Champions League

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El Zenit enseña a Peter Lim el único camino

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El Valencia sigue su caída en picado. A la velocidad de una rueda por una cuesta de un puerto de categoría especial. Como un objeto pesado tras una coz al borde de un acantilado. Esta vez fue San Petesburgo el marco que recogió el abanico de despropósitos en los que está enfrascado. Sin plan, sin alma, sin rumbo. Los de Nuno volvieron a ser un desastre táctico, un grupo de jugadores que con solo mirarse desprendían inseguridad y falta de argumentos. Ha llegado el momento de tomar decisiones si no se quiere dar por perdida la temporada. No excuso el comportamiento de unos futbolistas que, por momentos, dañan el escudo casi centenario que llevan en el pecho. Pero queda claro que el discurso del entrenador no cala. Se le ve superado, sin soluciones y con un alegato que no hace rodal en el vestuario. Escucharlo en rueda de prensa ya es para que uno coja la baja durante unos meses. Por tambaleo psicológico.

Un Zenit corriente fue suficiente para dejar en pañales todo el entramado futbolístico del Valencia. Shatov en la primera mitad y Dzyuba en la segunda desnudaron las miserias defensivas que algunos intentan tapar con números concernientes a la pasada temporada. La dupla Vezo-Cancelo fue el maná para Hulk y los suyos. Ahí direccionó el tiro Villas Boas sabedor que, como ya pasó en Mestalla, iba a encontrar una pista de atletismo. Pero sin vallas ni embarazos. De nuevo un horror defensivo colectivo supuso un porrazo definitivo. Del que ya no supo reaccionar. Norma habitual durante la temporada. El Valencia desaparece cada vez que encaja un golpe. Se licúa, se arruina, se le ve el cartón.

Por mucho que defendiese su entrenador al acabar el partido que los blanquinegros tuvieron el control y el dominio del partido volvió a faltar a la verdad. No hay situación que genere mayor crispación en la afición del Valencia que escuchar ese mensaje cándido y mendaz del máximo responsable deportivo tras ver otra mancha al escudo en un terreno de juego. Y más en la máxima competición continental.

 

A Nuno se le acabó el crédito desde hace muchas semanas. Demasiadas. Aunque el señor Peter Lim se empecine en alargar la agonía. La victoria del Gante ante el Lyon en el minuto 94 supone ver al Valencia en puestos de Europa League a solo una jornada para acabar la fase de grupos. Ya no depende de sí mismo. Tendrá que ganar a los franceses en Mestalla -ya sin opciones de nada- y esperar que los belgas no consigan la victoria ante un Zenit ya clasificado como primero de grupo. Huele a podrido. Pero antes de que la Champions vuelve a nuestras vidas, se tendrá que visitar el Sánchez Pizjuán, ir a Barakaldo en Copa -pánico le tengo- y recibir al Barça en Mestalla. Todo buenas noticias, oiga.

El grupo vive en el desánimo. En la inoperancia. Siente frustración en cada acción por no saber cómo atajar las hendiduras. Más allá de algún caso puntual, se sienten desbordados, sin tesis a la que aferrarse. Da igual el rival, la competición y el escenario. Intentan siempre lo mismo sabiendo que es un camino que nos les lleva a ninguna parte. Se marchó el líder, la raza, el orgullo, el que empujaba y levantaba en el aire a los contrarios cuando las cosas se torcían. El que dio muchos puntos la temporada pasada y el que hacía mejores a sus compañeros. El león que mantenía a salvo a la manada. Sin Otamendi, se naufragó en la planificación deportiva, dotando de chupetes una mesa de reunión que iba a pisar las mejores empresas europeas. Y por si no era suficiente, Nuno prescindió de Negredo, hizo evaporarse a De Paul y convive con una preparación física que está dejando piezas en el tintero todas las semanas. El último Mustafi, que estará más de un mes fuera y que era el único que parecía llamar la puerta para recoger el testigo de Nicolás.

Créanme que pagaría dinero por ver otra atmósfera, que disfrutaría relatando sensaciones de impavidez y regodeo pero no puedo estafar a nadie. Es lo que hoy desprende un proyecto, viciado y degollado el pasado verano, que solo se mantiene en pie por los errores de sus rivales directos (en Liga) y porque mantiene vivo el milagro de la última jornada de la Champions. Lo único claro es que el Zenit le debería haber enseñado al señor Peter Lim el único camino que queda. El cambio es vital e ineluctable.

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