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FC Barcelona y el arte de planificar

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Los esfuerzos que realizamos a fin de cumplir objetivos y hacer realidad diversos propósitos se enmarcan dentro de un término llamado planificación. Este proceso exige respetar una serie de pasos que se suelen fijar al inicio, en el momento en el que se traza el plan, y que han estado estudiados y consensuados por la gente que está enfrente del proyecto.

Un ingrediente a tener en cuenta a la hora de hacer una buena planificación es la línea de trabajo, que debemos intentar seguir desde un inicio, ya que este proceso requiere múltiples acciones que deben ser conocidas por las personas que están trabajando en ello. No solo deben conocerlas, sino que cada sujeto que conforma el grupo de trabajo debe sentirse plenamente cómodo al realizarlas.

Josep Maria Bartomeu, Robert Fernández, Carles Rexach y Ariedo Braida son las personas encargadas de sostener, en los últimos años, la planificación deportiva del primer equipo. Es decir, son los encargados de velar para que todo lo comentado anteriormente se cumpla a las mil maravillas. La grandeza del club al que representan les obliga a que así sea. Mi cuestión personal hacia ellos se resume en que, bajo mi punto de vista, conforman un conjunto que no me transmiten la confianza suficiente para llevar a cabo una planificación tan potente a nivel deportivo, económico y social como la que necesita el FC Barcelona.

El primero, por la ‘florentinización’ que parece que sufre al querer contentar a su afición con un fichaje galáctico o birlado al Real Madrid. El año pasado funcionó con André Gomes cuando parecía que lo tenía hecho con el equipo merengue, pero este año no ha podido ser con Theo Hernández ni con Dani Ceballos. Lo más curioso del caso es que ha iniciado esta política justo cuando Florentino Pérez ha iniciado el camino contrario, pasando de las grandes operaciones galácticas a dedicarse a modificar las piezas que el equipo necesita. Opino que esta ‘competición’ a la que está jugando Bartomeu es absurda y me duele que el presidente de mi club no sepa verlo. Además, es algo que ya no entusiasma al culé tanto como antes, debido al cambio positivo de mentalidad que ha sufrido el barcelonismo en los últimos años. Más allá de estos problemas que detecto a nivel de gestión deportiva, y como aquí escribo para hablar de fútbol, no voy a detenerme en comentar ninguno de los problemas que el actual presidente tiene a nivel judicial o extradeportivo, pero de sobras es sabido que las aguas de su mandato no se caracterizan por estar muy calmadas.

El segundo, porque parece que cada vez tiene menos poder como secretario técnico. Sus últimas decisiones en la configuración de plantilla, el nombramiento de Pep Segura como nuevo mánager general de fútbol y el inmovilismo que ha mostrado desde el último trimestre del pasado curso no ayudan a que el aficionado confíe en su (ya debilitada) figura para salir victorioso de las dificultades que a día de hoy presenta cualquier mercado de fichajes.

El tercero y el cuarto porque forman, como característico y fantasmagórico dúo, la insólita “comisión técnica del área de fútbol” del club. Más allá de que un 90% de los aficionados culés serían incapaces de explicar a qué se dedica esta comisión, lo más hilarante es que no ha dado ningún síntoma de éxito ni ha parecido ser decisivo en ninguna incorporación a lo largo de los tres años que lleva ‘trabajando’. Desde el club se dijo, literalmente, que la comisión “ayudará a planificar la temporada con la aportación del conocimiento del modelo futbolístico y formativo del club de Carles Rexach y la amplia experiencia del mercado internacional de Ariedo Braida, quien tiene muchos contactos a nivel internacional que ayudarán a seguir y fichar jugadores”. Permítanme dudar de ello, e incluso esbozar una sutil sonrisa justo después de escribirlo. Permítanme dudar de este dúo que ni está ni se le espera.

Una vez expuestos los motivos de por qué no me inspiran confianza los cuatro individuos que tienen poder de decisión en la planificación (y por lo tanto, en el futuro) del primer equipo, quiero detenerme de nuevo en la parte conceptual. Básicamente, porque creo que estos dirigentes no se han parado a pensar en un elemento clave a la hora de planificar: la perspectiva a medio-largo plazo. Planificar es saber, con cierta probabilidad, dónde estaremos en el futuro, en función de las decisiones que tomemos hoy. La planificación estratégica está formada por un conjunto de actividades a tener en cuenta, que están destinadas a reducir el costo de las decisiones a medio y largo plazo.

Planificar no es, por ejemplo, priorizar fichajes para perseguir un ascenso puntual del Barça B, sino pensar en el filial como un espacio de formación y preparación de canteranos para el primer equipo. Soy el primero que me alegré por el ascenso, pero no creo que la política de fichajes ‘caros’ que se está llevando a cabo en el filial sea la más favorable para los jóvenes valores que llevan años trabajando en las categorías del fútbol base.

Planificar no es dedicar un 70% de lo que ingresa el club a los salarios del primer equipo, muchas veces acompañados de contratos prácticamente vitalicios y que provocan que la plantilla vaya envejeciendo mientras sigue percibiendo las mismas cantidades desorbitadas. Eso imposibilita poder competir con otros clubs de Europa a la hora de fichar a algún jugador importante de cara al futuro, con la dificultad que esto conlleva a la hora de cerrar e iniciar ciclos ganadores en torno a Lionel Messi, único jugador que justifica el sueldo que sea.

Todo el barcelonismo sabe, desde el pasado 11 de abril, que el equipo necesita unos cambios concretos a nivel de plantilla y estilo de juego. Una planificación que vehicule de la mejor forma posible los acontecimientos de los próximos años, que se antojan decisivos para el futuro bienestar deportivo de Messi, y por tanto, del primer equipo. Los pesos pesados se hacen mayores y el cuarteto anteriormente citado deberá comandar esta transición para que sea lo más dulce y exitosa posible. Por eso no me explico cómo puede haber esta sensación de improvisación tres meses después de aquel 3-0, el partido que evidenció que se necesita un cambio radical para volver a ser una referencia de juego en Europa. La mía no es una sensación pasajera ni centrada en este período de fichajes en concreto (sería demagogo y oportunista), sino una dinámica que percibo cada día que pasa mientras sigo sin entender el modus operandi de la cúpula deportiva del club.

¿Así pues, dónde veo la pizca de esperanza que siempre existe en todas las cosas de este mundo? En mi caso, lo tengo claro: en el banquillo. Me da la sensación que tenemos entre nosotros a un buen comunicador, inteligente a nivel táctico y un gran gestor de plantillas. Por eso te deseo mucha suerte en esta temporada que está a punto de empezar, don Ernesto Valverde. Si alguien me transmite sensatez y buen hacer, eres tú. La oportunidad de tu vida como entrenador bien lo merece.

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