches que no estaban a la altura de su talento, y tienen a Vettel como nuevo referente. Atrás quedan los silbidos que recibía el teutón en sus años de cercana rivalidad con Fernando. ‘Seb’ se ha convertido en nuevo ídolo para los italianos. Un piloto con carisma, muy trabajador e involucrado al 100% con la filosofía de Ferrari. Una filosofía que va más allá de pisar el pedal y completar cada carrera lo más rápido posible.

Años atrás, era costumbre que el presidente de la escudería, el reconocido Luca Cordero si Montezemolo, acudiera al GP de casa como excepción -normalmente no viajaba a las carreras, o al menos, sólo a una o dos por año- como medida de presión y motivación para sus pilotos, para descubrir de qué pasta estaban hechos, para saber si aguantaban la presión de correr para Ferrari. Ahora Montezemolo no está en la presidencia y la cúpula directiva es totalmente diferente, pero Monza sigue significando lo mismo. Son tres días de absoluta pasión en las gradas y de máxima tensión para los pilotos. La victoria es algo más que una obligación.

Y más aún con la situación en el campeonato. Ferrari no llegaba líder a su casa desde 2012, último año en el que pelearon por el campeonato, y ahora vuelven a creer en que es posible. No tienen el mejor coche, que sigue siendo el Mercedes, y el calendario no les favorece, puesto que, salvo Singapur -carrera siguiente a Monza-, el resto de trazados son históricamente favorables a Mercedes y a su líder Hamilton. Todo ello convierte la carrera de este domingo, en Italia, en una auténtica final. No será fácil para ellos, puesto que Monza es circuito de motor y ya se vio en Spa que los caballos del Mercedes son, de momento, inalcanzables, pero no sería la primera vez que el ambiente enfervorizado lleva a un piloto Ferrari hacia la victoria sin tener el mejor monoplaza.

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