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El Poppy Day y el recordar a los caídos

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El Reino Unido es un lugar donde la gente es muy respetuosa y, por ello cada 11 de noviembre, vemos lo mismo, el Poppy Day. Los aficionados, que tomen nota en España, previamente a que empiece el partido, callan con total respeto por los soldados que perdieron la vida en la guerra. 40.000 personas enmudecidas. Y las clásicas amapolas, como no, en las zamarras de los futbolistas. Excepto algunas excepciones.

Hay que empezar por el principio. La Premier es una liga muy cosmopolita. Entre esas diferentes nacionalidades, como es normal, habitan deportistas irlandeses y norirlandeses. Dos Irlandas. Pero su cercanía y sus diferencias provocan que no siempre se hayan llevado bien. Ambos territorios se atacaron hace unas décadas. Los troubles, una guerra de baja intensidad, se agravaron en 1994 cuando un grupo de amigos de Irlanda del Norte se reunieron para ver a la República de Irlanda, la selección del sur. Al estar adscritos a la comunidad católica y ser nacionalistas querían una Irlanda unida, fuera del Reino Unido. Aquella famosa noche, acabaría tiñéndose de sangre. La República venció a Italia pero unos paramilitares de Irlanda del Norte mataron a aquellos chicos, es decir, asesinaron a hermanos suyos, gente de su mismo país. Una locura. Esto provocó que el otro bando reaccionara y que hubiera una refriega importante entre ambos.

 

El conflicto iba más allá de la política. También estaba la religión. Los unionistas de Irlanda del Norte son protestantes y los del sur -católicos- quieren la independencia del Reino Unido. Por ello, el flujo entre ambas selecciones va más allá del fútbol. Muchos han sido amenazados. Otros, ante la posibilidad de cambiarse de país no se lo han pensado. James McClean es uno de ellos. El extremo, que había nacido en Derry, una de las localidades más nacionalistas de todas no vio lícito jugar en una selección que era demasiado británica. De hecho, el himno nacional del White Army es el “God Save the Queen”, el cántico inglés.

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Por otro lado, McClean en la época en la que cada jugador de la Premier League lleva la amapola clásica de recuerdo a la armada él no la lleva. Esto sucede porque el ejército británico decidió intervenir en los Troubles el 30 de enero de 1972. Ante una movilización pacífica de un grupo de Irlandeses del Norte en contra de estar en el Reino Unido, un grupo de paracaidistas de la armada asesinaron a 14 personas. McClean, al no verse representado por el Reino Unido, decide no llevar en su camiseta nada. Y no es el único.

Dan Mullan/Getty Images

Dan Mullan/Getty Images

Ambas regiones, afortunadamente, conviven con relativa tranquilidad con el paso del tiempo. En términos balompédicos sigue habiendo discusiones por los constantes cambios entre una selección y otra. Cuando hay un chico joven que destaca en las categorías inferiores, en el otro bando, se empieza a buscar si ese chaval tiene algún antepasado que pueda hacerle cambiar de opinión. Y, mientras, cuando las amapolas se tiñen en las camisetas de la mayoría de futbolistas, algunos se sienten ofendidos. Puede que la guerra haya acabado pero, el recuerdo, sigue muy vivo.

 

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