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Ilicic, el solista de Paulo Sousa

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No concede sonrisas y cuando las esboza tímidamente, le cuelgan demasiado forzadas de una figura que se mostraba hasta hace bien poco como aparentemente ajena a todo lo que le rodeaba con suma frecuencia. Este niño de la Guerra de los Balcanes que no conoció a su padre debido al conflicto bélico, de ascendencia croata y obligado a huir de su Prijedor natal en Bosnia hacia la Eslovenia en la que creció y desarrolló su fútbol, nunca recibió demasiado de nadie por lo que se acostumbró a no necesitarlo y tampoco a pedirlo. Y sin embargo, Paulo Sousa se lo ha dado de todas formas.

Tras haber estado con pie y medio fuera de la Fiorentina en los últimos mercados (en la órbita del Torino el pasado enero y muy cerca del Bologna en verano) y ser su actual técnico el que en última instancia frenó su salida del club, Ilicic ha dejado atrás de forma contundente las dudas constantes y los pitos ocasionales que le dedicaba el Artemio Franchi y que ponían el acento de la crítica en su laxitud, su frialdad, su inconsistencia, su escasa continuidad y su nula intensidad sobre el verde para convertirse, pocos meses más tarde, en uno de los activos más importantes actuales de una Fiorentina post-Montella que sueña con aspirar al Scudetto hasta el final de la temporada.

La situación del esloveno ha dado un giro radical. Ilicic ha encontrado el perfecto acomodo en la zona derecha de la línea de mediapuntas del 3-4-2-1 tan particular, ambicioso y funcional que ha diseñado Paulo Sousa. Con una línea de cuatro medios por detrás y con Borja Valero en el otro costado, como encargado de bajar a recibir, manejar con más raciocinio y peso la posesión e insertarse más en la primera fase de la construcción de juego; Ilicic se siente mucho más liberado que nunca, despegado de los roles diversos que le otorgaba Montella como hombre más pegado a la banda o incluso como falso nueve. Junto al centrocampista español, Ilicic es el elemento principal de la serenidad y actitud dominadora que entrevera toda la fase ofensiva viola y cuyo gran reto global es alcanzar su tope de competitividad también ante los rivales grandes. Si Valero es el cerebro, el esloveno es el brazo ejecutor de la ideología atacante de Sousa.

 

Es evidente que la salida de un dinamitero que actuaba por su mismo carril como Salah le ha beneficiado hasta el punto de que Ilicic no seguiría en Florencia si el egipcio no la hubiese cambiado por Roma o, en su defecto, sería un suplente habitual. Ese espacio de libertad sin cortapisas favorece su perfil más incisivo, le concede manga ancha para el lucimiento personal y le deja exento de grandes responsabilidades en cuanto a cierre de espacios y retorno defensivo. Una zona y una condición que el esloveno se ha quedado para sí y que ha utilizado para relanzarse y conquistar su particular y necesaria revancha como futbolista viola.

Es precisamente ahí donde lo mejor de su repertorio ha salido a relucir: las conducciones hacia la frontal, el toque ágil, el pase vertical y el chut desde fuera del área tras ejecutar su típico regate de arrastre y amago seco con el que podría llegar hasta el córner contrario si quisiera. Todo ello ejecutado con su zurda de quilates, una de las mejores del campeonato, de la que hace buen uso, ya que el balcánico es junto a Insigne, Candreva y Pogba, el cañonero de la Serie A que más prueba el disparo al arco desde la larga distancia.

Dentro del nivel parejo, equilibrado y de roles muy específicos en cada posición que presenta la Fiorentina en su once titular en todas las líneas, Ilicic ha adquirido galones de figura sin serlo completamente y sin quererlos explícitamente pero sostenidos por su destapada continuidad y renovada determinación y, sobre todo, por unos números intachables que le convierten en el centrocampista más productivo del Calcio y le sitúan únicamente por detrás de tres killers como Higuaín, Éder y su compañero Kalinic en la lista general de máximos goleadores. Con sólo media campaña disputada, Ilicic ya presenta sus mejores guarismos como jugador de la Fiorentina y está muy cerca de alcanzar su récord personal: los quince goles producidos, con ocho tantos y siente asistencias, que sumó en su primer año en Palermo.

 

Pero no sólo de apariciones efectivas vive Ilicic en el ecosistema viola. El esloveno es un elemento ideal para los ataques posicionales de su equipo, es un asegurador de pases de continuidad si la jugada lo requiere y ésta le obliga a tener que jugar en corto o de espaldas. Además, con un socio de primera categoría como es Bernardeschi en el carril contiguo, Ilicic se desprende de la banda y de sus esfuerzos y la Fiorentina aglutina mucha calidad por el sector derecho para que la circulación fluya, ya que la combinación es otra de sus especialidades. No sería parte crucial de ese reino del buen pie que es el club viola desde hace años en la Serie A y del conjunto con mayor posesión y acierto de pases del campeonato actual si no fuese así.

Sousa le ha dado licencia total para fluctuar por el frente de ataque y para que Ilicic, desde su calma inherente, imprima velocidad a la zona de arriba con su buena zancada, su gran olfato para saber cuándo profundizar mediante un pase y para leer a las mil maravillas los buenos y cuantiosos desmarques de Kalinic, a quien le ha brindado ya tres de sus cuatro asistencias y con el que conforma una de las conexiones más fructíferas del Calcio.

A Ilicic no le gusta sudar, nunca le ha gustado y no sería muy arriesgado decir que pocas veces lo ha hecho. Su definición de futbolista es el antónimo de la brega y de un repliegue activo. Ni siquiera sabe meter la pierna. Sin el balón cerca, el balcánico cabecea, camina, frunce el ceño y el empeño pero bajo la tutela de Paulo Sousa ha dejado de tener que pagar por ello, sin tener que cambiar ni un ápice su impronta, para cobrárselo en importancia dentro de una estructura grupal que le permite ser el verso libre integrado y justificado por sus apariciones siempre decisivas y por su técnica al servicio del colectivo.

 

Lo suyo no es inspiración, es esencia. Su fútbol forma parte de su propia personalidad. Austero, sin requerir cabriolas, vertical, conductor y lanzador, pleno de calidad pero un tanto indefinido y sin ninguna voluntad de destacarse individualmente para con los demás sino más bien hacia sí mismo. No es un extremo, no es un interior, tampoco un delantero y ni siquiera un mediapunta al uso pero sí es un catalizador de juego de primer nivel, un adalid del toco y me voy en tres cuartos de cancha, un aglutinador de rivales para soltar y generar ventajas, un talento eficaz, esencial para imprimir una rapidez precisa que marque la diferencia, y un futbolista que rara vez no consigue tomar la mejor elección posible a través de la calidad de una zurda típicamente balcánica que ha pasado a destacar infinitamente más por sus apariciones que por sus desapariciones.

El centrocampista más productivo de Italia (nueve goles y cuatro asistencias hasta el momento) es también el mejor lanzador de penaltis de todo el campeonato. Y no es un asunto menor. Ilicic ha convertido las seis penas máximas que ha intentado hasta ahora sin dar opción al arquero rival en ninguna de ellas y ha dado así, con su contundencia infalible desde los once metros, nueve puntos valiosos a lo suyos solamente por esta vía, siendo su gol de penalti el decisivo para hacer la diferencia mínima necesaria en el marcador para amarrar la victoria en tres ocasiones.

Con su espacio conquistado, con las dudas soterradas y con un Paulo Sousa que le ha dado la libertad y las concesiones y condiciones necesarias para que siga rindiendo a este nivel, Ilicic es ahora una pieza trascendental y de difícil reemplazo para esta ilusionante Fiorentina. Tanto es así que ha pasado de estar en el mercado una y otra vez cada seis meses, a encontrarse muy cerca de estampar su firma en un nuevo contrato que lo legue al club viola hasta 2020 y a que cada tifoso viola le eche de menos si el esloveno no está sobre el terreno de juego. El niño que tuvo que adaptarse a todas las circunstancias prácticamente desde que nació, ha conseguido que por fin sean éstas las que se adapten a él. Y eso era, nada más y nada menos, lo único que necesitaba Ilicic para poder brillar en Florencia.

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