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FC Barcelona: los protagonistas de la marejada

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Josep Maria Bartomeu ha comparecido esta tarde en la Sala de Prensa desencajado, como el estudiante que llega a casa con cinco suspensos o como el marido infiel al que la culpa lo consume por dentro. Ha llegado con retraso, con mucho retraso, y es que sus colegas de Junta Directiva le han dicho por las buenas que o bien se convocaban elecciones en junio del 2015 o el pacífico Camp Nou podría mutar este próximo domingo en una adaptación moderna del episodio histórico de la ‘Toma de la Bastilla’.

Bajo esa sonrisa perenne de Don Josep Maria, ‘El ocupante del trono’, estoy convencido que debe esconderse un tímido sentimiento de culpa, que si bien es cierto que no aflora ni exterioriza, a buen seguro le debe escocer, en silencio, eso sí, como las hemorroides.

El Barça vive una situación complicada, no desde hace unos días, ni siquiera desde hace unas semanas. El club vive instalado en una lenta, progresiva y corrosiva depresión desde que Guardiola se fue de Barcelona primero y esencialmente desde que Tito Vilanova enfermó para irse a una instancia superior después.

Es complicado vaciar sentimientos, información y opiniones de un modo entendible y que siga un cierto patrón de orden y coherencia. Es por ello que me vais a disculpar, si lo focalizo en algunos nombres propios que son protagonistas directos de la marejada que el FC Barcelona vive a día de hoy.


SANDRO ROSELL: El chico ESADE que confundió al Barça con Nike

En junio de 2010 un servidor quería que Rosell ganase las elecciones al FC Barcelona. La gran mayoría de socios que fueron a votar al parecer querían lo mismo. CiU y el Grupo Godó también lo ‘apadrinaron’ y Sandro arrasó en las urnas. Debo precisar que ni soy socio del Barça -ni lo seré jamás-, y por ende no puedo votar, pero como simpatizante del club culé entendía que era buena su llegada a la Presidencia, máxime atendiendo al esperpento en que se había convertido el último año y medio de mandato de un Joan Laporta desbocado, con broncas telefónicas a presidentes autonómicos (como el de Extremadura) y acusaciones muy turbias y de toda índole incluidas. Rosell ganó por mayoría en las urnas, se sentó, se vino arriba y empezó a dar palos de ciego. Quiso aplicar al Barça sus conocimientos de mercadotecnia ‘made in ESADE’, pero en el camino se olvidó de dos cosas: ni el Barça es Nike, ni Barcelona es Brasil. Quiso gestionar el club como una multinacional y se estrelló. Su manera de huir del club le delatan y le perseguirán hasta el fin de los días. Su presidencia será recordada como una de las peores, no tanto por las formas -que eran bastante correctas- como por el fondo, que fue dramático. El caso Neymar, el venderse a Catar, sus operaciones difusas en Brasil y las bochornosas salidas de iconos como Éric Abidal y Víctor Valdés (hoy en brazos de Louis van Gaal) son una hipoteca que él firmó y que aún pagan todos los barcelonistas.


JOSEP MARIA BARTOMEU: Gollum

Debo reconocer que es entrañable. Esa sonrisa de monje franciscano y esa educación propia del colegio de pago bien aprovechado generan cierta empatía.  Su cara transmite bondad e ingenuidad, hasta el punto que por un momento te hace olvidar que está ocupando un trono que no le corresponde. Ese momento dura entre 5 y 10 segundos a lo sumo. Es luego cuando te das cuenta que el bueno de Josep Maria ha tenido en su oportunidad su perdición y me explicaré.
Josep Maria Bartomeu quiso trascender y tras la fuga hacia adelante de Sandro Rosell, la presidencia del Barça era la oportunidad idónea. O eso debió pensar. Esa silla de ‘CEO culé’ da brillo, luce y da esplendor, sin duda, pero olvidó que esa silla quema y corroe a partes iguales cuando te sientas sin la legitimidad directa -que no indirecta / estatutos- de la masa social. Es entonces cuando esa dichosa butaca de presidencia se convierte en tu condena. Es como el anillo único del ‘Señor de los Anillos’. Y Bartomeu, efectivamente, es Gollum. Su tesoro es su perdición, y su final como personaje público está previsto para finales de junio cuando se celebren elecciones en el conjunto culé. Él cree que puede ganar, pero no se le puede culpar, pues hace tiempo que Bartomeu vive en Matrix y no tiene la más mínima intención de tomarse la pastilla de la realidad, de la triste realidad.


JOAN LAPORTA. Un canalla entrañable

View image | gettyimages.com | Joan Laporta después de ganar a Estudiantes de la Plata en 2009

Es el máximo favorito para ser el nuevo presidente del FC Barcelona, y eso que aún no ha confirmado que se vaya a presentar en las elecciones previstas para junio, aunque le gusta dejarse querer y enseñar la patita, dentro de su estilo personal e intransferible. En su anterior mandato al frente del FC Barcelona (2003-2010) logró la friolera de cuatro Ligas, dos Copas de Europa, una Copa del Rey, un Mundialito de Clubes y más de 40 títulos entre todas las disciplinas polideportivas del club azulgrana. Su mandato es como los vinos, cuanto más tiempo pasa mejor sabe, y es que debe reconocerse que el Barça vivió un esplendor que nunca antes se había conocido, ni siquiera en la época de excelencia de Johan Cruyff. Ahora bien, llegó un punto en que Laporta se sintió tan poderoso que se vino arriba de un modo irritante y contraproducente. Un punto de soberbia y ciertas cuestiones difusas de ámbito privado, lúdico y empresarial se lo llevaron por delante, tanto a él como a los suyos.

Hoy en día su poder de oratoria y magnetismo son evocados y añorados por el barcelonismo. Ese, y no otro, es su mayor aval para ganar: la nostalgia. ¿Su mejor campaña? Oír, ver y callar. Bartomeu y el resto de ‘compañeros de okupación‘ ya se encargan de allanarle el camino si es que tiene a bien presentarse, que está por ver, pues cabe recordar que este verano no se pueden anunciar fichajes por la prohibición de FIFA. Así pues, la carta del entrenador parece ser la carta ganadora. Mourinho mira de reojo, por si acaso.


ANDONI ZUBIZARRETA: Siempre le costó ir abajo

¿Recordáis al Zubi portero? Un portero clásico, seguro por arriba, buena colocación, muy sobrio y al que le costaba mucho ir abajo y atajar penaltis por tratarse de un cancerbero alto y pesado. Bien, pues el Zubizarreta director deportivo era básicamente igual. Sus declaraciones siempre impolutas, sin dar titulares, ni nada que llevarse a la boca -para desespero de Marchante (C+), Vehils (Sport) y Nolla (Mundo Deportivo)- y además de todo esto, era lento ‘para ir abajo’, al fango de la negociación, de igual modo que no era bueno parando ‘los penaltis’ que básicamente le ha ido metiendo Mónica Marchante en estos años, en un ejercicio de honestidad para con su profesión sin parangón (desde aquí mi admiración para la mejor periodista que ha dado España). Andoni siempre me ha parecido un tipo honesto, pero poco preparado para un puesto de la exigencia pública y estratégica que tiene la figura del Director Deportivo. Se va por la puerta de atrás, y si bien es cierto que su gestión es muy criticable, no es menos cierto que:

1) Josep Guardiola también erró con algunos fichajes (Chigrinskiy y Cesc Fàbregas) y sin embargo su figura no se ha resentido en ningún momento.
2) La participación de Zubizarreta en el ‘affaire FIFA’ se reduce a entre poco y nada.
3) Su trabajo ‘extra’ como ‘bombero’ de Rosell primero y de Bartomeu después, merecían otro tipo de salida más digna que la que finalmente se la ha dado -un escueto comunicado donde se le despacha como si fuera la chica del servicio-. Al fin y al cabo ese ‘vasco torpón’ en los despachos ha dado mucha gloria al club en el césped.


PEP GUARDIOLA: Él lo supo antes que nadie

Cuando se fue Guardiola del Barça muchos se preguntaron las razones de esa traumática marcha. Hoy parecen más claras y evidentes que entonces. Los títulos, las risas, la hibernación del furibundo entorno -tan activo estos días- y la excelencia tenían fecha de caducidad, ‘El Pep’ la intuía y no quería ser quien pilotara la incómoda travesía de la gloria al hambre. Eso es algo demasiado mundano y él no quería ensuciarse las manos por el camino. Messi cada vez era más complejo de domar, y empezaba a adquirir un peso deportivo y extradeportivo -con el que hoy debe lidiar Luis Enrique- que chocaba con el Guardiola ‘alfa y omega’ que diseñaba el éxito. La apuesta Cesc le salió mal y de Piqué ya no se fiaba. Sandro no era Jan -cuestión de feeling que diría Eto’o-, y el estrés de Can Barça pasa factura y genera alopecia. Se fue, y no se le puede culpar visto lo visto. A este impopular modo de proceder unos lo llaman inteligencia, otros egoísmo. El caso en cuestión es que 30 meses después de su marcha, Pep Guardiola sigue riendo, diseñando rondos imposibles y levantando títulos en Baviera bañado en cerveza, mientras que el barcelonismo mira hacia Alemania con una sensación de nostalgia y envidia que da cosita, todo ello regado y bañado con un chorrito de bilis y una buena dosis de mala hostia.

Continuará…

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