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El Real Madrid gana a un Córdoba de aplausos

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Alejandro CENTELLAS La valentía ajena en el Bernabéu, siempre es valentía doble. Si quien la practica es un recién ascendido y con un Real Madrid necesitado de experiencias positivas, la valentía es admirable.  A Chapi Ferrer solo le chafaron el plan dos cosas: el primer gol de Benzema y la imposibilidad normativa de alinear más delanteros. Porque contra todo pronóstico, el Córdoba le miró a los ojos al Real Madrid. Quien esperase una goleada abultada del equipo blanco, se equivocaba. Intuyo que fuimos muchos.

Antes de nada, toca contextualizar. El Madrid se llevó un varapalo en la Supercopa de España. Y no solo eso: se dejaron ver problemas de coordinación colectiva que afectan al interior del conjunto. Mirando en perspectiva, el Madrid necesitaba desquitarse con un saco de goles. El escenario y la situación invitaban a ello. Lo que se encontró, por el contrario, fue un Córdoba atrevido, disciplinado en defensa y con ideas en ataque. Havenaar incomodó más a la defensa que lo que su espigado cuerpo dejaba intuir. Solo Kroos, que conoce el césped del Bernabéu más que el propio jardinero, daba criterio al juego. Porque James, compañero de Kroos en el centro, no tiene la naturaleza del alemán. El colombiano vive  más a gusto rodeado de hombres cerca del área que la tranquilidad de la construcción del juego. La tensión le tranquiliza y la calma le inquieta.

El gol de Benzema, a saque magistral de Kroos, volvió a dejar una falsa sensación. No hubo chorreo de goles, ni ansias de hacer daño al recién nacido en Primera. Lo que hubo fue una serie de jugadas aisladas, en las que James, esta vez sí cerca de su hábitat, puso la visión y la calidad. Poco o nada más. Si al Córdoba le dijeron lo difícil que era jugar en el Bernabéu, esta no fue la confirmación. El final de la primera parte nos dejó la certeza: a Casillas le hacen  falta más cosas a parte de minutos. Quizás, velocidad. Reflejos. Ángel.

No hay segundas oportunidades para causar una buena impresión. Al Madrid, sobre todo en la segunda parte, imploró una nueva oportunidad. El Córdoba, pese al resultado, se fue armando de sensación y dejó, en su conjunto, una impresión excepcional. Sin ataduras, con poco que perder y mucho que ganar. Después del descanso el equipo andaluz continuó con su batalla personal. Con la salida de Fede Cartabia, futbolista distinto, rápido y fresco de imaginación, el Córdoba consiguió no solo alzar la barbilla, sino disputarle la posesión al Real Madrid. James dejó su sitio a Isco, que cada vez agradece más a Ancelotti el empecinamiento por ubicar al colombiano en una posición no habitual, y el Madrid comenzó su mejoría. Carvajal que también entró, aportó profundidad al Real Madrid. De nuevo, sensaciones relativas. Si el Real Madrid no aprendió nada de la permisividad defensiva del curso pasado, caerá en la misma espiral negativa. De momento, hay indicios.

Cristiano, de potente disparo, marcó casi al final del partido, lo que confirma su estrella. Desapercibido durante el partido, pero con un gol en su casillero. Uno por debajo de Messi, aunque a estas alturas los números son lo que son: números sin interpretaciones. Lo que sí cabe a la interpretación es el futuro. Si el Real Madrid no toca piezas y continúa en depresión por la marcha de Di María, la tormenta se empezará a escuchar. Y el Córdoba, que se va con dos goles, sale beneficiado. Nunca es fácil demostrar valentía en el Bernabéu. Valentía que, a excepción de los habitantes de otras ligas, le servirá para tener más de una alegría en su vuelta, 42 años después, a la máxima categoría del fútbol español.

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