Se habla de:

Deporte con estilo

article title

Escritura jeroglífica

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

El buen estilo periodístico reside básicamente en optar por una de entre las diferentes soluciones válidas que ofrece el idioma para contar historias con la máxima precisión y el máximo rigor posibles. Esta elección, que encierra siempre una dimensión ética por la responsabilidad social que tiene el informador a la hora de trasladar lo sucedido al conjunto de la ciudadanía, ha de fundamentarse no solo en un completo manejo de la lengua, nuestra principal herramienta de trabajo, sino, sobre todo, en un profundo conocimiento del público al que no dirigimos. En la medida en que seamos capaces de emplear los términos precisos para hacerlos comprensibles a todas las mentalidades, las que coexisten dentro de una audiencia que es amplia y diversa, comunicaremos con eficacia.

No obstante, el idioma nos permite a veces escoger también entre una palabra más común y un término equivalente de índole técnica y, por tanto, de uso más restringido. Para el periodismo especializado en Deportes, que suele versar sobre contenidos de interés universal y se dirige a receptores que, en una importante proporción, cuentan con un alto grado de conocimiento sobre la materia, la mejor opción para comunicar no siempre resulta ser la aparentemente más sencilla, sino más bien aquella que comporta matices o incorpora referencias culturales e históricas con las que enriquecer y contextualizar adecuadamente la información y también con las que hallar esa complicidad con el lector entendido.

Al uso cada vez más extendido de tecnicismos y extranjerismos propios de cada modalidad deportiva se suman los neologismos, ya sean necesarios o superfluos y, cada vez más, siglas, acrónimos y otras fórmulas abreviadas de nuevo cuño, que parecen haberse institucionalizado con los objetivos de microinnovar en los textos para buscar otra manera de decir, llamar la atención del lector y, de paso, resultar más directo y rentable en términos de espacio, especialmente en la confección de los titulares.

Tal como explican los profesores Rafael Aleixandre-Benavent y Recaredo Agulló en su artículo “Terminología y lenguaje deportivo del fútbol” (2007), el abuso de estos artefactos lingüísticos puede producir muchos problemas de comprensión, ya que no son términos descriptivos y su utilización general hace olvidar muchas veces el significado original de las palabras de las que proceden.

 

Pese a los riesgos que comporta este uso, muchos medios deportivos españoles parecen no reparar en el carácter críptico e indescifrable de siglas y abreviaturas que todavía no están lexicalizadas ni son conocidas para la totalidad de los ciudadanos, y reinciden a la hora de titular en la utilización de las letras iniciales de nombres propios de protagonistas y en la siglación de frases, que no siempre dejan claro en una primera lectura a quién se refieren, provocando así confusión y ralentización en la recepción del mensaje.

Si en los últimos años han sido varios los deportistas y entrenadores que han pasado a ser populares merced a la generalización con el tiempo del uso de sus iniciales en los textos periodísticos, como aconteció, por ejemplo, con John Benjamin Toshack (JB), Carlos Queiroz (CQ), el gran nadador neerlandés Pieter van den Hoogenband, a quien se le conoció como VDH, o el futbolista Rafael van der Vaart (VdV); esta moda de siglación y abreviación en titulares alcanza su mayor complejidad cuando las iniciales se refieren no a un solo protagonista, sino también a una sucesión de nombres e incluso a sintagmas u oraciones completas (‘Ka-Pa-Ro’ fue una manera habitual de referirse a Kaká, Pato y Ronaldinho, tridente del Milan). En algunos casos, aparecen con aclaraciones entre paréntesis y corchetes, e incluso con asteriscos (J.V.F.M*” [*Jóvenes Valores del Fútbol Mundial] o JASP, ‘Joven Aunque Sobradamente Preparado’).

Igualmente, está muy extendido el empleo de una sola mayúscula para hacer alusión a un grupo de deportistas de un mismo equipo cuyos nombres o apellidos comienzan por la misma letra (se habló hace unos años de “la triple R” del Real Madrid, una terna referida a (Sergio) Ramos, Robben y Ruud (Van Nistelrooy) o bien la combinación de iniciales. En este caso, las más conocidas son BBC, Benzema+Bale+Cristiano, en el Real Madrid; o MSN, Messi+Suárez+Neymar, en el Barça.

Esta tendencia al acortamiento se ve culminada también con la creación, especialmente en el ámbito futbolístico, de siglas alfanuméricas, esto es, aquellas que no solo se refieren a las iniciales de un jugador muy conocido sino que además incluyen su dorsal. Así, Cristiano Ronaldo pasa a denominarse CR7, James Rodríguez JR10, Messi M10 o Luis Suárez LS9.

Aunque todas estas técnicas se enmarcan en esa búsqueda constante de la originalidad que caracteriza a este tipo de periodismo, a veces el abuso de estas creaciones léxicas exige al lector un esfuerzo adicional de decodificación y, como consecuencia de ello, puede ocasionarle serios problemas para la efectiva comprensión de los mensajes. Por momentos, el periodismo abandona la concisión y la claridad para convertirse en un verdadero jeroglífico.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados