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Las estadísticas y el fútbol, ¿una combinación peligrosa?

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Dicen los entendidos de béisbol que Moneyball supuso un antes y un después, un referente para comprender el deporte americano. La historia de Billy Beane, llevada al cine por Bennett Miller y protagonizada por Brad Pitt, quien consiguiese con la ayuda del economista Peter Brand aplicar estadísticas avanzadas en los fichajes de jugadores para unos Oakland Athletics que acumulaban fracaso tras fracaso, es de sobra conocido.

En fútbol, sin embargo, hasta hoy no es un método fiable al 100%. En las grandes ligas americanas los fichajes se fraguan tras un laborioso draft donde los jugadores proceden en su mayoría de ligas universitarias en las que se puede ver y analizar a los deportistas in situ. En España podemos aplicar el método, pero nunca se podrá predecir con total fiabilidad (por muchos informes que se hagan) si un brasileño de 17 años que la ‘rompe’ en el Santos sabrá adaptarse a la exigencia de Europa. Y si no miren el caso de Robinho y Neymar, qué semejantes parecían y qué diferentes han resultado.

Tampoco parece más fiable cuando lo aplicamos para predecir resultados, ni resulta lógico limitar un análisis táctico a un ratio de puntos por partido, o deducir que a más remates, más goles. El problema aumenta cuando aplicamos las estadísticas no ya erróneamente – algo que sería comprensible, teniendo en cuenta la complejidad de los estudios – sino que utilizamos los datos de forma retorcida, a nuestro interés. Simplificando (como se puede ver en múltiples ocasiones), si aprovechamos el parón de las selecciones para coger la clasificación de LaLiga y aplicando una proyección sencilla, nos resultaría que el FC Barcelona será campeón con 107 puntos, con ¡¡ 28 puntos !! de ventaja sobre el Real Madrid. ¿Impensable, verdad?

Esto tiene dos factores clave: el primero es que el fútbol no es algo lineal, y por tanto, no se puede tratar con un modelo estadístico al uso. No se puede hacer una proyección de puntos ya que los estados de forma, las lesiones, el hecho de haber jugado con unos rivales no solo más asequibles por potencial sino por estar estos en mejor o peor momento a la hora de enfrentarse a ellos… Demasiados factores que se salen del estándar como para ser analizados con una simple multiplicación. De ser así, podríamos afirmar que Cristiano Ronaldo terminará LaLiga con apenas seis goles. ¿Alguien se juega un café a que anota más?

El segundo sería más profundo pero también más “aburrido”. Hay multitud de distribuciones, y cada una se adapta a una situación determinada mejor que las demás. Quedémonos con que la estadística es mucho más complicada de lo que nos venden en los periódicos y televisión, donde resumen no ya el fútbol sino la vida en cuestiones como la intención de voto. Esto no impide que empresas como Origami Sports, fundada por el español David Rueda hace siete años, utilicen las estadísticas avanzadas para analizar la probabilidad de éxito de un fichaje.

Porque, por supuesto, las estadísticas son importantes en fútbol. El problema es cuando se hace un uso inadecuado de ellas. Sin ir más lejos, las casas de juego online han crecido una media del 30% en los últimos años: esto se traduce en que, en 2015, las apuestas deportivas alcanzaron una facturación de unos 4.000 millones de euros. ¿En qué se basan las casas para conseguir tal éxito? Obviamente, en las estadísticas, en manejar miles de gigabytes que analizan todos los resultados imaginables para determinar sus cuotas. Las fluctuaciones de una casa a otra no son más que el margen de beneficio con que trabaja cada compañía.

Pero el fútbol no es béisbol. Allí, Sports Illustrated se atrevió a pronosticar en 2015 que los Houston Astros, un equipo menor de la Liga Americana que no había conquistado jamás el título, sería campeón en 2017. Aunque se tomaron a mofa el titular, hace unos días los Altuve, Correa y compañía dieron la razón a la prestigiosa revista y se llevaron el Clásico de Otoño. ¿Alguien hubiera pronosticado, con objetividad, el título de Premier League del Leicester City hace dos años?

Con esto no repruebo el uso de las estadísticas en el fútbol, sino el abuso, el hecho de recriminar a un futbolista porque su porcentaje de éxito haya disminuido, sin valorar a sus compañeros, entrenamientos… y otra muy distinta es no aprovechar las ventajas que nos ofrece.

Es muy útil y necesario para los clubes que tienen un presupuesto ajustado y no pueden permitirse ni un fallo en los fichajes, como hicieron aquellos Oakland Athletics, que pasaron de un equipo perdedor a alcanzar la postemporada. Además, no debemos olvidarnos que el Moneyball español existe. No tendrá tanto glamour, pero sí el mismo éxito, y se llama Monchi.

 

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