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El regreso de Torres y el síndrome de Peter Pan

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Fernando Torres vuelve al Atlético de Madrid y la nostalgia se apodera de mi cuerpo de cuarto de siglo. Tal vez porque la melancolía invade nuestros hogares con los niños de San Ildefonso, quizás porque los nostálgicos nos agarramos a un clavo ardiendo para seguir teniendo edades que nunca más tendremos.

No soy del Atleti, ni fan de Torres, ni siquiera lo fui cuando forraba las carpetas de las adolescentes. Es más, hasta me fastidiaba que le quitara el puesto a Fernando Morientes en la Selección. Pero cada vez me quedan menos excusas para volver a sentir los quince años, el viaje de fin de curso, el primer amor y otras aventuras que ya no volverán. Y ésta es una cojonuda, para que nos vamos a engañar.

Torres fue el icono de mi generación no sólo en lo estrictamente futbolístico, sino también en aspectos extradeportivos que los adolescentes adoptamos como dogmas de fe: vaqueros rasgados, botas llamativas, peinados extravagantes… Y otros en los que afortunadamente algunos no caímos: tintes, tatuajes, pendientes… Los colegios, los campos de fútbol, las calles en definitiva estaban pobladas de Fernando Torres, pero un día esos niños se hicieron grandes al mismo tiempo que ‘El Niño’ cogía su hatillo y empezaba un trayecto que fue de más a menos.

Comenzó fulgurante en Anfield, donde fue un ídolo y anotó el gol que nos dio la primera Eurocopa en color. En Londres, sin embargo, entró en barrena y sus cifras se redujeron considerablemente. Entre medio, un palmarés envidiable: Mundial, Champions, UEFA, otra Eurocopa, Balón de Bronce, Bota de Oro de la Eurocopa y de la Copa Confederaciones… Pero ya no era él, al menos no era el Fernando Torres de 2005, como tampoco era yo el de 2005. El tren de la vida, que no espera a nadie en el andén.

Sin embargo, Simeone, que compartió vestuario con Torres entre 2003 y 2005, parece haberse empeñado en darle una manita de pintura. Y a Simeone hasta el momento no se le puede discutir ningún antojo. Le comentaba yo a un amigo de los del Atleti de toda la vida que ambos (Simeone y Torres) tienen mucho que perder; la Liga el Atlético ya la ha vuelto a ganar y vuelve a tutearle al Real Madrid tras una racha nefasta. Pocas misiones le quedan a Torres, por tanto, por cumplir en su vuelta para proclamarse héroe. Sólo a lo lejos los más soñadores otean un gol suyo que valga una Champions. Merece la pena esperar.

Sólo el paso de las jornadas nos dirá si el regreso de Torres ha sido un acierto o si simplemente resulta como volver con tu ex novia, es decir, un error. Lo que parece claro es que a Diego Pablo Simeone le gustan los retos y que Torres, que viene de seis meses aciagos en Milán, deberá lidiar con el fantasma de la fallida vuelta de Futre, con una afición ya acostumbrada a ganar -y no a sufrir como cuando se fue- y, por supuesto, consigo mismo.

Deseo honestamente que le vaya bien, que vuelva a meter goles con el Atlético y que afloren recuerdos pasados que tanto necesitamos los que nos resistimos a crecer del todo. Quizá sea la última oportunidad de Fernando Torres de demostrar que todavía es un futbolista de primer nivel, pero es mucho más que eso, quizá sea la última oportunidad de sentirme como ya no volveré a hacerlo jamás.

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