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Escribir fútbol, escribir vida

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Es complejo explicarse. Cuando a la gente se le explica que nos dedicamos a escribir, se nos pone un aura alrededor de la cabeza, aparecemos en las mentes de quienes nos escuchan con sombrero, fular y gabardina, garabateando en una esquina de un café, dándole a la tecla en una vieja Olivetti. Imaginan, supongo, que ese rol del escritor no ha cambiado. Y a veces es cierto. Hemos cambiado las plumas por los teclados, los periódicos por Twitter, pero… ¿a quién no le gusta llevar un buen sombrero? ¿O es que aquí lo importante es de lo que hay que escribir?

Una lucha entre lo que tiene importancia y lo importante

La verdad, no es sencillo convencer a quien así nos imagina, tecleando o garabateando, acerca de ese fenómeno llamado fútbol. Ese malogrado deporte que unos aman y otros odian y que, gracias a la mano de muchos y muchas (que ni lo uno ni lo otro), comienza a ser ese ente demonizado de lo que alimenta nuestras pasiones en tiempos revueltos.

Parece que escribir de fútbol nos hace menos escritores. Como si un apellido maldito siguiera a un noble nombre. Despierta la duda en quienes nos han quitado ya el sombrero y la gabardina en sus mentes y quieren ahora otear en nuestras caras algún gesto que demuestre que bromeamos. Que eso de ser escritor no va con balones ni con campos de juego rectangulares. Que eso no es serio. Con la de cosas que hay por escribir… y elegimos el fútbol.

Un sin fin de posibilidades

Podríamos escribir de superación, de rabia, de fuerza, de concentración, de adversidad, de pasión, de amor, de lucha, de entrega, de compañerismo, de amistad, de la familia. También de investigación, de ciencia,de las tradiciones, del cuidado a los y las mayores, del cuidado a los y las jóvenes, de educación, de sentimientos, de frustración. Podríamos escribir grandes cosas de sueños, de alegría, de tristeza, de vida, de muerte, de legados, de leyendas, de mitos… Incluso podríamos escribir sobre la historia, sobre cultura o sobre religión. Podríamos escribir de todo eso, y podemos… sin salir de ese rectángulo de juego. Hoy escribo apenas sin hablar de fútbol, ni deporte, para demostrar que dar voz a lo que existe y rodea a un partido de fútbol o en cualquier otro deporte, es acercar una realidad tan cercana como la vida misma. Escribir sobre fútbol también es hablar de todo lo que merece la pena en esta vida, a través de un balón, de unos jugadores y unas jugadoras, de un sentimiento…

Como decía el maestro Johan Cruyff, en ese célebre anuncio en contra del tabaco tras el infarto que casi se lo lleva temprano, “el fútbol, me lo ha dado todo…”. Hoy, siguiendo ese sentimiento y estando de acuerdo con las palabras del genio holandés, me adhiero a ese comentario y afirmo que, a algunos y algunas, el fútbol nos sigue dando razones para llenar hojas de tinta, hablando de oficio, de alegría, de drama, de pasión… de vida.

 

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