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Federer y el número 1

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20 de enero de 2017, Melbourne. Roger Federer juega su partido de tercera ronda ante Tomas Berdych. Lo hace tras dejar muy malas sensaciones en sus dos encuentros ante jugadores no cabezas de serie, llegando a ceder un set ante Melzer y sufriendo más de lo esperado ante un semidesconocido como Rubin. Si pierde ante Berdych, cae más allá del puesto 30, complicándose su posición de cabeza de serie en los próximos torneos importantes. Sin embargo, Federer arrolla a su rival, acaba ganando en Australia y encadena, en una especie de espiral anímica, el trofeo de Indian Wells.

Han pasado justo dos meses desde aquel día en el que toda la planificación de la temporada del suizo pudo haber cambiado. Ahora, tras ganar los dos torneos más importantes disputado este año, el helvético tiene en su mano dirigir su temporada hacia un lado o hacia otro. A principios de 2017, lo esperado era que Federer orientase su curso hacia una preparación a Wimbledon, donde esperaba conseguir su ansiado 18º Grand Slam. Pero ese 18º ya está en su vitrina, antes de lo esperado, y se le ha abierto otra ventana: el número 1. Ser el hombre más veterano de la historia en ocupar ese escalafón.

Son palabras mayores, puesto que aún está a más de 7.500 puntos del líder mundial, Andy Murray, pero la situación actual hace que el de Basilea se permita el lujo de soñar con ello. El escocés, que no disputará el Masters de Miami por una lesión en el codo, no ha comenzado bien el año y está fuera de los 10 mejores jugadores de lo que va de temporada. El otro dominador del pasado curso, Djokovic, ha arrancado incluso peor, y la misma lesión le impedirá estar en Florida. Por tanto, Federer podría acabar el primer cuarto de la temporada -el que finaliza tras Miami- con una ventaja cercana a los 3.000 puntos en la Race -suma de puntos de lo que va de año-.

Federer posa con el trofeo de Indian Wells y la bandera suiza | Kevork Djansezian/Getty Images

Para que esto se produzca, evidentemente, Federer deberá jugar más torneos en tierra batida de lo que a él le gustaría. Es casi imposible acabar el año como número 1 del mundo sin pisar apenas la arcilla. Deberá ser más regular que nunca y aprovechar, en cierto modo, que Nadal, Djokovic y Murray, o incluso el habitual tapado Wawrinka, se resten puntos entre ellos en los principales torneos de tierra batida. Si hay una variedad de campeones en la primavera de tierra batida, Federer podría seguir siendo líder incluso después de Roland Garros, lo que le daría una ventaja importante para una segunda parte del año mucho más favorable.

Ahora bien, ¿está esto en los planes del suizo? Una gira de tierra batida exigente, jugando cada uno de los torneos importantes con vistas a sumar puntos para conseguir el número 1 a final de año supondría, probablemente, una peor preparación, o un desgaste físico mayor, de cara a Wimbledon, su principal bala para sumar un 19º título de Grand Slam. No me imaginaba estar en esta situación. Mi objetivo era llegar como top-8 a Wimbledon, admitía ayer Federer, que seguramente valorará sus objetivos tras Miami, cuando la clasificación quede algo más aclarada.

Más allá de los números, de lo que diga la clasificación y de los objetivos que se plantee Federer en base a ella, lo realmente cierto es que ha regresado como nadie esperaba, ni siquiera él. Con un ritmo de bola altísimo, mejor que nunca físicamente y con una confianza mental -gracias a su triunfo ante Nadal en Melbourne- por las nubes. Y cuando Federer entra en esa espiral de positivismo, es complicado frenarle.

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