Baloncesto

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El último vuelo de Spiderman

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Superhéroe: personaje de ficción que tiene poderes extraordinarios. De ficción y extraordinario son dos adjetivos que calan perfectamente en Dimitris Diamantidis, por ello el apodo de hombre araña le viene a la perfección.

Un niño salido de Kastoria (ciudad griega cerca de Macedonia occidental) y que tenía un sueño; alcanzar el Olimpo del baloncesto griego. Pues bien, como los grandes Dioses de la mitología griega, este número 13 del Panathinaikos también permanecerá en la memoria de muchos helenos para siempre. A sus 35 años dice adiós, aunque lo pudimos disfrutar una última vez en el cuadrangular que organizó Panathinaikos.

Una despedida por todo lo alto con los más grandes del baloncesto europeo como son Macabbi Tel Aviv, CSKA Moscú y Barcelona. No faltará de nada, incluso móvil personalizado. Tan solo 300 privilegiados disfrutaron del “Diamantidis Microsoft Lumia 650 Edición Especial”.

VÍDEO: La espectacular despedida de Diamantidis en Atenas

Muchos darían lo que fuera por volver al año 2004, año de su llegada al club tras 5 temporadas en el Iraklis, y volver a revivir los buenos momentos. Individualmente hablando y durante las 12 temporadas que estuvo sobrevolando el OAKA, no dejo título sin coronar. Mejor defensor de la Euroliga en seis ocasiones, MVP de las finales de 2007 y 2011 y además formó parte del quinteto ideal de la Euroliga durante cuatro años, tres de ellos de forma consecutiva.

Pero más allá de títulos individuales y colectivos (se guarda la espinita del Mundial de 2006 con la selección helena), Diamantidis es un jugador de huella. Pilar básico en el club y un líder natural. Y es que ese dorsal, maldito para los supersticiosos, exige algo muy especial para un tipo de casi dos metros de altura con mentalidad ganadora, personalidad, manos rápidas y un sentido ‘arácnido’ de la colocación envidiable.

Compañeros suyos de profesión le avalan. Juan Carlos Navarro: “El control que tiene de todas las situaciones en los momentos claves, defensivamente es muy bueno”. Incluso su eterno rival con el Olympiakos, Spanoulis, se rinde a su personalidad: “Siempre se sacrifica por el equipo”. Excelente jugador, mejor persona.

No se puede decir mucho más. 20.000 personas vieron por última vez las habilidades de este spider-man vestido de verde que tantas tardes de gloria ha dado al número 37 de la Avenida de Kifissias. Hubo sentimientos a flor de piel, lloros, risas, cánticos. No faltó nada, aunque desde ese día, la falta es enorme.

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