Ciclismo

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Farolillo rojo y otras expresiones ciclistas en el fútbol

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El ciclismo fue deporte rey mucho antes que el fútbol y acaparó espacios de jerarquía en los medios de comunicación de la Europa continental durante la primera mitad del siglo XX, muy especialmente al amparo de las grandes cabeceras La Gazzetta dello Sport y L´Auto, antecesor de L’Équipe, que no solo difundieron este deporte y su terminología, sino que además participaron -aún lo hacen hoy- en la organización de las grandes vueltas ciclistas, el Giro y el Tour, respectivamente.

Por eso no es de extrañar que el fútbol, en su desarrollo ulterior a través del periodismo, tomase del deporte de la bicicleta muchas palabras y frases que hoy son moneda de cambio habitual entre cronistas, jugadores y aficionados al balompié y que inicialmente fueron un recurso expresivo muy útil para incluir en las narraciones la exaltación épica de los acontecimientos y describir los momentos de sufrimiento y máxima dificultad a los que tienen que hacer frente los deportistas. De hecho, el ciclismo es quizá junto con el boxeo la modalidad de la que más ha bebido históricamente el periodismo deportivo para trasladar vocablos a las crónicas futbolísticas.

Una de esas expresiones es farolillo rojo (del francés lanterne rouge), que en el Tour de Francia designa al último clasificado del pelotón a su llegada a los Campos Elíseos en París -y, por extensión, último clasificado en cualquier competición deportiva- y cuyo origen se sitúa en las luces rojas que solían utilizar los vigilantes de los trenes franceses en el siglo XIX para anunciar a su paso por la estación que se trataba del último vagón.

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También acabó dando el salto al fútbol y otros deportes de equipo el término gregario, italianismo que define, según el Diccionario de la lengua española, al ‘corredor encargado de ayudar al cabeza de equipo o a otro ciclista de categoría superior a la suya’, y, por tanto, ha pasado a utilizarse como equivalente de ‘secundario’ ‘peón’ o ‘jugador que trabaja para el equipo’ y que normalmente hace una labor que no se siempre se aprecia pero sirve para que otros compañeros luzcan y consigan los objetivos en un encuentro.

En esa búsqueda permanente incesante de sinónimos y metáforas para evitar repeticiones y con el propósito decidido de conferir la máxima emoción a los encuentros deportivos y explicar de una forma singular, más plástica y atractiva lo ocurrido, también se habla de pájaras (desfallecimiento o bajón físico repentino que impide al deportista seguir al mismo ritmo o con la misma intensidad) en el terreno de juego e incluso de la existencia de etapas y puertos de montaña en el calendario liguero, como es el caso del Tourmalet, mítica cima pirenaica del Tour de Francia.

Lo cierto es que el dinamismo y la creatividad que caracterizan a este tipo de periodismo propicia que los traslados semánticos y terminológicos entre deportes sean continuamente innovadores y sorprendentes, y que las metáforas sean recurrentes para dotar al texto periodístico de mayor frescura y trascendencia, con nuevos matices que lo enriquecen en un intento claro de diferenciarse de otras noticias y crónicas que no suelen hacer uso de términos procedentes de otros deportes.

Así, en el esprint final de una Liga, el lector asiduo de prensa deportiva entenderá perfectamente cuando se escriba, por ejemplo, que a un equipo se le salió la cadena y se quedó cortado mientras otro demarró y se escapó del grupetto para coronar finalmente la cima del campeonato y vestirse de amarillo… o de rojo.

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