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En defensa de Bartra

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Bartra marcha y lo hace con un sabor amargo. El central de Sant Jaume dels Domenys (Tarragona) ha visto, a lo largo de su carrera, como el único entrenador que ha apostado por él ha sido Del Bosque y lo ha hecho como suplente de la pareja Piqué-Ramos. En el Barça, ni Pep ni Tito ni el Tata ni Luis Enrique le han brindado una oportunidad. Definitivamente, hay algo que no sabemos.

Bartra pasó de ser considerado uno de los futuros mejores centrales del mundo a ocupar temporada tras temporada el banquillo del Barça: solo 108 partidos en siete temporadas, lo que queda en unos 15 por campaña, un bagaje paupérrimo para un central joven y con proyección. Esta última temporada, de hecho, ha jugado tan solo cerca del 26% de los minutos y ha participado en 10 de los 62 encuentros que ha disputado el equipo.  Esta situación, por mucho que el jugador quiera al club, insostenible, acaba pasando factura a cualquiera, más allá de que toda paciencia tiene un límite. Siempre puede suceder un caso como el de Sergi Roberto, pero es lógico que si ves que, además de que no juegas casi nada, el club pretende comprar verano tras verano centrales antes que confiar en ti te vayas.

 

Bartra tiene sus carencias, es cierto, pero no menos lo es que sin minutos difícilmente puede subsanarlas. Necesita jugar y esté era ya el momento de cambiar de aires. De lo contrario, su carrera comenzaba a correr serio peligro. A sus 25 años tiene todavía mucho camino por recorrer y depende de sí mismo llegar o no a ser un central top.

En el Dortmund, para más inri, Bartra se encontrará con un técnico, Tuchel, que se identifica con el estilo Barça y que, en principio, le ha fichado como el sustituto de Hummels, por lo que jugará. Será interesante ver si con minutos y regularidad es capaz de desarrollarse futbolísticamente para alcanzar aquel jugador que un día parecía que iba a ser. Sin lugar a dudas, el acuerdo tanto para el jugador como para el club alemán es un win-win: uno se asegura sustituir a su central titular ahorrándose una buena suma de dinero, mientras que el otro podrá, por fin, jugar.

La hora de Bartra parece que ha llegado y ahora le toca intentar disfrutarlo, pero sobre todo aprovecharlo.

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