JJOO

article title

En los silencios de Mireia Belmonte

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Hace unos años tuve la suerte de coincidir con Mireia Belmonte en una entrega de premios que organizaba un periódico deportivo en un hotel de Madrid. Cada uno en su papel. Yo, en el de un joven, barbilampiño, que todavía jugaba a ser periodista y cuyo mayor logro allí era estar sin molestar. Mireia, en el papel de una estrella de la natación. Lo que pasa es que ella eso no lo sabía.

Suele pasar. Hay deportes que solo son deportes cada cuatro años. Entre tanto, conviven en el espacio exiguo que deja esa suerte de oligopolio que forman, por escalas, el fútbol, el baloncesto y a veces los deportes de motor. Por eso Mireia se sentía extraña en aquel lujoso hotel, con elegante vestido negro, de lo más parecido a su neopreno con turbohélice que exhibe mientras se cuelga medallas, y con unos brazos infinitos, de cloro y músculo, que invitan a pocas bromas con la catalana si no supiéramos que la catalana desprende bondad. Los flashes hiperactivos de los fotógrafos eran amenazantes y dibujaba una sonrisa cumplidora, de estrella introvertida.

Mireia vive entre silencios. Entrena entre silencios. Gana entre silencios. Y a veces se exhibe ante el mundo, entre comentaristas desgañitados por la emoción. Pero durante sus interminables jornadas de entrenamiento, sus lesiones anónimas, su día a día invisible, Mireia vive en el silencio. Mediático, se entiende. Y como ella, otro buen puñado de deportistas que no ocupan portadas de periódicos (salvo honrosas excepciones, entre las que creo humildemente que esta web está) o cuyos movimientos no se retransmiten en una suerte de El show de Truman venido a menos.

Todo esto es producto de la contaminación del fútbol, que ha convertido el deporte en un reality narcisista. Mireia, como muchos otros, como Bruno Hortelano y su vídeo viral, lleno de ternura y candidez, convive en el intimismo del sacrificio. Respira otro aire, más limpio, alejada de esta sociedad del espectáculo que tiende a prostituir la esencia última del deporte.

¿Han visto la naturalidad de Mireia? Esa es la actitud habitual cuando eres una persona natural. Esa es la actitud cuando se entrena en silencio, se gana en silencio y se triunfa en silencio, sin famas egocéntricas, sin burbujas de dinero y poder. Cuando llegas a unos Juegos Olímpicos, consigues una medalla de oro para tu país, te conviertes en la mejor nadadora de la historia de España, pones la natación patas arriba y te muestras al mundo casi culpable. “Yo pasaba por aquí y me convertí en leyenda. Disculpen las molestias”, parece decir con la mirada.

Subyacen tantas cosas detrás de sus silencios, que a veces necesitamos que hable, que grite, que llore de emoción. Que se exprese como mejor sepa, que suele ser en el agua. Detrás está todo el anonimato al que la mayoría, donde me incluyo con cierto rubor, condena a los deportes “minoritarios”. Pero cuando los vuelves a ver, sientes toda su potencia, recuerdas que quizá ellos encarnen al verdadero deportista. A ese héroe al que todos hemos aspirado ser alguna vez. Sin alardes ni vodeviles. Héroes construidos desde el silencio. Mireia está hecha de silencios. Lástima que tengamos tan poca memoria.

mireiaoro

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados