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El Real Madrid ni olvida ni perdona al Borussia

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Alejandro CENTELLAS – De lo que pasó en Alemania la temporada pasada no queda más que los ingratos recuerdos. El Real Madrid es más equipo que el de ayer y el Borussia es una sombra de lo que fue. Del conjunto bávaro queda la institución, algún jugador que resiste al naufragio y una nostálgica imagen de un equipo con una vida pasada exitosa. Quedó patente cuando nada más comenzar el partido el Borussia gastó una de las pocas balas de las que disponía antes de sacar el escudo. A partir de ahí comenzó el monólogo del Real Madrid. El control del balón corrió a cargo exclusivamente del equipo blanco, que se hizo con los mandos consciente de que la calma era el único camino para sosegar a los veloces jugadores de Dortmund.

Pronto comenzó el calvario del Borussia cuando Bale marcó el gol con un control y una útil puntera y confirmó la paradoja. El galés se mueve con aire despistado la mayor parte de los minutos. Representa el papel de inadaptado con la misma precisión con la que aumenta su cuenta goleadora. El juego en equipo no es su fuerte, le cuesta entrar a formar parte del rol combinativo, pero cuando se presentan las estadísticas goleadoras resulta incontestable discutir la aportación directa del futbolista de Cardiff. El prematuro gol no fue más que el preludio de un aluvión de superioridad local, sostenida bajo la sensación de que el Madrid disfrutaba de la plena propiedad del balón. El Borussia intentaba, de vez en cuando, recordarnos que aún le queda imagen para deambular por alfombras europeas, pero la timidez fue la antesala de la ineficacia ofensiva. Cuesta creer que haya jugadores como Reus o Lewandonski (en la noche de hoy ausente) que continúen creyendo en un proyecto que se desmorona. Tan solo las enajenaciones transitorias de su entrenador mantienen vivo un equipo que se abandona con el paso del tiempo.

Enmarcados en un incuestionable caudillaje del partido por parte del Madrid, llegó la rúbrica de Isco. Sus asesores deberían plantearle la posibilidad de patentar ese golpeo tan característico del malagueño. Su disparo no fue un imperativo sino una cortés invitación al gol. Isco tiene tanta habilidad para encontrar espacios que llega a  cuestionar a los principios de la  física. De una maraña de piernas amenazantes se coló un balón inocente,  que se fue metiendo en la portería casi con una disculpa a Weidenfeller. Fue la consecuencia lógica de un partido planteado con mucho criterio por el conjunto de Ancelotti. Decidió desde el inicio no dar opción a Reus, Mkhitarian, Aubameyang y compañía de tener campo por delante. Xabi Alonso y Modric se multiplicaron para frenar al Borussia prácticamente en su propio campo. Y en esa tesitura encontró el Madrid la autoridad. No sufría en defensa, el marcador sonreía y el balón era un juguete entre los pies. Tan solo cedió el protagonismo al rival durante algunos minutos de la segunda parte, cuando Reus quiso dejar claro que ya no es una potencial estrella y sí un futuro integrante de un equipo a su medida. Fue el alma y el timón de un conjunto que no le acompaña, por lo que hacerse notar en una guerra particular es un punto más a su favor.


Cristiano Ronaldo celebra con sus compañeros el 3-0 ante el BVB | Getty

Con el tercer gol del Real Madrid, ya en la segunda parte, la tranquilidad llegó al Bernabéu. Una tranquilidad relativa, confiando en que en Alemania el Madrid no se líe más de lo necesario y justificable. Cristiano Ronaldo se encargó de trazar el camino hacia semifinales con una definición fugaz precedida por una infantil perdida de balón del Borussia. Weidenfeller no pudo evitar el gol del portugués, que estrenó la noche cumpliendo centenario en Liga de Campeones y marcó un gol de récord. Después se fue lesionado, o al menos con la preocupación de tener un problema físico patente, pero consciente de que llegan partidos importantes y forzar la maquinaria ahora es una imprudencia.

Después de todo, el Borussia llegó a controlar el partido por fases. Cuando el marcador reflejó la resolución casi segura de la eliminatoria, el equipo de Klopp consiguió reforzar su imagen deteriorada inquietando la portería de Iker Casillas. Pero casi como una constante fue el choque de los delanteros de Dortmund con un Pepe triplicado en colocación, fuerza y velocidad. Salió coreado del Bernabéu por una actuación excelente, mayúscula. Y es que el Madrid necesitaba una noche como esta, en la que la sinfonía retocada de Händel retumbara en la megafonía del Bernabéu para despejar los fantasmas de unas semanas demasiado moviditas. No está nada decidido, porque incluso las cenicientas esconden armas bajo el vestido, pero el Madrid ya piensa de manera inconsciente en un horizonte lúcido en la mayor competición europea de clubes.

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