Europa League

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Europa, un tren que no espera

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Ni a la una, ni a las dos, ni a las tres. 261 días separan a las lágrimas de un napolitano sufridor y sufrido. Nápoles vuelve a llorar, tras ver a su equipo desplomado sobre el verde finalizado el tiempo reglamentario. Primero fue San Mamés y un período corto entre cinco y diez minutos donde el mundo se preguntó sobre la existencia de la defensa napolitana. Segundo, la de infinitas ocasiones que ha desaprovechado el Napoli en la Liga para dar un paso al frente y alcanzar a la Roma y Lazio en la pelea por segundo y tercer puesto que otorgan la posibilidad de jugar la Champions League. Y tercera, fue anoche en Kiev. Berlín traía buenos recuerdos a los italianos y muchos ansiaban con llegar. En la Europa League, Varsovia era huérfana de recuerdos y el napolitano insistió en ponerle caducidad a ello. Todos recordaron a Maradona y los 26 años que separaban al éxito europeo del Napoli. Y entre tanto recuerdo, olvidaron el presente, Kiev. Allí, Italia fue vapuleada por una enésima exhibición al mando de Xavi Hernández. Antes de Varsovia, estaba Kiev y Boyko, un muro que nunca fue derribado.

Era simple, un gol clasificaba a los napolitanos. El tanto conseguido en la ida en fuera de juego por parte de los ucranianos, obligaba a hacer al menos un tanto para no ver peligrar la eliminatoria. El Dnipro sorprendió a todos, no esperó y por contra, en el intento ahogó al Napoli en la salida de balón con las líneas muy avanzadas. El Napoli llego poco y cuando lo hizo estaba Boyko, el maquinista del tren. Si en la ida, fue clave no fue casualidad. En el partido de vuelta, se confirmó. Volvió a frenar a Higuaín que probablemente tendrá pesadillas con el portero ucraniano.

En el minuto 57, en el mismo minuto que Morata enviaba al traste los sueños de todos los madridistas. Seleznyov -el hombre que anotó en la ida- a centro del joven Konoplyanka, remataba al fondo de las redes, tras forcejear previamente con Britos. El colegiado lo otorgó como válido. Kiev se hizo oscuro, el tren comenzaba a marchar y en el intento de Benítez por frenar su salida, dio entrada a Hamsik, Mertens y Henrique. Dando paso al 3-4-3 en los últimos intentos por igualar la eliminatoria y forzar la prórroga.

Por tercera vez, uno se lamenta de las ocasiones perdidas. A lo lejos marcha un tren lleno de vagones repletos de ilusión y estrellas. Desde Nápoles, se escucha  una dulce sinfonía, imposible llegar a descifrar lo que es. Procede desde el interior del tren y casi que se intuye lo que suena. Una última parada hará el tren antes de marchar. Cesena, Juventus y Lazio, los jugadores de Rafa Benítez dependen de ellos mismos para hacerse con un hueco en el interior de ese vagón o al menos con la posibilidad de hacerse con la licencia para soñar, pendiente de jugar la previa que da acceso al interior del tren. Con una Juventus pensando en Berlín, una Lazio que se espera que llegue cabizbaja tras enfrentarse a Sampdoria, Juve -final de la Coppa y Roma. En Nápoles se aferran a su última bala. No será igual de emotivo que el otro camino ni se les recordará por conseguirlo. Pero Higuaín y compañía tienen tres partidos para hacer olvidar la noche de Kiev y sobre todo para mantener un proyecto.

 

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