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El Real Zaragoza y el mito de Sísifo

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Las historias importadas de la antigua Grecia siguen sirviendo de fuente de inspiración para la enseñanza y nos muestran acertados valores vitales. En la Odisea, encontramos una leyenda protagonizada por un personaje llamado Sísifo. Este representante de la mitología griega fue condenado por Zeus a tener que empujar una voluptuosa roca hasta la cima de una empinada montaña durante toda la eternidad. Sísifo estaba preso hasta el fin de los tiempos a transportar esa roca que, una vez transportada a la cima, caería por su propio peso hasta el principio, eternizando el tormento de volver a tener que subirla.

Una historia que se repite en bucle; una agonía constante, prolongada cada segundo al tener que volver a cargar con ese gran pedrusco. El auténtico tormento no es el desgaste físico que implica esta acción, sino el factor psicológico. La decepción de ver que tus esfuerzos no han servido y no te queda más remedio que volver a empezar desde el punto de partida para buscar lograr aquello que ansias y mereces, el acabar de una vez con esta pesadilla.

Esta leyenda la lleva grabada a fuego el Real Zaragoza en los últimos años. Cuatro años en las tinieblas de una categoría que, diga lo que digan algunas voces oportunistas, no es propia de este club. Una angustia perpetua que no parece augurar un final cercano. Un Sísifo reencarnado en león, que empuja esa enorme roca jornada tras jornada; con tropiezos en el camino, escasos momentos de júbilo y múltiples zancadillas (algunas inevitables, otras totalmente prescindibles). Un camino duro, con el resquemor de las fatídicas experiencias pasadas, pero con la ilusión de que esta vez, puede ser la buena. Una ilusión que moviliza al zaragocismo y ayuda a cargar con semejante peso.

Foto: Real Zaragoza

Lo realmente desgarrador es ver como, al estar tan cerca de la cima, cuando todo parece que llega a su final, ese enorme pedrusco cede y se acaba volviendo a la partida de salida. Una sensación espantosa para el aficionado zaragocista, que año tras año tiene que repetir el mismo recorrido, cargado de las mismas sensaciones y un final siempre similar. Un tenebroso deja-vú.

Lo que nos quiere decir esta historia es la dura obligación de buscar escapar de lo negativo. El no acostumbrarse al fracaso, aprender de las constantes decepciones. Aunque, cuando siempre fallas en lo mismo, hay que empezar a sospechar que algo se hace realmente mal. La vida no consiste en celebrar éxitos, sino ser feliz superando derrotas. El Real Zaragoza tiene otra oportunidad en sus manos de obrar una gesta histórica; sacar al equipo de un agujero negro en el que jamás se había quedado atrapado.

Sísifo ya sabe su destino, no tiene otro futuro que no sea estar pegado a su peñasco. El Real Zaragoza desconoce el futuro, solo es consciente de su espinoso presente. Con total seguridad, él seguirá cargando con su penitencia mientras el Real Zaragoza volverá a disfrutar de tardes de gloria en Primera. Mientras tanto, hay que cargar y empujar esa maldita carga que inmerecidamente lastramos todos los zaragocistas por la liga de plata. Un territorio al que, el Real Zaragoza, jamás se debe acostumbrar, pero al que debe adaptarse si quiere escapar.

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