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El poema nº20 de Gonzalo Higuaín

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“La noche esta estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear mis árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y estos sean los últimos versos que yo le escribo” Gonzalo Higuaín a la gloria. 

 

Llegó a casa y cogió la pluma. Necesitaba soltarlo todo. “Escribo porque me permite abrir una puerta o cerrarla para siempreEscribo porque es más barato que ir al psiquiatra. Escribo para perder los escrúpulos y gritar cosas que yo nunca gritaría. Escribo porque cuando escribo miento y cuando miento, digo la verdad. Escribo porque escribir es una forma de nostalgia”  Tras iniciar con los motivos de sus escritos, prosiguió con este. Ese domingo, el silencio imperó en Nápoles. La noche cerraba estrellada bañada de lágrimas. A lo lejos sonaban violines. A lo lejos. Como para sentirla más cercana, Gonzalo miró repetidamente la acción del penalti en infinidad de veces, cerrando el puño, haciendo fuerza como insistiendo para que de una vez por todas, el balón buscase portería. Nunca lo hizo. Trata de olvidarlo, ahora ya está en Argentina, concentrado para la Copa América. Pese a ello su pensamiento le debilita, supone que será de otro, la fortuna y la gloria serán de otros. Vuelven las pesadillas, las etiquetas, el miedo, la presión. Como dicen allí, la portería se hace chiquita y el arquero se hace enorme. No es la primera y casi seguro que tampoco sea la última, pero como hasta ahora, Gonzalo no se rinde, nunca lo hizo. Cierra el sobre, piensa que este será el último dolor que la gloria le cause. Todo un guerrero.

Gonzalo

Ni Pablo, ni Alex, Gonzalo. Ni Neruda, ni Ubago, Higuaín. Es el poema de Gonzalo, veinte poemas de amor y una canción desesperada contiene uno en especial que lleva la firma del Pipita. Es el 20 y no es casualidad. Llegó a Madrid en el mercado invernal de 2006 bajo la sombra de Fernando Rubén Gago -aquel sucesor de Redondo- y junto a Marcelo. En su primera temporada, con el 20 a la espalda, disputó solo la segunda vuelta del campeonato, anotando dos goles importantísimos ayudando al Madrid de Capello a conseguir la Liga del clavo ardiendo. El primero lo hizo en el Calderón, todo debutante sueña con ello, o bien hacerlo en tu casa o por el contrario hacerlo el algún sitio grande, en un momento grande. Así fue, Higuaín conseguía firmar las tablas en el Calderón, el Madrid mientras tanto por aquel entonces seguía buscando rival digno para derby decente. El Pipita salvaba al Madrid y mantenía la racha de imbatibilidad ante el enemigo de la ciudad. El segundo tanto, nadie lo olvida. Aquella remontada frente al Espanyol de Pandiani que tras ir perdiendo por 1-3 el equipo blanco consiguió darle la vuelta en el último suspiro. Ruud Van Nistelrooy alzaba su camiseta en forma de bautizo. El gladiador se había ganado al coliseo blanco en apenas unas jornadas. En el último suspiro, para seguir luchando, Higuaín veía puerta en el Santiago Bernabéu en uno de los momentos claves de la temporada. En la última jornada, debían ganar. Tras adelantarse el Mallorca gracias a Varela, Higuaín ingresó al campo por problemas musculares de Van Nistelrooy y asistió a Reyes para la igualada, lo que acabaría siendo un campeonato sufrido pero finalmente conquistado. Higuaín fue partícipe de ello.

 

Desde su llegada hasta su marcha, la mejoría fue notoría. Al año siguiente de la conquista de la Liga del clavo ardiendo, gustó la idea de sufrir para sentirse vivo y en una recta final apasionante con registros de killer anotando en Santander y en casa ante el Bilbao, fue a Pamplona a erigirse como héroe. Marcó y asistió cuando al Madrid ya le daban por muerto y volvió a conquista la Liga, esta última con mucho más peso, empezando a aumentar sus registros en su cuenta anotadora. En la temporada 08/09, una larga lesión de Ruud Van Nistelrooy le permitió hacerse con un hueco en el once titular, acción que se vio transformando en un buen saco de goles. Veintidós, la cifra más grande hasta la fecha, siendo el pichichi del equipo en esa temporada. En la 09/10, aún mejora y todo. Alcanza los 27 goles ligueros que pese a no ser útiles para las conquistas del equipo, muestran una mejoría en el olfato del argentino. En el cursos siguiente, una lesión de hernia de disco le mantiene alejado durante diversas jornadas de los terrenos de juego lo que le conllevaría a perderse muchos partidos y a tener un peso mucho menor dentro de la plantilla. En su vuelta a punto en la 11/12, segundo año de la etapa de Mourinho, el Madrid conquista la Liga de los 100 puntos con la ayuda de los 22 tantos del Pipa, completando un tridente de lujo junto a Cristiano Ronaldo y Karim Benzema, tridente más anotador de la historia del fútbol español superado recientemente por la MSN. En su última temporada al servicio del club blanco, adoptando un papel secundario debido a la plena confianza de Benzema, sus números no son los mejores. Al término de la temporada tras expresa su malestar, hace las maletas rumbo a Nápoles en busca de nuevos retos. Equipo que se aferraba al olfato de Gonzalo tras la marcha de su máximo anotador, Edinson Cavani.

En Nápoles durante su primera temporada hizo olvidar a Cavani, consiguió conquistar la Coppa y anotar 24 goles durante la campaña. Siendo el máximo anotador de la plantilla y uno de los principales artífices del lugar del Napoli en la clasificación permitiéndole disputar la ronda previa de la Liga de Campeones. En su segunda temporada, iguala su mejor registro anotador con 29 goles igualando los conseguidos durante la temporada 09/10 al servicio del club blanco. En diciembre, conquista la Supercopa italiana, sufriendo para sentirse vivo, igualó la contienda en el 87′ teniendo que repetir la gesta en la prórroga. Finalmente, el equipo se llevaría el título en una trepidante tanda de penalties. En lo que respecta al campeonato liguero, fracasan estrepitosamente terminando en quinta posición tras fallar en su última oportunidad por alcanza un billete a la Liga de Campeones.

 

Desde su llegada a Europa, Higuaín ha conocido el éxito, también ha sido héroe pero no en el amplio sentido de la palabra. Pintaba bonito, tras sus dos primeros años. Primero, marcando en el descuento ante al Espanyol para seguir con vida y al año siguiente ganando la Liga en Pamplona con su firma. A base de goles y confianza se fue haciendo un hueco en una tan complicada plantilla como es la madridista. En su tercera temporada, en la 09/10 comenzó a buscarla. El Madrid la buscaba hace años sin encontrarla y con Higuaín como punta trató de conseguirla. Tras el 1-0 de Gerland, el Madrid buscaba la machada en el Bernabéu en el intento de la remontada. Con 1-0 en el marcador, el Madrid buscaba ampliar la ventaja. En el intento Granero filtraba al espacio y Higuaín ganaba en velocidad. Superó a Lloris en su salida con un ligero toque. Sólo ante el peligro, mientras Boumsong se deslizaba en el intento de evitarlo, Higuaín quiso agarrar a la gloria y cuándo casi la tenía, acabó estampándose contra el palo. Fue el primer golpe duro para el argentino. Fue la primera noche que cogió la pluma y escribió en forma de nostalgia, en la tentativa de cerrar una puerta descargando toda su rabia, abrió una puerta al vacío. En su última temporada en el Real Madrid, tras un partido de ida horrendo habiendo encajado 4-1 con póker de Lewandowski, el Madrid se aferraba una vez más al calor de su público en una noche europea para conseguir el pase. Salida en tromba y con un Borussia dormido durante los primeros quince minutos, el Madrid dispuso de múltiples ocasiones para abrir la lata, la primera en las botas de Higuaín. Casi en el mismo lugar del crimen, esta vez se topó con el cuerpo de Weindenfeller. El Madrid ganó 2-0, anotando los dos goles en los últimos diez minutos, faltó tiempo y acabó muriendo en la orilla. Faltó un gol y ya saben quién pudo hacerlo…

 

Gonzalo Higuaín permaneció al servicio del conjunto de Concha Espina un total de seis años donde disputó un total de 51 partidos en la máxima competición europea. De sus 51 participaciones totales, hasta en 27 ocasiones disputó partidos de la fase de grupos, anotando únicamente siete goles. Datos que dejan mucho que desear para un delantero del Real Madrid. Pero no solo eso, en la fase del KO, donde los pequeños detalles marcan la diferencia y la igualdad alcanza su máximo, el jugador argentino disputó 24 partidos anotando solamente un gol frente al Galatasaray. En cuánto a la Champions se refiere, en la ciudad de Nápoles, sin tanta presión exigida, el Pipita mejoró sus registros anotadores pese a no superar la fase de grupos. En su primer año, anotó cuatro goles en la fase de grupos y alcanzó los doce puntos con el equipo quedando sorprendentemente eliminado en un grupo de la muerte formado por: Arsenal, Borussia, Marsella y Napoli.

En tu país y en el mío, todo argentino sueña con ganar el Mundial. Más si es en Brasil como lo era el pasado Mundial de 2014. Una Brasil que tras caer goleada y vapuleada por 7-1 frente a los alemanes, se aferraban a los astros para que fueran los alemanes y no los argentinos quienes levantarán la Copa del mundo al cielo de Rio de Janeiro. En efecto, fueron los alemanes y una vez más, en una gran cita, fue Higuaín quién pudo cambiar el destino. Primero con un gol anulando en fuera de juego, nadie lo cantó más que el propio Gonzalo, se señalaba el pecho, le salía de dentro. Parecía que nunca más volvería a escribir pero el linier levantó el banderín y todo quedó en una curiosidad. Minutos más tardes, tras una acción fruto del azar, el delantero argentino quedó completamente solo ante Neuer. Fue aquí, una vez más, donde el arquero se hizo gigante y el arco se hizo chiquito y entretanto Higuaín no supo dirigir el esférico.

 

En Napoli, aparte de la no clasificación a octavos de final de la Champions en su primer año. En su segundo año, Higuaín no consiguió ver puerta en el campeonato liguero hasta llegados a la jornada nueve en Bergamo frente al Atalanta. Le costó y pese a ello, igualó su mejor registro anotador como futbolista. Pese a ello, en la memoria del aficionado napolitano quedará la eliminatoria del Dnipro y el partido del pasado domingo frente a la Lazio. Ante el Dnipro, hubo un muro llamado Boyko. Higuaín estaba a un paso de igualar a Maradona, de igualar a la historia. Veintiséis años hacía que el Napoli no merodeaba por estas fechas en Europa. Higuaín iba ganándole terreno a la gloria y cuándo decidió atestar el golpe definitivo, agarrarse para no soltarse, dio un paso en falso y cayó en el vacío. El Napoli se quedó a las puertas, un gol les separó de haber forzado la prórroga en el partido de vuelta en Kiev, probablemente no hubiera hecho falta la prórroga si Gonzalo hubiera aprovechado todas las oportunidades desperdiciadas tanto en la ida como en el partido de vuelta. Ante la Lazio, fue más cruel. Era el último partido de Benítez al mando del Napoli y solo les valía ganar para obtener el billete que daba acceso a la previa de la Champions. Tras irse al descanso con 0-2 por debajo en el marcador, el equipo no decidió bajar los brazos y confió en la proeza. Del 55′ al 64′ lo igualaron. por partida doble el gol tenía un nombre, Higuaín. San Paolo era un estruendo, una jaula que enloquecía bajo el jolgorio. Era lo más parecido a un coliseo coreando el nombre de Higuaín al unísono como del gladiador vencedor. A un cuarto de hora para el final del encuentro, Higuaín se encontró con una oportunidad inmejorable para firmar un ‘hat-trick’ y culminar la remontada: calcio de rigore. La gloria estaba ubicada a once metros. Tras haber conseguido lo más difícil, de ingresar el balón en la portería Higuaín anotaría su particular hat trick, remontaba el partido y conseguía el billete para la Champions. Era bonito el escenario y el momento pero no fue así. Higuaín lo erró. De la misma manera que durante la temporada. Cuatro penalties fallados de los siete intentados, Atalanta, Chievo, Milan y Lazio. Todos menos Milan, hubieran dado puntos necesarios para lograr el billete pero los erró. Acabó la temporada como la comenzó, le costó perforar la red y cuando lo consiguió como aquella noche en Bergamo y con la oportunidad del penalti para conseguir la victoria, falló ambos. Una vez más, la gloria se le escapó de las manos y tras esto Higuaín decidió escribir una última vez.

 

Convencido de que esta sea la última vez que descargue su rabia sobre la hoja y no sobre la red, Higuaín escribió una última vez sobre el papel, el pasado domingo. No hay más miedo que el que recae sobre su propia figura. Higuaín volverá al campo de batalla, con o sin miedo quién sabe, lo único que sabemos es que jamás se ha rendido y nunca lo va a hacer. En un constante querer y no poder, la gloria ha terminado esfumándose en muchas ocasiones. Quien sabe lo que el futuro le aguarda. Mientras tanto, Higuaín recita: Es tan corto el amor y tan largo el olvido

 

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