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Elkin Soto se rompe y el Mainz escucha el ¡Crac!

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¡Crac!, es un sonido horrible. Es de esas cosas que anuncia las tormentas. ¡Crac!, es el sonido de las nubes chocando una contra otra antes del aguacero, es el estruendo de la madera estrellada, de los cascos navales rotos. ¡Crac! No es nada bueno. Es el final de la sonrisa, porque a veces con un solo ¡Crac! la vida puede ser distinta. Lo que pasa, es que este sonido nunca advierte nada bueno. ¡Crac!, es también los huesos romperse, los sueños terminar, es la alegría terminando y los ojos llorosos. Es desaparecer del camino y la senda a la meta. ¡Crac!, ¡Crac!, y ¡Crac! Es horrible.

El ¡Crac! también se siente, no sólo se oye. En un estadio de fútbol ante algo así se contiene el aliento y el partido ya no vuelve a ser el que era. Punto de inflexión en el curso de los acontecimientos. Elkin Soto sintió el ¡Crac!, Rafael van der Vaart lo vio. Lo demás son percepciones. Lo demás es algo secundario.

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El Mainz ataca y Soto no se imagina que está cerca de esos momentos en los que la vida te pone a prueba y te hace ser más fuerte de lo que quizás creías ser. Y entonces pasa: Soto va a pegarle al balón con todas sus fuerzas, el jugador de 34 años en vez de encontrar cuero su pierna sube y sube, como un cañonazo, y se encuentra con la pierna del futbolista neerlandés, todo músculo, y ahí, justo en ese secundo: ¡Crac!

En el hospital Soto seguramente veía las consecuencias de ese tormento, el final sonado de su carrera en su país natal se veía destrozado por algo que bien podría retirarle del fútbol. Sus sueños y sus esperanzas hechas añicos.

El Mainz estuvo más pendiente de las noticias al borde de la banda que del partido, no volvió a ser el mismo, no jugó ni con la misma intensidad y con la misma concentración. Elkin Soto es para este Mainz, no básico o piedra angular, pero buen maestro del arte del robo del balón, del esconder y del perder. Soto se marchó en el minuto 33 y desde entonces el Hamburg aprovechó la ventaja mental en el shock. Puede que el equipo de Schmidt sintiera el ¡Crac!, de una manera unánime.

 

Elkin, colombiano y rozando el fin de su carrera ha tenido que ser operado de la rodilla y seguramente no vuelva a jugar al fútbol, pero el equipo alemán con su director deportivo a la cabeza le tienden la mano, le renovarán el contrato en cuento el jugador se persone en las oficinas, si así es su deseo, y le apoyarán en el camino de vuelta a la senda que llevaba. Porque no todo se cifra en goles, en copas, el factor humano en el fútbol se abre paso. Elkin no camina sólo. El mundo del fútbol ha notado ese sonido, ese injusto punto de inflexión. Pero como dicen los teutones: “Aufstehen! Mund abputzen, weiter machen” (Lévantate, lávate la boca y sigue caminando).

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