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El próximo viaje de Álvaro Morata

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Aunque se iniciara formándose en otros clubes, podría decirse que Álvaro Morata lleva 24 años amando el escudo que luce en el pecho. Ya lo decía en Campo de Estrellas de Real Madrid TV, “Yo iba a la rotonda a esperar a los jugadores que salieran y a hacerme fotos”. Lo de Morata es más que un compromiso profesional. Un sentimiento por algo que, una vez pruebas, ya no lo podrás cambiar: tu equipo de fútbol.

Se palpa, no solo con las afirmaciones, a veces comprometidas y de obligada entonación, que se dicen al ser presentado. También se evidencia con la emoción que Álvaro mostró al volver al club de su corazón.
La misma que no se contuvo en la celebración en Cibeles. Algo que extrañó a muchos y que pudo ser instante de aquella contradicción de sentimientos que se generan en su sentir.

Dicen que las segundas oportunidades nunca fueron buenas. Sin embargo, el segundo paso de Morata por el primer equipo del Real Madrid se resume con trofeos y destacados números. Un registro que le ubica por detrás de Cristiano Ronaldo, siendo el segundo máximo goleador de la competición doméstica del conjunto blanco con 15 tantos. Si a los 25 del portugués restamos los seis de penalti, la diferencia no es tan dilatada. Además, si tenemos en cuenta los minutos jugados, se reafirma la efectividad del delantero español.
Aún así, Morata ha contado en pocas ocasiones con el cartel de titular. Inicialmente porque cuando Benzema está al nivel deseado, es un delantero excelente para la asociación y fabricación de goles. A posteriori, porque Cristiano se ha reinventado en 9, actuando en la zona más cercana al gol. También porque en las variantes de Zinedine Zidane, Isco y Asensio han brillado en un tramo de la temporada decisivo.
Ahí es donde ha radicado la diferencia frente a su máximo rival. Un engranaje que ha hecho funcionar la máquina a la perfección. Piezas de repuesto que encajan. Un plan B llevado a cabo por el famoso fondo de armario que, en el conjunto blanco, se compone de vestimenta para cumplir con cualquier código.

El valor de los goles de Morata se transforma en puntos, esa suma decisiva que inclina el trofeo hacia un ganador. A pesar de sus méritos y de las estadísticas que definen su eficacia, encontrar un hueco en un trono de asientos reservados es tarea complicada. Sobretodo cuando además de la clase de los jugadores, el marketing también juega un papel relevante. Más que esa amistad entre franceses o la cabezonería de hacerle un lugar fijo a Bale, puede ser cuestión de estrategia. Piezas fundamentales de tu imagen que deben tener presencia en el verde. Y ya bastante, que con Zidane, puede haberse iniciado una dulce transición. Cuando le hace entender a Ronaldo que debe dosificarse para llegar a tope en el tramo final de temporada, sin que esto suponga un drama. Para alargar su vida profesional, y a la misma vez, resaltar su gran potencial.

Morata, ese jugador ambicioso y con hambre por crecer, no tiene suficiente. Sus minutos no son los deseados. Son escasos y parecen deslizarse lentamente en un reloj de arena.
Nace ese cruce de sensaciones que se tambalean entre razón y corazón. Porque uno quiere vestir lo que siente al desplegar sus capacidades en el terreno de juego, pero también sueña con ser mejor día a día.
Rusia se asoma y Morata quiere estar allí y ser importante. Quiere ser parte de la regresión del tiempo, para que ‘La Roja’ vuelva a mostrar su esencia en su cita más importante. Necesita mostrarse en el escaparate y estar al máximo nivel para ser imprescindible en la delantera de la Absoluta.

Su madre decía que quería salir en los cromos. Y hoy es uno de esos que muchos quieren en su álbum. De los que no se cambian a no ser que se tenga repetido, porque tiene que estar en la colección sí o sí. Y si lo tienes duplicado lo cambias por un par.
El Manchester United parece tenerlo claro, y más tras anunciar la no renovación de Ibrahimovic, que otorga una vacante a medida para la demarcación de Álvaro. A pesar de que el supuesto deseo de Cristiano en abandonar España da juego a poner en duda la salida de Morata, todo apunta a que abandonará la entidad madrileña para poner rumbo al vestuario que dirige José Mourinho, justamente el entrenador que le hizo debutar en partido oficial en 2010.

Como es costumbre en esta época del año, los rumores y los millones copan portadas y titulares. Y entre ellos la operación del delantero, siguiendo la línea de cifras estratosféricas que demuestran una vez más lo que maneja la industria del fútbol, que ha envenenado con locura al mercado de fichajes. Pero ese, es otro tema.

Morata subió el escalón para llegar, pero una vez aterrizas en un territorio que anhelarías llano, la montaña para mantenerse muestra sus altas cotas.
Es el precio de los grandes clubes, donde las oportunidades requieren un excesivo esfuerzo que, en ocasiones, no puede ser compensado.

Tras dar un sí quiero al amor de su vida parece que va a despedirse de su otro querer. El verano será quien escriba el final de este segundo capítulo en la historia de Álvaro y el Real Madrid. Y a esperas de su desenlace, a Morata hay que desearle un buen viaje allí donde quiera partir. Su ambición no pertenece a la desfachatez. Sus ganas por progresar y su propia exigencia le piden más en algún lugar dónde no sea menos.
Morata le dio al Madrid una segunda oportunidad retirando las franjas negras que vestían su camiseta. Confió, se llenó de fe y deseo. Sin embargo, tras un anhelado doblete, parece que ya no volverá a esperarle. Se agotó con su propia perseverancia, y desgastó su ilusión. Entre razonar y sentir, se define el rumbo de Álvaro Morata, aquel niño que fantaseaba con un destino de goles valiosos y soñaba con ver su rostro en un cromo de papel.

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