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El regreso del Valencia

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En realidad nunca se fue. El Valencia pudo mantenerse, a pesar de tambalear y encontrarse tan cerca del abismo. La pasada campaña, una permanencia barata fue el primer aliado para agarrarse a la salvación.
Dos temporadas consecutivas terminando en duodécima posición, tan alejado a sus objetivos y a todas las esperanzas que, inicialmente, había depositado Peter Lim.

El Valencia se había convertido en una montaña rusa de sensaciones. Escaló anteriormente, en la temporada 2014-2015, hasta alturas europeas, clasificándose para Champions League tras tres años. La presencia a tal nivel no duró demasiado. La caída libre fue veloz y sonada.
La afición, el primer juez en dictar sentencia, tuvo clara su protesta desde el primer momento. La era Nuno, aquella que se había expuesto como duradera, iniciaba su declive tras aquellos primeros cánticos que le causaron disgusto al técnico.
No convencía el juego ni los resultados. Todo ello era motivo suficiente como para no considerar precipitado su dictamen, por encima de lesiones y de la convivencia entre varias competiciones. Algo que provoca un desgaste considerable y exige disponer de una plantilla más amplia y recursos competitivos.

Nuno se bajó del barco antes de que le obligaran abandonar, dejando 19 puntos de los 39 posibles en las jornadas disputadas.
Los nuevos líderes fracasaron. Uno a uno. Gary Neville tomó los mandos el 3 de diciembre de 2015. El breve paso del que fue jugador del Manchester United, se firmó con 10 victorias, siete empates y 11 derrotas.
Pako Ayestarán terminaría esa temporada dirigiendo el banquillo ‘ché’. Sin embargo, la siguiente edición de La Liga sería corta para él. Tras cuatro derrotas consecutivas, dejando al Valencia como colista, fue destituido.
Los números de Cesare Prandelli tampoco fueron mejores. Su paso se resume en ocho partidos, de los cuales solo uno se convirtió en tres puntos. La falta de fichajes le hicieron tomar la decisión de abandonar.
Una vez más, Voro cumplió como médico de guardia, entregando un ápice de la esperanza que había sido arrebatada al valencianismo.
Junto a Zaza, una de las figuras clave del terreno de juego. Procedente del West Ham, vino sin ver portería. Y si las estadísticas no estaban a su favor, se encargó de romper la relación del fútbol con los números. Simone tenía ganas, hambre y una ineludible necesidad de sentirse importante.

No fue suficiente que Voro hubiera diagnosticado las fracturas. Tampoco que cuidara de la que es su familia.
El anuncio de Marcelino como nuevo técnico del Valencia se gestionó con el de La Alcudia a cargo del equipo. Algo que evidenció la necesidad de comunicar un cambio para rebajar la tensión.

La vigente temporada no arrancaría con quietud ni fe. Las plegarías por volver a asentarse en su lugar no eran constante rutina, sino un férreo e irremediable deseo por desbancar al aprieto que le había perseguido durante los últimos años.
Los medios, escépticos, contagiaban la duda al aficionado.
Sin embargo, los cambios llegaron de la mano de Marcelino García Toral. El nombre de Parejo dejó de ser un debate. Los jugadores cedidos que no ilusionaban, a rendir.

A día de hoy, el Valencia está de regreso. Su nombre en el segundo lugar de la clasificación es claro signo de su retorno. Aunque es cierto que solo se han disputado ocho jornadas de las 38 que completan el calendario de Liga, hay unas claras intenciones sobre la línea que el Valencia quiere seguir.
A falta de una óptima gestión en los últimos años, el fútbol ha dado un paso al frente.
Hoy por hoy, con su juego, es uno de los equipos más atractivos para el espectador.

Si siempre se ha entonado “Amunt Valencia”, no podía ser de otra forma. Levantarse, hacia arriba. A flote, para llegar a la orilla sin ahogarse en otro intento. Esta vez el Valencia está de vuelta y la incredulidad quedó atrás.

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