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El poder del deporte: Víctor, ¡qué grande eres!

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Era el partido de nuestras vidas. El recreo estaba a punto de acabar y aún no había un claro ganador. Entonces le vi llegar por la derecha. Lo siguiente que recuerdo es a mucha gente a mi alrededor preguntándome si me encontraba bien. Estaba en el suelo con un chichón en la cabeza y sin gafas. Mis pobres gafas estaban rotas por la mitad. Para una niña de siete años con seis dioptrías en cada ojo la ruptura de esas gafas era, cuando menos, un drama. Pero ahí estaba él, pidiéndome perdón una y otra vez y dándome besos. Este es el primer recuerdo que tengo de Víctor. Después, tras pensar un poco, se me vienen a la mente muchos más.

El último ha venido al ojear el periódico de mi ciudad. Cuál ha sido mi sorpresa cuando veo que aquel niño tan especial es ahora campeón del mundo en kata de Karate Adaptado. Víctor Manuel Prieto Arévalo tiene Síndrome de Down. Desde niño siempre ha estado vinculado al mundo del Karate, lo que más le gustaba hacer y su ilusión de cada tarde tras acabar el colegio. Era el ojito derecho de Marcelino, su entrenador durante todos estos años. Como compañera suya, puedo afirmar que era uno de los niños más cariñosos que recuerdo. Siempre estaba dispuesto a darte besos y siempre, con una sonrisa de oreja a oreja.

El destino hizo que dejara de saber de él nada más terminar el colegio. Han pasado muchos años y se ha hecho más ‘viejete’, pero al ver sus fotos como campeón, he vuelto a recordar a aquel niño sentado en la primera fila de clase.

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Víctor ha ganado numerosos trofeos en Karate, no sólo en Madrid, sino también en toda España. Forma parte de la selección nacional de este deporte y -por si alguno se lo está preguntando- sí, es un crack en la modalidad de Karate Adaptado. El pasado noviembre compitió en Bremen (Alemania) junto al equipo español. Logró la medalla de bronce en kata para discapacitados. Se subió al podio como los demás, posó con su merecida medalla y volvió a su casa como un héroe.

No puedo explicar con claridad lo que he sentido al ver sus fotos de campeón y no puedo, tampoco, sentir más orgullo que el que siento escribiendo estas líneas. Víctor es un ejemplo, no sólo para todas las personas que día a día deben superarse a sí mismas, sino también para todos los que, desde fuera, únicamente podemos observarle con admiración. Eres grande, compañero.

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