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Eldense: amaños, apuestas y barro

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Vaya por delante que aunque ni Bishop ni Gittes pasen por apellidos eldenses, ambos somos de esta tierra. Nacimos y nos criamos en esta localidad alicantina cuyo equipo de fútbol se ha visto implicado con las mafias chinas o calabresas.

Desde que tengo memoria el Eldense es un club con la economía tan enferma que sus contables trabajan con guantes y mascarilla para no infectarse. Nada raro en Segunda División B y Tercera, categorías donde escasea el dinero y los planes ambiciosos por ascender suelen dejar herencias envenenadas y mucho barro en los despachos si finalmente fracasan. A los mangoneos de los directivos, a las deudas o a las partidas económicas con dudoso destino frecuentes en estas divisiones, se les suma la dificultad de ascender; a una temporada larga y dura como un divorcio, le sigue, en el mejor de los casos, una promoción de ascenso para lograr el objetivo. El Eldense ha pasado años peleando por salir de la ruina de la Tercera para terminar ahogado por la ruina de la Segunda B. Salir del pozo para terminar en un lodazal. De sus temporadas en Segunda división sólo el vago recuerdo de los privilegiados que las vivieron. Y el club sobrevive exactamente igual que hace veinticinco años, cuando el Eldense, las almendras garrapiñadas y una coca cola al descanso, constituían mi hoja de ruta de los domingos. Era la época en que jugaba en su cantera, hasta que comprendí que mi punto fuerte con el balón era manejando los codos. Como el músico que alcanza su mejor nota con el ruido del estuche al guardar el violín. Dejé de ir al campo de fútbol, pasaron los años y fui sacando provecho de mi habilidad con los codos por barras de bar. Pero observo con tristeza que los cambios no han sido a mejor.

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El sábado 1 de abril el Eldense salió humillado en su visita al filial del  Fútbol Club Barcelona. 12 a 0 fue el resultado final, con una primera parte escandalosa en la que ya encajaron 8 goles. Nada más terminar el partido comenzó a circular el rumor de que el resultado estaba tan amañado como si hubiera metido algún gol Blue Note, camino de ganar la cuarta carrera de Narragansett. El tinglado se tambaleó en cuanto algunos jugadores y el presidente de la junta gestora hicieron públicos los indicios que tenían del amaño y denunciaron los hechos. Pocas horas después eran detenidos el entrenador, varios jugadores y la cabeza visible del supuesto grupo inversor italiano. Habían bastado tres meses para certificar que ni eran un grupo, ni eran inversores y debía confirmarse que, efectivamente, eran italianos. Y detrás de todo, según las informaciones de Cope y El Confidencial, las mafias chinas e italianas y varios partidos más amañados.

Los mafiosos, como los delitos y la teletienda, siempre lucen mejor a través de las pantallas. Cuando ves a los italianos del Eldense, los chándals combinados con camiseta interior y cadenas de oro de Los Soprano parecen marcar tendencia en moda. Nobile Capuani, cabeza visible del supuesto fondo de inversión, no es propietario de casinos, ni de la Genco Oil Company y, a duras penas, le alcanzaría el caché para dirigir el Bada Bing. Aunque aterrizaron en el Eldense en enero, su paso anterior por un club cercano, el Jumilla, dejó un reguero de deudas por alquileres de pisos, restaurantes y hoteles. Ensayaron además la fórmula que utilizaron en el Eldense, de fichar a numerosos jugadores cobrándoles a ellos por darles una oportunidad. Sabiendo que desde el Jumilla ya alertaron al Eldense de esta operativa, el tocomocho o la estampita parecen métodos de ingeniería financiera al lado del utilizado para hacerse con el control del club.

Desconfío de los casualidades como de los sándwiches de máquinas expendedoras. Los que solemos mirar de reojo en los bautizos, que dijo el maestro, no creemos que sea coincidencia que eligieran Elda. Una localidad complicada, industrial, castigada por la perenne crisis del calzado y con la economía sumergida tan arraigada que algunos todavía miran a los empresarios honrados como si fueran un lince ibérico, una especie protegida. Un sector, el del zapato, tan problemático que provocaba que muchos de sus trabajadores llegaran a casa oliendo a cuero, “cemen” y derecho laboral. Una ciudad, Elda, donde las decisiones municipales han ido en línea con las del resto del país, como la de construir un nuevo campo de fútbol sólo para permitirse el lujo de tener el viejo abandonado.

Mientras tanto, la realidad es que han pasado cuatro semanas desde el escándalo por el partido con el Barcelona B y ya ha escampado la polvareda. Tras quedar en libertad con cargos, los italianos se han esfumado de Elda, jugadores y entrenador han sido despedidos y el Eldense ya no ocupa ningún espacio en los programas de radio de la noche ni los periódicos. Nadie recordará que es el club decano de la provincia de Alicante. Vuelve a ser el mismo escombro de equipo, camino de la ruina de la Tercera División. Vuelve a ser un club —como tantos otros en las categorías inferiores de este otrora deporte y hoy negocio— casi en quiebra, rico en fracasos y con barro en los despachos.

 

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