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En la Champions, pero sin hogar

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Hablar de la Champions es, para muchos, hablar de grandes equipos europeos. Clubes con historia, gran poder económico y dominadores continentales. Pero hablar de la Champions es, también, hacerlo de clubes de la periferia europea. Porque, recordemos, la Champions también se juega en Gibraltar, Andorra o Azerbaiyán (aunque sea en fases previas veraniegas). De este último sale uno de los equipos clasificados para la fase de grupos de la edición 2017-18 de la Champions.

Se trata del FK Qarabağ, originario de la ciudad de Agdam aunque asentado en Bakú desde 1993. Desde hace más de dos décadas no juega sus partidos en casa, lo hace a 255 km. por culpa de la guerra del Nagorno Karabaj -que transcurrió de 1988 a 1994-. Y es que el conflicto geopolítico -con tintes religiosos- en el que se enfrenta a Armenia (y con Turquía como aliada) por la propiedad de la república independiente de facto, todavía se arrastra a nuestros días: las tropas armenias ocupan actualmente un territorio yermo desde el ’93 legado por la URSS.

Desde entonces, más de un millón de personas se convirtieron en refugiados por la destrucción de su hogar. Y se le conoce por ser “la ciudad fantasma más grande del mundo”.

El Qarabağ representa el dolor

El club de los jinetes -como se los conoce- fue muy bien recibido por parte de todo el pueblo azerí desde el principio, solidarizándose con las desgracias a las que fueron sometidos. La más recordada a nivel de club data de 1993: durante el traslado de sede, el entrenador Allahverdi Bagirov (que también era comandante en jefe del ejército azerbaiyano) murió a causa de la explosión de una mina anti-persona mientras defendía a su país. “Bagirov es un héroe nacional, está muy presente en la vida diaria del equipo”, afirmaba Rubén Sellés -integrante del cuerpo técnico- a El País.

En los últimos años, el Qarabağ se ha convertido en uno de los clubes más importantes del país caucásico: desde 2013 encadenan cuatro títulos de liga consecutivos (cinco en total) y tres de copa (seis en total), además de enlazar cuatro temporadas clasificándose para la fase de grupos de la Europa League. Su máximo artífice es el turco Tahir Gözal, presidente del club. En 2001, cuando la entidad acusaba graves problemas económicos, el holding de empresas alimentarias que preside (Azersun) se hizo cargo del club y trajo la estabilidad de la que hoy presumen. Ahora tienen su base de operaciones y las instalaciones deportivas en la capital del país. De igual modo, desde 2015 cuentan con un nuevo estadio en propiedad, el Azersun Arena, con capacidad para casi 6.000 espectadores

Y es que desde que abandonaron el Imarat Stadium de Agdam en 1993 -a causa de las bombas armenias- habían jugado “de prestado” en el Tofiq Bahramov, que registró en 2014 el récord de asistencia del Qarabağ en una previa de la Champions contra el Red Bull Salzburgo (32.000 asistentes). Todavía hoy, el club sigue jugando en el estadio de la federación sus partidos más importantes y que requieren más capacidad. Pero nada de eso borrará el hecho de que no juegan en su verdadero hogar, que hoy está oculto bajo los escombros. Agdam ya no existe, y su viejo estadio tampoco.

Sin embargo, el club está en su mejor momento. Y otro al que hay que atribuirle muchos méritos es a Gurban Gurbanov, el entrenador de las últimas nueve temporadas. Como futbolista solo se desempeñó -sin mucho éxito- en Azerbaiyán y Rusia, pero ahora le llueven los elogios. Ha construido un equipo que destaca por su fútbol asociativo, de posesión, y por aquellas tierras se les conoce desde hace tiempo como “el Barcelona del Cáucaso”. Palabras mayores.

Bajo las órdenes de Gurbanov están Michel Madera y Dani Quintana, dos españoles con varias experiencias en equipos periféricos de Europa en sus mochilas. Ambos son considerados por la afición como los mejores del equipo -junto al albanés Ansi Agolli y Richard Almeida, este último el cerebro del equipo-. Dos españoles, más Sellés en el staff técnico, que comparten vestuario con muchas víctimas de una guerra heredada de la Unión Soviética que en 2016 tuvo un repunte que dejó muchas víctimas.

No obstante, en la capital del país este conflicto se percibe lejano en realidad, casi como se percibe en España. Aunque es cierto que la tensión en la frontera del Alto Karabaj nunca cesa.

Ahora, tras superar tres rondas previas frente al Samtredia (georgiano), el Sheriff Tiraspol (moldavo) y el Copenhague (danés), Azerbaiyán exhibirá al Qarabağ en la Champions y hará visible al mundo la situación que se vive en el país. Ya dieron un primer paso publicitándose en la camiseta del Atlético de Madrid y acogiendo un Gran Premio de Fórmula 1, pero no hay mejor escaparate que la Champions. Aunque no podrán jugarla en su hogar, claro.

LEER MÁS: Qarabag, el equipo de la ciudad fantasma

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