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Fernando Llorente, una carrera en declive

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Fernando Llorente ha abandonado Sevilla poniendo rumbo a Swansea en la que posiblemente sea su última oportunidad de volver a despuntar en el fútbol de élite. La  Premier espera a un delantero cuya carrera va cuesta abajo y sin frenos. Pudo no haber sido así, al ariete riojano todo le iba mejor bajo el manto de San Mamés.

Los inicios

Fernando Llorente no nació con un talento de otro mundo. Despuntaba en las categorías inferiores del Athletic Club, pero no se le intuía un futuro brillante (cosa que a Iker Muniain, por ejemplo, sí).

El 16 de Enero de 2005, cerca de cumplir 20 años, Ernesto Valverde le hizo debutar en San Mamés ante el Espanyol. No marcó, pero la imagen que dejó fue grata; la afición rojiblanca vislumbró en ese joven y espigado delantero el relevo natural de su entonces goleador Ismael Urzaiz. Pero hacerse un hueco en el once no iba a ser tan sencillo.

Las dos siguientes temporadas (conocidas como el bienio negro) fueron aciagas para el club. La salida de Ernesto Valverde, unida a la crisis institucional (dimisión de Lamikiz mediante) y a un nivel medio de la plantilla escaso, dieron como resultado la peor época en la historia del conjunto bilbaíno. 4 entrenadores (Mendilibar, Clemente, Sarriugarte y Mané) y el fantasma del descenso siempre acechando; no era el mejor entorno para crecer. El joven y prometedor Llorente no daba la talla, se le acusaba de falta de sangre (se le solía llamar “Fernandito” en referencia a su languidez) y no era capaz de marcar diferencias. Los técnicos preferían la veteranía de Urzaiz o la garra de Aduriz. Marcó un total de cuatro goles en las dos temporadas mencionadas.

Todo cambió con la llegada de Joaquín Caparrós.

 

Crecimiento

El técnico utrerano apostó por el de Rincón de Soto desde el primer momento. Urzaiz abandonó Bilbao ese mismo verano (rumbo a Amsterdam) y Aduriz lo haría un año después (rumbo a Mallorca). Con minutos y confianza, Llorente fue mejorando sus registros goleadores año a año, mientras el equipo abandonaba los puestos bajos asentándose en la parte alta de la clasificación.

2007-08: 40 partidos – 12 goles

2008-09: 43 partidos – 18 goles

2009-10: 51 partidos – 23 goles

2010-11: 41 partidos – 19 goles

A base de goles y buen futbol, llegó la llamada de la selección, siendo pieza importante del combinado español en determinados momentos (recordemos su papel en los octavos de final del Mundial de Sudafrica ante Portugal). Llorente ya era una estrella.

Explosión

La temporada 2011-12 fue histórica para el Athletic. Bajo los mandos de Marcelo Bielsa el conjunto rojiblanco asombró al mundo con un futbol exquisito (inolvidable aquella eliminatoria ante el Manchester United de Sir Alex Ferguson), quedándose a las puertas de obtener no uno, sino dos títulos (derrotas en la final de Copa y de Europa League ante Barcelona y Atlético de Madrid). La afición disfrutó de su equipo como hacía mucho que no sucedía. La ilusión de volver a ver la “Gabarra” surcar la ría inundó Bilbao.

Fernando se erigió en la cara más visible de un equipo que jamás renunciaba al ataque, finalizando la temporada con la friolera de 29 goles. Guió a su equipo de toda la vida a una final continental 35 años después a base de goles y buen futbol. Su partido de semifinales ante el Sporting de Portugal fue inolvidable, con dos asistencias y la guinda del gol que clasificó al Athletic para la final de Bucarest.

El golpe anímico de las derrotas, sin embargo, fue durísimo. El equipo no pudo en ningún momento competir ante dos escuadras que se mostraron muy superiores. La afición echó en falta un mayor paso delante de sus estrellas (los Javi Martinez, Llorente o Muniain) pero no tuvo nada que reprochar. La temporada había sido histórica.

 

La decisión

Llegó el verano clave en la carrera de Llorente. Renovar su contrato (al que sólo le quedaba un año) o salir de casa en busca de nuevos retos. La directiva de Josu Urrutia le ofreció un contrato muy suculento (4,5M€ netos por temporada) que el jugador rechazó. Para haceros una idea, en aquella época Falcao (3,5M€), Soldado (2M€) o Negredo (1,5M€), jugadores de nivel similar por aquel entonces, tenían un sueldo considerablemente inferior.

Llorente consideraba que merecía más, que era una estrella de nivel internacional y que si el Athletic no le ofrecía lo que pedía (5,5M€) habría otro que si lo hiciera. Olvidando todo lo que el equipo de toda su vida había hecho por él, todo lo que el Athletic (tanto el club como la afición) le había dado, decidió hacer las maletas. Decisión respetable que enfureció a una afición que no lo entendió. No todo el mundo es Julen Guerrero.

En opinión de quien escribe el riojano estuvo mal asesorado por su hermano (y agente) Chus, y creyó que su nivel era mayor del que en realidad era. Llorente era una pieza capital en el Athletic, un jugador que aterrorizaba defensas, pero era la referencia de un equipo que jugaba para él. Fernando tiene unas virtudes excelentes (remate de cabeza, juego de espaldas…) pero también tiene unas carencias notables (velocidad…) que el sistema del Athletic se encargaba de ocultar. El bombo de la “prensa” deportiva de este país, con el forofismo de costumbre, no ayudó; le llamaban “Rey León” y le ponían por las nubes incluso cuando su nivel no era tan alto como se presumía. Esto elevó las exigencias del ariete a niveles desorbitados que la directiva de Josu Urrutia decidió no aceptar. La Juventus llamó a su puerta.

El ostracismo

La política del Athletic con respecto a la venta de sus jugadores es tajante: “o cláusula o nada”. Así salieron Javi Martinez o Ander Herrera rumbo a Munich y Manchester. Sin embargo, quedándole tan solo un año de contrato, los turineses no estaban dispuestos a abonar los 36 kilos de la cláusula del ariete. Llorente tendría que quedarse un año más, un año durísimo en el que tendría que soportar la ira de una afición que poco tiempo antes le vitoreaba.

Aduriz regresó a casa tras su exitoso paso por Mallorca y Valencia, relegando a Fernando al banquillo. Conviene aclarar que Aduriz fue titular no sólo por la situación extradeportiva del riojano, sino porque su nivel fue claramente mejor que el de su compañero (Bielsa llegó a expulsarle de un entrenamiento por falta de compromiso). En un año aciago del equipo de Bielsa, Aritz se encargó a base de goles de acelerar la salvación quedando Llorente en un segundo plano (4 goles). Turín esperaba.

 

La vida lejos de casa

La aventura en el extranjero no fue tan alegre como se esperaba. Tras un buen primer año en la Juventus (18 goles) la llegada de Morata relegó a Llorente de nuevo al banquillo. Se le acusaba (al igual que en sus inicios en Bilbao) de falta de sangre, su actitud contrastaba con la energía de Morata. Las críticas arreciaban (titulares como el conocido “E solo bello”), por lo que, con el fin de recuperar el lustre perdido, decidió regresar a España. Emery apostó fuerte por él como sustituto de Bacca, firmándole como delantero referencia en su nuevo proyecto de Champions.

Su experiencia en Sevilla ha vuelto a ser poco satisfactoria. El bajo rendimiento (7 goles en todas las competiciones) y la sensacional temporada de Gameiro, unidas a las altas expectativas generadas, generaron una ola de críticas que de nuevo han llevado al delantero a hacer las maletas.

Llorente no ha triunfado fuera de San Mames, tal y como les ha pasado a otros jugadores que buscaron nuevos retos en plazas más lustrosas (Herrera, Del Horno o Amorebieta). No sólo dejó escapar un suculento contrato, también perdió la oportunidad de convertirse en el ídolo de toda una generación de “athleticzales”. Para colmo, en Bilbao no se le ha echado de menos. El rendimiento de Aritz Aduriz, quien llegó como parche apagafuegos, ha sorprendido a todos, mejorando sus números año a año y superando todos los registros logrados por la otrora referencia del Athletic.

Fernando Llorente dejó su casa buscando el éxito. Logró varios títulos, pero lo hizo sin ser la pieza capital que sí era en Bilbao. Perdió el amor de su afición y la oportunidad de celebrar un título con el equipo de su corazón (la Supercopa ganada al Barcelona). La decisión que tomó condicionó su carrera; una carrera, para su desgracia, en declive.

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