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El trágico destino de Branko Zebec

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Hoy me he decidido a escribir sobre el primer entrenador del HSV del que tengo conciencia echando la vista atrás en el tiempo. Desde muy niño, allá por 1976, tengo recuerdos sobre partidos, noticias y jugadores del que se convertiría en mi primer y único equipo favorito: el Hamburgo. Sin embargo, habrían de pasar todavía unos años antes de que supiese quién era su entrenador.

Fue en 1979, supongo que motivado por el hecho de que el conjunto hanseático se proclamara campeón de la Bundesliga. Por tal motivo, aumentó la información sobre el HSV divulgada en España por la prensa deportiva de entonces, y fue así como supe que aquel año un tal Branko Zebec era el encargado de dirigir desde el banquillo a los Keegan, Nogly, Magath, Hrubesch y compañía.

Ha pasado el tiempo, y mi curiosidad innata, esa que me ha llevado a comprar, leer y ver cientos de documentos relacionados con el HSV, me permitió conocer más en detalle la historia del que considero un personaje fascinante, toda una figura tanto en su época de jugador como posteriormente en los banquillos, pero al que su vida personal y el trágico final de la misma han restado un mayor reconocimiento que, a fuerza de ser justos, mereció sobradamente.

Un futbolista excepcional

Branislav “Branko” Zebec vino al mundo en la ciudad croata de Zagreb, por aquel entonces parte del reino de Yugoslavia, un 17 de mayo de 1929. Empezó jugando en diversos equipos de su ciudad natal, hasta que en 1951 recibió la llamada del FK Partizán de Belgrado, uno de los potentes conjuntos de la capital. Allí no tardó demasiado en mostrar sus excepcionales condiciones, tanto que la propia selección yugoslava decidió convocarlo (sumó un total de 65 entorchados internacionales).

Fue así como en 1952 tuvo la oportunidad de defender la camiseta nacional en los Juegos Olímpicos de Helsinki, donde logró finalmente la medalla de plata. Y es que Yugoslavia tuvo la “mala suerte” de que aquel torneo supuso el nacimiento de la fantástica selección húngara de los Czibor, Kocsis o Puskas. Aún así, nuestro Branko Zebek se proclamó máximo goleador de aquella cita con 7 goles.

Zebec era un jugador versátil, capaz de marcar las diferencias gracias a su habilidad y a un físico fuera de lo común, lo que le permitía jugar lo mismo de defensa central que como extremo por la banda izquierda, de hecho muchos coincidían por aquellos años en que podía desempeñarse tranquilamente en cualquier posición del campo. Además, era tremendamente veloz, pues era capaz de correr los 100 metros en 11 segundos calzando las pesadas botas de entonces.

En 1954 le llegaría la oportunidad de debutar en una cita mundialista, la disputada en Suiza. Yugoslavia desempeñó un buen papel, derrotando a Francia y empatando con Brasil, precisamente gracias a un gol de Zebec, pero terminaría siendo eliminada en cuartos de final por Alemania, futura vencedora del torneo. En apenas tres años en la élite, Zebec no había dejado de mejorar, tanto que abandonó la banda izquierda, su posición habitual hasta entonces, para actuar en el mediocampo y aprovechar mejor su inteligencia y capacidad para ordenar el juego.

En 1958 acudió a una nueva Copa del Mundo, esta vez disputada en Suecia, y además Zebec lo hizo en condición de capitán del combinado yugoslavo. Tras una gran fase de grupos, nuevamente Alemania acabó con el sueño plavi de alcanzar las semifinales. En cambio, a nivel de clubes, el Partizán seguía a la sombra de conjuntos como el Estrella Roja o el Hajduk Split, por lo que en 1959 Branko tomó la controvertida decisión de cambiar de acera para enrolarse en el eterno rival, el Estrella Roja, con el que finalmente pudo levantar el título de campeón de liga en 1960.

En 1963, cuando contaba 39 años, ya era lo suficientemente mayor como para que el régimen comunista que imperaba en Yugoslavia le autorizase a abandonar el país. A esa edad ya no resultaba un jugador interesante para los grandes clubes europeos, así que terminó fichando por el Alemannia Aachen, conjunto de la segunda división alemana. La experiencia no fue del todo negativa para Branko Zebec, ya que le permitió seguir jugando y, sobre todo, adaptarse al país en el que luego obtendría sus mayores éxitos como entrenador.

Su etapa en los banquillos

Justo tras su retirada del fútbol en activo, ocurrida en 1965, Branko Zebec pasó a convertirse en técnico del Dinamo de Zagreb, conjunto al que clasificó para la Copa de Ferias (precursora de la Copa de la UEFA). En dicho torneo, el cuadro croata fue pasando eliminatorias hasta plantarse en la mismísima Final tras una épica remontada en semifinales ante el Eintracht Frankfurt, y allí logró imponerse a doble partido al Leeds United. De esa manera, el Dinamo de Zagreb dirigido por Zebec se convirtió en 1967 en el primer equipo de la Europa del Este en ganar un título europeo oficial.

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Ese éxito llamó la atención del Bayern de Munich, que en 1968 vio en Zebec al sustituto ideal para su compatriota Zlatko Cajkovski, antiguo jugador del Dinamo de Zagreb y compañero del propio Zebec en la selección yugoslava. Con el cuadro bávaro, que giraba en torno a jovencitos como Maier, Beckenbauer o Gerd Müller, logró el primer título liguero en 37 años. No contento con ello, ganó también la Copa, siendo éste el primer doblete en la historia de la Bundesliga. El secreto había sido cambiar el estilo atacante del equipo para consolidar la defensa. Sin embargo, en la campaña siguiente las cosas no empezaron bien y fue cesado prematuramente. La relación entre Zebec y el vestuario parece ser que tampoco era la mejor debido al tono grosero usado por el técnico y, sobre todo, a sus rígidos métodos de entrenamiento.

Su siguiente destino como entrenador fue en 1970 el VfB Stuttgart, un conjunto que aspiraba a instalarse en la parte alta de la liga y que para ello se había reforzado con buenos jugadores. Parecía el destino perfecto para un técnico ambicioso como Zebec. Sin embargo, ni técnico ni club lograron satisfacer sus expectativas a lo largo de dos decepcionantes temporadas saldadas con una 8ª y una 12ª posición, por lo que  ambas partes decidieron poner punto y final a su relación con un par de meses de antelación.

Branko decidió entonces regresar a Yugoslavia para tomar las riendas del Hajduk Split formando tándem con Tomislav Ivic, técnico que posteriormente tuvo una larga y notable trayectoria en el fútbol europeo, y que en 1990 aterrizó en España para dirigir al Atlético de Madrid. El cuadro croata sorprendió a todos alcanzando las semifinales de la Recopa, pero el Leeds United les apeó de la competición en una igualada eliminatoria resuelta por un único gol. Ese ha sido hasta hoy el mayor logro europeo del Hajduk. Además, Zebec llevó al equipo a lograr la Copa yugoslava tras derrotar en la Final al Estrella Roja.

Tras un año en blanco, en 1974 Branko hizo las maletas de nuevo y volvió a Alemania para ponerse al frente del Eintracht Braunschweig, un conjunto que en 1967 había logrado ganar la Bundesliga pero que en 1973 acabó con sus huesos en la segunda división. Tras retornar a la Bundesliga tan solo una temporada más tarde, y con el apoyo de un patrocinador como Jägermeister (primer sponsor que lució en su camiseta un equipo alemán), los de Braunschweig pronto se convirtieron en uno de los animadores de la competición. Zebec logró imprimir al equipo su sello, lo que se tradujo en un fútbol fresco y eficaz que a punto estuvo de coronarse en 1977, cuando el Eintracht finalizó en 3ª posición a solo un punto del campeón, el Borussia Mönchengladbach.

Zebec desembarca en el HSV

Tras ganar la Copa en 1976 y proclamarse campeón de la Recopa europea en 1977, el Hamburger SV había decidido apostar fuertemente por un proyecto destinado a lograr un campeonato liguero que se le resistía desde 1960. Y Branko Zebec parecía el hombre adecuado para tal misión. El HSV, que en 1977 se había gastado una fortuna para contratar a Kevin Keegan, el por entonces mejor jugador de Europa, venía de una temporada decepcionante. Aún así, disponía de buenos jugadores (Kargus, Kaltz, Nogly, Magath, Memering…), a los que en 1978 se unieron Hartwig y Hrubesch, que llegaron de la mano de Zebec.

La clave era generar química de equipo entre ellos e integrar al fenómeno Keegan en ese bloque. Al contrario de lo que le había sucedido diez años antes en el Bayern, a Zebek no le resultó complicado trabajar con un vestuario lleno de figuras como era el del HSV. En general, se trataba de jugadores de buen carácter y fáciles de llevar, los cuales –además- aceptaban de buen grado los particulares planteamientos tácticos del nuevo entrenador. Y es que Zebec, antiguo estudiante de Matemáticas y Física, era un extraordinario estratega futbolístico.

Y la cosa no pudo funcionar mejor. El HSV logró proclamarse por primera vez en su historia campeón de la Bundesliga, y lo hizo siendo el equipo más goleador y el menos goleado del campeonato. Aquel éxito desató la pasión a orillas del Elba. El HSV llegó a la última jornada ya como campeón gracias al punto logrado en la jornada 33ª en Bielefeld (0-0) en un partido jugado con 45 grados. Poco importó que los hanseáticos perdieran su último encuentro por 1-2 ante el Bayern de Munich. Terminado el mismo, los aficionados de la Westkurve, la grada más radical del equipo, decidieron invadir el estadio para festejar el título junto a los jugadores, produciéndose escenas de pánico, avalanchas y más de 70 heridos.

Sin embargo, en su segunda campaña al frente del equipo las cosas no acabaron todo lo bien que se presagiaban. En el tramo final de la temporada el HSV dejó escapar en Madrid la posibilidad de haberse proclamado campeón de Europa tras perder por 1-0 ante el Nottingham Forest, y cuatro días antes había tirado por la borda un campeonato liguero que parecía tener en el bolsillo. Los propios jugadores acusaron a Zebec de ser el gran culpable debido a sus estrictos métodos disciplinarios.

Y es que el técnico yugoslavo defendía la idea de que, cuánto mejor juega un equipo, más duro hay que entrenar. Y la consecuencia fue que el equipo llegó físicamente fundido al tramo decisivo de la temporada. En este sentido, Branko Zebec siempre fue un entrenador duro, exigente y de métodos casi dictatoriales. Sin ir más lejos, Felix Magath ha sido como entrenador la viva reencarnación de Zebek, con quien trabajó durante dos años y medio y a quien admiraba profundamente.

Es legendario uno de sus métodos de entrenamiento: cuando a sus jugadores les tocaba correr, cogía un puñado de guijarros y a cada vuelta que aquellos daban se iba deshaciendo de uno, así hasta que su mano quedara vacía. El problema era que, a veces, Zebec cogía más piedras de la cuenta…

Sus problemas con la bebida

A comienzos de la tercera campaña al frente del HSV se hizo evidente un problema que no era nuevo, aunque sí poco conocido, y que terminaría costándole el cargo a Branko Zebec: el alcoholismo. Ya en 1976, durante su etapa en el Eintracht Braunschweig, se habían registrado algunos episodios relacionados con su adicción a la bebida, pero nada comparado a lo que vendría ahora.

Incluso ya en la segunda temporada con el HSV no faltaron tampoco las “escenas” desagradables, aunque las mismas no fueron tan frecuentes, o al menos, no tuvieron tanta repercusión. Sus propios jugadores eran conscientes del problema y, a pesar de todo, hacían lo posible por superar la situación y tratar de sacar al equipo adelante. O al menos así fue hasta llegar al tramo final del ejercicio 1979/80.

Y es que, tras la final de la Copa de Europa de 1980, los jugadores del HSV necesitaban espantar su frustración por la derrota y organizaron una fiesta en el Hotel “Monte Real”, donde se alojaban sus mujeres y novias. A las 2 de la mañana, Zebec llamó a cinco taxis y ordenó a sus jugadores irse a dormir. Sin embargo, cuando éstos llegaron a su hotel, continuaron la juerga casi hasta el amanecer. Es cierto que tres días después el HSV se jugaba el campeonato liguero en la última jornada, pero no dependía de sí mismo y nadie creía en un tropiezo del Bayern. Por contra, ese gesto de “rebeldía” demostró que los jugadores estaban unidos y que ya no seguían a rajatabla los dictámenes de su entrenador.

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De vuelta a Hamburgo, el técnico Branko Zebec decidió suspender el entrenamiento: “Yo no entreno con borrachos”, dijo a la prensa. Los jugadores del HSV se vieron a los pies de los caballos sin necesidad ninguna y decidieron hacer públicos ante las cámaras de TV los problemas de alcoholismo de su entrenador. Entre otras cosas, señalaron que en esa temporada, de camino hacia Dortmund, la policía había detenido a Zebec por conducir ebrio (dio una tasa de 3,25 por mil). Luego se supo que a raíz de aquel incidente le retiraron durante nueve meses el carnet de conducir y le impusieron una multa de 20.000 marcos alemanes.

En ese partido, disputado apenas un mes y medio antes, el técnico dio también evidentes muestras de embriaguez en el banquillo, llegando incluso al punto de quedarse dormido durante el mismo. Cuando los jugadores llegaron al vestuario, Zebec les dijo: “¡Hemos perdido 2-0!. Ya no se puede hacer nada. ¡Tenemos que ganar el próximo partido!”. Y se fue a dormir al autobús del equipo. Lo grave del asunto es que el encuentro estaba en el descanso y que era su propio equipo el que iba por delante en el marcador…

Aquello fue una verguenza”, señaló Magath ante las cámaras, añadiendo seguidamente que “a pesar de que conocíamos sus problemas con el alcohol, siempre le habíamos respaldado hasta ese momento”. Por su parte, Kaltz declaró a la prensa que “estoy muy decepcionado tras lo de Dortmund. No era la primera vez, pero ese día perdió el control sobre la plantilla”. En aquella ocasión el HSV terminó empatando 2-2 un partido que ganaba por 0-2 al descanso.

Aún con todo, el inicio de la temporada 1980/81 transcurrió por unos cauces más que normales en el plano futbolístico. De la mano de Branko Zebec, el HSV era líder de la Bundesliga al finalizar la primera vuelta, habiendo ganado 13 de sus 17 partidos, con 2 empates y otras tantas derrotas. Sin embargo, en su último partido al frente del equipo, saldado con un claro triunfo por 0-3 en Bochum, estaba tan bebido que el manager del HSV, Günter Netzer, tuvo que llevárselo de la sala de prensa. Era el 13 de diciembre de 1980. Precisamente por esa razón, el técnico yugoslavo hacía semanas que tenía prohibido ofrecer ruedas de prensa y hacer declaraciones a los medios.

Fue el último episodio, pero ni mucho menos el único. Tres días antes de aquel partido en Bochum, el HSV había encajado un escandaloso 0-5 ante el Saint Etienne de un tal Michel Platini en la Copa de la UEFA. La charla que Branko Zebec dio a sus jugadores en el vestuario antes de salir al campo duró… ¡dos minutos y medio! Pero eso no fue nada. Se cuenta que en otra ocasión, a la hora de explicar la táctica previa, hizo una larga pausa y les dijo: “¡Jugad al fútbol!”.

Finalmente, el 16 de diciembre de 1980 el HSV se vio obligado a prescindir de un técnico que, a pesar de todo, se había convertido en un tipo tremendamente querido por los aficionados, e incluso también por la directiva y los propios jugadores. El vicepresidente del HSV, Ernst Naumann, habló en nombre de la entidad: “Todo esto es una gran tragedia humana. Solo cuando se aprecia tanto a una persona es posible trabajar durante tanto tiempo con ella, aunque sea un alcohólico. Günter Netzer ha hecho todo lo posible por ayudarle, pero ya no tiene fuerzas…”.

Aún con todo, no le sería tan sencillo al HSV “librarse” de Zebec. El 2 de enero de 1981, tras el parón invernal, se presentó en Hamburgo para iniciar los entrenamientos de cara a la segunda vuelta. En Ochsenzoll, el lugar donde entrenaba el equipo, los aficionados colgaron una gran pancarta que decía: ¡HAMBURGO QUIERE A ZEBEC OTRA VEZ! Sabedor de que se trataba de una cuestión económica, el presidente del club se lo llevó aparte y le ofreció una indemnización de 120.000 marcos, pero Zebec quería cobrar al menos la mitad de su contrato, que duraba hasta 1982, y que suponía unos 250.000 marcos.

Los jugadores, que fueron citados por la directiva para comunicarles que Zebec no sería más su entrenador, se pusieron de parte del técnico. “El Sr. Zebec ha hecho un magnifico trabajo con el equipo, así que yo no le echaría”, expuso Horst Hrubesch; “Esta situación es cómica. ¿Cómo pueden venir a pedirnos a los jugadores que testifiquemos contra Branko Zebec?”, manifestó Jürgen Milewski. Por su parte, Ditmar Jakobs no pudo ser más claro: “Cualquiera en el club sabe que los jugadores consideramos que es un error el cese del entrenador”.

Finalmente, el 20 de enero de 1981 las dos partes se pusieron de acuerdo y Branko Zebec dejó de ser oficialmente el técnico del HSV previa indemnización de 250.000 marcos, justo lo que el técnico exigió desde el principio. Su puesto sería ocupado por su ayudante Aleksandar Ristic, a quien Zebec había traído al Eintracht Braunschweig como jugador, y que sería el encargado de coger las riendas del equipo hasta la llegada del austriaco Ernst Happel, con el que ya existían conversaciones de cara a la temporada siguiente.

Sus últimos coletazos

De cara a la temporada 1981/82 Zebec decidió darse a sí mismo una nueva oportunidad y aceptó la oferta del Borussia Dortmund. Y lo más increíble de todo es que logró aupar a los aurinegros a una brillante 6ª plaza, la mejor posición del equipo en los últimos 12 años, y de pasó lo clasificó para la Copa de la UEFA. Sin embargo, su alcoholismo seguía siendo claro y manifiesto, tanto que durante un partido se llegó a caer del banquillo. Sin embargo, eso no fue lo más grave. A finales de 1981 provocó un accidente de tráfico por conducir ebrio, siendo condenado a cuatro meses de libertad condicional, multa de 25.000 marcos y medio año de privación del carnet de conducir. Incidentes como éste obligaron a la directiva borusser a no renovarle el contrato y dejarle marchar.

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De esa manera, Zebec empezó la siguiente campaña sin un equipo al que poder dirigir. Sus circunstancias, aireadas por la prensa, eran ya públicas y notorias, por lo que ningún club deseaba arriesgarse a contratar sus servicios. Así transcurrieron los meses hasta que el Eintracht Frankfurt, una centidad con tradición a la hora de cesar a sus entrenadores, decidió recurrir al yugoslavo para hacerse cargo de su plantilla, colista de la Bundesliga en esos momentos. Branko volvió a cumplir y dejó a los de Frankfurt en una más que decente 10ª posición, pero a inicios de la temporada 1983/84 también él terminaría siendo cesado.

Tras ese capítulo, Branko Zebec optó por abandonar Alemania para regresar a su Zagreb natal, donde por un breve periodo de tiempo se hizo cargo del Dinamo Zagreb, precisamente el conjunto en el que se había iniciado como técnico en 1965. Corría el año 1984, y solo cuatro más tarde, concretamente un 26 de septiembre, Branko Zebec fallecía a consecuencias de los irreparables daños causados en su organismo por la bebida.

En 1970 había sido operado del páncreas, una enfermedad de la que nunca se recuperó y en la que, curiosamente, el alcohol era una de las cosas a evitar. Sin embargo, Zebec encontró en la bebida una manera de paliar los dolores que frecuentemente sufría. Como él mismo dijo: “Solo soy un pobre hombre…”.

Nos dejaba así, a la temprana edad de 59 años, uno de los técnicos más brillantes de la historia de la Bundesliga.

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