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El triángulo escaleno del Valencia

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No voy a mentir. Ver a Negredo, Alcácer y Rodrigo al mismo tiempo con la misma camiseta y en un mismo once produce estado de excitación. O lo que es lo mismo, una elevación en el nivel de energía de un sistema físico por encima de la fase de arresto y brío de referencia arbitrario. Que nos pone mucho, vamos. Ahora que el delantero de Vallecas está ultimando su reaparición -ya tiene el alta médica- el Valencia se frota las manos con la posibilidad real de juntarlos sobre el campo y su gente ha volteado su reloj de arena para que sea cuanto antes.

Además, se trata de un triángulo escaleno donde los ángulos y las longitudes no son reflejos de un espejo. Varían en dimensiones, sus lados son distintos y carecen de eje simétrico. Paco Alcácer, Rodrigo y Negredo solo se convierten en triángulo equilátero cuando nos acercamos a su nivel. Ahí sí coinciden. Son los tres igual de buenos. Pero difieren en cuanto a características y eso les convierte en complementarios. Nuno ha repetido en diversas ocasiones que cuando el equipo técnico considere que pueden hacer daño al rival estando los tres juntos, no dudarán en alinearlos. Pero también ha incidido en el equilibrio. Y ahí quiero pararme, sentarme en silla de cuero acolchada y transferir mi ponencia o dictamen.

No veo a Alcácer desgastándose en la izquierda. Ni a Negredo. Y no por falta de ganas sino por condicionamientos tácticos o características. Paquito y Álvaro levantan el rifle en el área, sus colmillos salivan cuando merodean la grande y sus privativas van acorde al desenlace. El gol. Sí se agudizan los sentidos al observar a Rodrigo en varias posiciones. El hispano-brasileño se adecúa a la banda o la punta indistintamente. Por eso es el hombre intocable de Nuno. Por eso será el que más repita de los tres.

Negredo, quizá, pueda tener mayor soltura que Alcácer para crear sus propias jugadas y desenvolverse fuera del área pero, aun así, su ecosistema sigue siendo la plaza donde suele mandar el portero. Es en el área donde mayores bocados suministra, donde proporciona veneno al rival y donde abastece y provisiona a su equipo de lo que mejor sabe hacer: desvalijar redes. Ahí coinciden el de Torrent y el vallecano. Comparten ‘modus operandi’. Comparten biosfera.

Por ello, se intuye complicada la variación táctica del técnico de Santo Tomé una vez ha encontrado en el trivote el corazón que bombea al Valencia CF. Es posible que pruebe el 1-4-4-2 en algún momento puntual, siempre como recurso, jamás como argumento. En el 1-4-3-3, si los tres de arriba son el triángulo escaleno, el equipo sufriría desequilibrio porque ni Rodrigo es un hombre de retorno defensivo ni Alcácer/Negredo son de tirar coberturas o ayudar al lateral. Además se esfumaría la posibilidad del factor sorpresa. Tener en el banquillo un futbolista de este nivel es un intenso dolor de muelas para las defensas rivales, pues cuando estén exhaustos de aguantar al que ya hay sobre el verde, tendrán que multiplicarse y prepararse para soportar al que sale fresco desde la banda.

Nuno deberá gestionar en breve un bendito problema que todos los entrenadores querrían tener. La preocupación no es si dejas a Negredo, Alcácer o Rodrigo en el banco sino mirar al banquillo y ver a la mascota del club como la alternativa más fiable para salir al campo. Lo importante es que el técnico portugués dispone de una plantilla amplia que le permite hacer diferentes combinaciones y una de ellas es la de juntar al triángulo escaleno. Ése en el que cada lado se diferencia del resto. Ése que tiene dimensiones diferentes en cuanto a sus ángulos. El que incita sobremanera a los suyos. Los complementarios Negredo, Alcácer y Rodrigo ya están a disposición del fútbol.

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