Deporte con estilo

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El amplio recetario de la Fundéu para informar sobre la Liga de fútbol

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A veces uno llega a preguntarse cómo los periodistas podíamos apañarnos sin las recomendaciones lingüísticas de la Fundéu antes de que esta empezara a existir, allá por 2005. La labor de seguimiento diario que realiza esta institución para velar por el buen uso del español en los medios de comunicación es ciertamente impagable para aquellas personas que tenemos en el idioma nuestra principal herramienta de trabajo. Gracias a sus píldoras de estilo, tanto en la web como en redes sociales, hallamos respuestas y soluciones a dudas lingüísticas que surgen continuamente y para las que el diccionario en muchos casos resulta insuficiente.

En marzo de 2013 la Fundéu creó su sección La Liga BBVA del Español Urgente con el fin de profundizar en ese otro idioma universal llamado fútbol a través de crónicas, ‘las jugadas lingüísticas‘ o pizarras explicativas y breves análisis de palabras y expresiones muy utilizadas por los periodistas deportivos durante sus coberturas de los partidos de la Liga española.

Ahora, dos años y medio después, la fundación ha publicado un libro electrónico con una selección de sus mejores consejos sobre el buen uso del idioma en un ámbito tan dinámico y creativo como el deportivo. Como señala el principal responsable de esta sección, David Gallego Barbeyto, “el español, como el fútbol, es patrimonio universal” y esta obra “no es sino nuestra modesta contribución a esta rica cantera idiomática, cuyas continuas invenciones hacen del lenguaje deportivo un vergel de hallazgos y metáforas inimaginables”.

Las palabras tienen vida propia y evolucionan, adquieren nuevos usos y amplían sus significados. Esta es una realidad que cobra su máxima expresión en el lenguaje del fútbol, siempre vivo, caracterizado por una libertad estilística que suele escapar a criterios estrictamente normativos. En cierto modo, la Fundéu demuestra que es preciso ampliar la mirada y no fundamentarla tanto en ese purismo idiomático academicista tradicional para tratar de entender los originales mecanismos de creación léxica que se producen en este lenguaje de alcance universal.

El libro, que se estructura en 38 capítulos, tantos como jornadas conforman el campeonato liguero de Primera División en España, se detiene en aspectos lingüísticos genuinos de este tipo de periodismo como el uso y abuso de palabras extranjeras, la forja de nuevas palabras y significados, el empleo habitual de figuras retóricas como recurso estilístico (metáforas e hipérboles, sobre todo), la abundancia de clichés, así como la advertencia sobre impropiedades léxicas y errores gramaticales que se deslizan con frecuencia en las páginas y espacios deportivos.

Así, por ejemplo, la Fundéu aconseja escribir juez de línea antes que linier; y entrenador, preparador o técnico mejor que míster (también válida); diferencia derbi (mejor que derby, es decir, partido de la máxima rivalidad casi siempre entre equipos de una misma ciudad o región) de clásico (que, escrito en minúscula y basándose en el Libro de Estilo Marca, lo define como ‘encuentro disputado entre dos equipos de un mismo país, ambos muy laureados y relacionados por una rivalidad que persiste en el tiempo’); señala triplete y tripleta como alternativas en español a hat-trick; as, fenómeno o crac antes que crack; aboga por grogui (no groggy) y zona de hinchas mejor que fan zone; y recuerda que el plural del córner es córneres, de la misma forma de que el de récord es récords, todos ellos castellanizados con tilde.

Por otra parte, la obra se centra en neologismos como sextuplete (no sextete) para referirse a la consecución de seis títulos sucesivos; jugón, que usa como elogio pese a que el sufijo –ón cuando se combina con verbos aporta siempre un sentido peyorativo (de chupar, chupón; de preguntar, preguntón; de mirar, mirón…);  tiquitaca (escrito también, según el medio, como tikitaka o tiqui-taca, por lo que “resulta oportuno unificar su grafía y aplicar criterios coherentes”); rechace, ya admitido en la vigesimotercera edición del Diccionario académico con el significado de ‘en el fútbol y otros deportes, acción de rechazar’; o la productividad del sufijo -ismo, presente en términos como cholismo, cerocerismo o resultadismo (“puede añadir numerosos matices a la palabra a la que se incorpora, desde la idea de doctrina hasta la de conjunto de seguidores, desde sugerir enfermedades hasta reflejar actitudes”).

Igualmente, el texto recomienda evitar incorrecciones semánticas o gramaticales: la defensa hace agua (que no aguas); la misma área o la otra área (es voz femenina): entre palos o bajo palo (no es correcto bajo palos, ya que solo es posible estar debajo de un palo); las faltas se señalan (no se señalizan, que equivale a colocar señales en un lugar determinado); favoritismo, preferencia injusta por algo o alguien, al margen de sus méritos, no es adecuado emplearlo con el sentido de condición de favorito; liderato y liderazgo no significan lo mismo (el primero se refiere a la ‘persona o equipo que va a la cabeza de una competición deportiva’, mientras que el segundo a la persona a la que un grupo sigue reconociéndola como adalid); envergadura no es sinónimo ni de altura ni de estatura (es la medida de una persona tomada desde la punta del dedo corazón de una mano a la otra, con los brazos en cruz); el Osasuna y no Osasuna (“lo recomendable para referirse a los equipos de la Liga BBVA es mantener el artículo”); los azulgranas y no los azulgrana; el equipo che (sin tilde) mejor que ché; y fallar la ocasión es mejor que perdonar, si bien admite que el diccionario Clave recoge perdonar como ‘desperdiciar las ocasiones de meter gol’.

La flexibilidad del idioma y su evolución a través del uso entre la población hace que en ocasiones haya más de una manera correcta de expresar un concepto o jugada (es tan admisible el plural fueras de juego como fueras de juegosganar por o ganar de son igualmente válidas), si bien puede ocurrir que la coexistencia de dualidades se deba a criterios cambiantes de la propia Academia, como el caso de clubsclubes. Este último apareció en la vigésima edición del Diccionario de la lengua española como plural de club, detalle que en las dos últimas ediciones de la obra académica desapareció. Tras la confusión propiciada por la propia Academia hace más de treinta años (creó un uso en los medios y los ciudadanos), hoy son aceptables ambas formas.

El dinamismo que caracteriza a este lenguaje especial hace que las metáforas, sean geométricas (rectángulo de juego), culinarias (entró hasta la cocina) o procedentes del mundo del espectáculo y el arte (hacer la estatua, hacer teatro, miedo escénico), cuando son reiteradas en su uso periodístico acaban convirtiéndose en clichés. Estos son muy comunes, sobre todo cuando hablamos de goles (gol tempranero, gol fantasma, manita o póker, gol psicológico, gol que abre la lata o que da la puntilla) o de otras circunstancias del juego (partido de guante blanco) para las que, si es preciso, se recurre a hipérboles constantes (eterno rival, partido del siglo, goleada de escándalo).

Si el idioma español crece por el lado futbolístico es, en buena medida, gracias a las aportaciones de América. Por eso, cuando se utiliza una primera referencia en un texto, hallamos multitud de posibilidades sin necesidad de resultar repetitivamente cansinos y aburridos (la Fundéu señala, por ejemplo, que portero tiene como equivalentes a arquero, golero, cancerbero, metaguardarredes o cuidapalos, entre otras muchas opciones). De la misma forma, hay que tener presente que cuando se habla de fútbol también lo hacemos de futbol (tal como se pronuncia este deporte en México o en Centroamérica). La diversidad de nuestro idioma es lo que lo engrandece y lo que nos permite enriquecer nuestro léxico entre un mayor abanico de opciones.

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